Guerra de Ucrania – Día 773

Continúan los bombardeos rusos sobre Ucrania, entre sospechas de que la República Popular de China está suministrando información geoespacial a Rusia y desde Ucrania aseguran haber desarrollado un arma capaz de neutralizar las bombas planeadoras rusas. Todo ello en una jornada en la que Peter Pellegrini, cercano al gobierno populista de Robert Fico se ha impuesto en las elecciones presidenciales de Eslovaquia, Zelenski se ha reunido con una delegación del Congreso estadounidense y se ha conocido la fecha en la que el actual gobierno ruso dimitirá, para dar paso al nuevo gabinete nombrado por Putin una vez renueve oficialmente su mandato: el próximo 7 de mayo.

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El dominio espacial, aunque en el caso que nos ocupa Ucrania no disponga ni de satélites propios, ni de medios para lanzarlos, ha venido siendo clave desde el minuto uno de la guerra. Como sabemos, el acceso a satélites de observación -generalmente civiles-, así como a inteligencia geoespacial (GEOINT) suministrada directamente por sus aliados, o el aprovecharse de las comunicaciones resilientes o el guiado que permiten redes como Starlink y GPS y Galileo respectivamente, explica buena parte de los éxitos ucranianos y de su capacidad de resiliencia frente a Rusia.

Desde el punto de vista de la geografía, el espacio exterior y la atmósfera no tienen un límite evidente, más allá de la línea de Kármán, que la Federación Aeronáutica Internacional fija como frontera entre ambos y que se sitúa a 100 kilómetros sobre la corteza terrestre. No obstante, hay otras líneas posibles a diversas alturas entre los 80 y los 120 kilómetros.

En la actualidad hay alrededor de diez mil satélites de distintos tipos orbitando la tierra que están activos, ya que son muchos más los que se han lanzado desde que el Sputnik 1 llegara al espacio en 1957. De estos, apenas una fracción puramente militares, aunque son mucho