Guerra de Ucrania – Día 797

La guerra de Ucrania continúa su curso, incluyendo el empleo de misiles balísticos armados con municiones de clúster contra la ciudad de Odesa o el uso de sistemas de guerra electrónica para degradar la señal de GPS necesaria para guiar el armamento inteligente suministrado por Occidente a Kiev, lo que ha provocado cancelaciones de vuelos en varios países del Báltico. Las Fuerzas Armadas ucranianas, por su parte, han vuelto a atacar una refinería rusa en Riazán, en una jornada en la que se ha anunciado que Ucrania destinará 367 millones de euros adicionales a la compra de drones y en la que Trump ha vuelto a acusar a los europeos de no invertir tanto como los Estados Unidos en la defensa de su aliado, obviando una vez más la realidad de los datos.

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En esta ocasión, las imágenes no dejan lugar a la duda: Rusia ha empleado al menos un misil equipado con municiones de racimo contra objetivos civiles en la ciudad portuaria de Odesa. Siempre polémicas, se distinguen de otros tipos de armas por la forma en que funcionan pues las municiones de cluster, en lugar de provocar una sola gran explosión, se abren en el aire para liberar múltiples submuniciones o «bombetas»; pequeñas armas explosivas que se dispersan sobre un área amplia, multiplicando el daño y repartiendo de forma homogénea su contenido, lo que permite maximizar la mortandad entre el enemigo, especialmente cuando se emplean contra objetivos «blandos» o sin proteger.

Respecto a estas armas, en alguna ocasión en estos casi 800 informes hemos explicado que conviene abstraerse de las imágenes más recientes o los efectos más terribles –pues en demasiadas ocasiones son empleadas contra civiles– a la hora de analizar su función. Al fin y al cabo, un arma que a priori puede parecer terrible, en función del uso que se le otorgue puede también contribuir a limitar el número total de muertes de una guerra si con ella se hace posible salir de una situación de estancamiento poniendo así fin antes a un conflicto, por ejemplo. El arquetipo de todo esto son las dos armas nucleares empleadas en agosto de 1945 contra Hiroshima y Nagasaki, acelerando el final de la Segunda Guerra Mundial y, seguramente, salvando cientos de miles o millones de vidas en comparación con lo que habría supuesto un asalto a las cuatro islas principales del archipiélago japonés.

En términos de funcionamiento, una bomba de racimo generalmente consta de una carcasa exterior y un número variable de submuniciones en su interior, que puede llegar a ser de varios cientos. Cuando la bomba de racimo se suelta desde un avión, un misil o algún otro tipo de plataforma de lanzamiento, el citado contenedor o carcasa se abre en el aire, dispersando las submuniciones, generalmente diseñadas para explotar al impacto, causando daños en una amplia gama de objetivos, ya sean vehículos blindados, tropas enemigas o infraestructura. Claro está, cuando se emplean contra ciudades como en el caso de Odesa, lo que tenemos es un buen número de muertos y heridos, o de edificios afectados, ya que cubren un área mucho más amplia que las armas de cabeza unitaria.

Las ventajas de esto, centrándonos en el apartado puramente militar, son obvias, pues son extremadamente eficaces a la hora de batir áreas extensas, atacar a tropas que se mueven dispersas o bien que están protegidas en construcciones como trincheras o pozos de tirador pensadas para minimizar el efecto de la artillería y las bombas de aviación. De hecho, a lo largo de esta guerra hemos visto en numerosas ocasiones cómo unos y otros atacaban con este tipo de ingenios las posiciones defensivas enemigas o bien a las tropas en su avance.

Claro está, las bombas de racimo presentan varias problemáticas de todos conocidas. La primera de ellas, más allá de sus efectos inmediatos cuando se emplean sobre la población civil, es que no todas las submuniciones explotan al impactar contra el suelo, pues hay un porcentaje de error motivado por distintas causas. El resultado, en cualquier caso, es siempre el mismo, quedando diseminadas un cierto número de «municiones sin explotar» o «UXO» (del inglés UneXploded Ordnance) que pueden detonar más tarde, causando bajas mucho después de que la batalla haya terminado.

Como puede suponerse, estos UXOs, máxime cuando hablamos de entornos urbanos, constituyen una grave amenaza para los civiles. También, obviamente, para quienes se encargan de su desactivación. Incluso, llegado el caso, para las propias fuerzas que las emplearon una vez proceden al avance. De ahí que se hayan diseñado modelos que pasado un tiempo prudencial, explotan, desapareciendo así la mayor parte de la amenaza (y asumiendo nuevamente que siempre hay un porcentaje que por fallos, no llega a detonar).

Dicho lo cual, son muchos los que consideran que estas armas son inhumanas y que violan el principio del derecho internacional humanitario de distinción, el cual exige a las partes en un conflicto que distingan entre combatientes y civiles y que, en consecuencia, limiten el daño a estos últimos, así como a la infraestructura civil tanto como sea posible. En este sentido, la falta de precisión y la persistencia de la amenaza son argumentos utilizados por los detractores, no sin razón.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que desde 2008 más de un centenar de países han firmado y ratificado la Convención sobre Municiones en Racimo, que prohíbe el uso, producción, almacenamiento y transferencia de estas armas. Eso sí, tampoco debemos olvidar que algunos de los mayores fabricantes y usuarios de bombas de racimo, como los Estados Unidos, Rusia y China, no han firmado dicha Convención y no solo mantienen abiertas líneas de fabricación, sino que poseen amplios stocks, lo que ha permitido que ambos bandos los empleen en este conflicto tanto en el frente como contra la retaguardia enemiga.

Continuando con la actualidad de la guerra de Ucrania, si bien en las últimas horas no se han producido nuevos ataques en oleada con drones y misiles rusos contra este país -aunque se han reportado explosiones en Zaporiyia, Kramatorsk o Pokrovsk-, sí ha sido noticia otra consecuencia de la guerra para los civiles: la cancelación de vuelos por parte de la compañía Finnair debido a los problemas con el servicio de GPS en la región báltica.

Según parece, desde Rusia los sistemas de guerra electrónica que forman parte de su burbuja A2/AD estarían provocando interferencias en la señal, algo que no es en absoluto nuevo y que, de forma periódica, viene afectando desde hace años por ejemplo a los buques civiles. Lo que no está claro es si Rusia está llevando a cabo estas acciones por temor a la llegada de drones ucranianos -de hecho estarían empleando con éxito sus sistemas de guerra electrónica por ejemplo contra las municiones guiadas proporcionadas con Occidente en el campo de batalla ucraniano- o si es más bien una más de las acciones en la Zona Gris dirigidas contra los países nórdicos y las repúblicas bálticas.

Dicho esto, y pasando precisamente a Rusia, este país ha denunciado el uso de sistemas no tripulados por parte de Ucrania contra la región de Bélgorod, así como también contra la de Kursk. De lo que no han hablado por el momento es del ataque llevado a cabo hace escasas horas contra una refinería de la compañía Rosnef -ver vídeo sobre estas líneas- en Riazán, que ha provocado varias explosiones y, como consecuencia, incendios. Además, se ha especulado con un ataque ucraniano con ATACMS sobre Crimea del que, por el momento, no hay más información.

En cuanto a la situación en el frente, comenzando por el norte, se sigue combatiendo en la localidad de Kyslivka, en el sector de Kupiansk. Además, en las últimas horas nos encontramos con un contraataque ucraniano más en el sector de Kreminna, que ha permitido aumentar nuevamente la zona de seguridad en torno a las localidades de Terny y Yampolivka, sumándose así al de hace unos días.

Más al sur, en el sector de Bakhmut, las unidades rusas han conseguido llegar finalmente al canal de agua dulce al menos en un punto al oeste de Ivanisvke, atravesándolo, aunque no acceder al «microdistrito del canal», perteneciente a la localidad de Chasiv Yar, pero al este de esta vía de agua. Hay que tener en cuenta que, a pesar de este avance ruso, tanto cruzar el canal con tropas suficientes como atravesar el área boscosa tras este en ese punto debería ser extremadamente difícil. Más en vista de las experiencias previas. Mientras tanto, seguirán lanzando reconocimientos en fuerza como han venido haciendo con éxito hasta el momento, precedidos de intensos bombardeos.

Pasando al sector de Avdiívka, el Ejército ruso continúa sumando avances y ampliando el saliente logrado en Ocheretyne en diversas direcciones, mientras en las redes sociales se especula acerca de cuáles podrían ser sus siguientes pasos y las tropas rusas aprovechan que las defensas ucranianas en la zona no han sido tan bien diseñadas como deberían.

En cuanto al sector de Mariínka, también se han seguido registrando combates, en este caso tanto en el interior de Krasnohorivka un día más, como en dirección a Staromykhailivka. Además de esto,

Además de lo anterior, tenemos por una parte que Rusia ha continuado atacando -vimos hace unos días el efecto de las bombas planeadoras- en dirección a Vuhledar. También según algunas fuentes –otras sostienen lo contrario– se confirmaría que Krynky, al sur del Dniéper, habría vuelto a estar bajo control ruso a pesar de las recurrentes incursiones ucranianas en el área.

Por último, es obligado hacer una referencia al anuncio hecho por el primer ministro ucraniano, Denys Shmyhal, quien ha asegurado que el país destinará 15.500 millones de grivnas (367 millones de euros al cambio) adicionales a la adquisición de drones durante el presente año, todo lo cual debería servir para adquirir hasta 300.000 ingenios de distintos tipos para las AFU. Esta cantidad se sumará a la prevista inicialmente, de 43.300 millones de grivnas (1.021 millones de euros).

Situación en el este de Ucrania. Fuente – @War_mapper en X.

Contexto internacional, diplomacia y sanciones

En el apartado internacional, comenzamos hoy por los nuevos anuncios de ayuda militar a Ucrania, que han llegado por parte de Letonia y Noruega, entre otros. En el primer caso, aunque no se ha especificado el montante total, sí sabemos que la primera ministra letona, Evika Siliņa, ha anunciado el envío de distinto material, incluyendo sistemas antiaéreos, drones y otros activos «materiales y técnicos esenciales» a las Fuerzas Armadas de Ucrania. Una ayuda que ha sido rápidamente agradecida por un Zelenski que ha querido destacar el hecho de que la pequeña república báltica se haya comprometido a suministrar a Ucrania ayuda equivalente al 0,25% de su PIB anual.

En el segundo, ha sido Noruega el país que ha prometido acelerar la ayuda tanto militar como civil a Ucrania a lo largo de este año, elevándola además en 590 millones de euros frente a los 1.880 que, como parte del fondo de 6.390 millones de euros acordado hace unos meses, se iban a destinar en 2024 a atender las necesidades ucranianas. Y es que, según el jefe de gobierno noruego, Es una cuestión de vida o muerte para la población de Ucrania», pero también «una cuestión de seguridad y estabilidad en Europa y, por tanto, también para Noruega».

Por otra parte, desde los Estados Unidos habrían vuelto a pedir al resto de aliados de Ucrania que envíen sistemas antiaéreos Patriot a este país. Concretamente ha sido el secretario de Defensa, Lloyd Austin, quien en una comparecencia ante la Cámara de Representantes ha afirmado que: «Yo mismo he hablado con los líderes de varios países, aquí mismo, durante las últimas dos semanas, para animarlos a que proporcionen más materiales».

En otro orden de cosas, desde Polonia, y pasando al controvertido tema de la movilización y de los ucranianos residentes en el extranjero y en edad de combatir, han afirmado que «no protegerán a los [ucranianos] que evaden el servicio militar obligatorio», aunque tampoco tomarán por el momento ninguna medida para forzarles a regresar a Ucrania, ya que no han recibido ninguna petición formal por parte del Gobierno ucraniano en este sentido.

Curiosamente, y en relación con esto, tenemos también que Olga Stefanishyna, viceprimera ministra para la integración europea y euroatlántica, en una entrevista con el medio Deutsche Welle, aseguró que su país no planea repatriar por la fuerza a los hombres en edad militar, aunque esto podría cambiar en el futuro, obviamente y, de hecho, ya hemos visto cómo se tomaban las primeras medidas destinadas a dificultar su estancia en el extranjero.

Pasamos a Donald Trump, pues el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, en una entrevista concedida a la revista Time, ha vuelto a incidir en su idea de que los europeos deberían aumentar su apoyo a Ucrania, asegurando que él no «daría nada hasta que Europa empiece a equilibrar» el nivel de ayuda respecto al proporcionado por los Estados Unidos. Según explica: «Si Europa no va a pagar, ¿por qué deberíamos pagar nosotros? Están mucho más preocupados. Hay un océano entre [Europa y] nosotros. Nada parecido entre Ucrania y los países europeos». Obviamente, se trata de una declaración que tiene como objetivo un sector de su electorado y que vuelve a obviar completamente el hecho de que la ayuda proporcionada por los europeos es, en términos globales, mucho mayor que la estadounidense.

Siguiendo con los Estados Unidos, este país ha aprobado la prohibición de importar uranio enriquecido de Rusia, lo que plantea un problema para su industria nuclear, pero obviamente también la oportunidad de ser más autosuficientes en el futuro. De hecho, se trata de una medida que ha sido aprobada por unanimidad en el Senado estadounidense y que entrará en vigor de aquí a 90 días, pero que viene acompañada, además de por algunas exenciones, con un paquete de 2.700 millones de dólares destinado a desarrollar la industria nacional de procesamiento de uranio.

En cuanto a los contactos diplomáticos, han sido relativamente escasos en las últimas horas. El jefe de la Oficina del Presidente de Ucrania, Andriy Yermak, mantuvo una conversación telefónica con el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cardenal Matteo Zuppi, en la que hablaron tanto sobre la situación de los niños ucranianos deportados ilegalmente a Rusia, como sobre los prisioneros de guerra, entre otros temas.

En otro orden de cosas, ha sido también noticia la campaña que Putin habría ordenado llevar a cabo contra los rusos que han desertado y o bien combaten por Ucrania, o han colaborado de alguna forma con este país. Del mismo modo, lo ha sido la creciente dificultad que tiene conocer el estado de opinión de la población rusa, en tanto se ha complicado la posibilidad de llevar a cabo encuestas independientes en el país desde el inicio de la guerra.

Además, se ha sabido que Nastia Ivleeva, ex presentadora de televisión rusa que tiene casi 18 millones de suscriptores en Instagram ha borrado todas las publicaciones de su cuenta en esta red social tras ser condenada a una multa de 50.000 rublos (unos 500 euros) por una publicación de 2022 que habría “desacreditado” al ejército ruso. Nastia Ivleeva, por cierto, es una de las «celebrities» rusas que estuvo en el centro del escándalo provocado por la fiesta en la que aparecían prácticamente desnudos en diciembre de 2023. Castigo menor, por tanto, para la influencer rusa.

Por último, cerramos con los avances que en el Consejo de Europa se han logrado en relación con la creación de un tribunal especial destinado a juzgar el «Crimen de agresión contra Ucrania». Así, el Comité de Ministros del Consejo de Europa ha encargado al secretario general de este organismo que prepare los documentos que puedan conducir a la conclusión de un acuerdo con Ucrania relativo a la creación del citado tribunal, decisión que ha sido celebrada por el ministro de Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba.


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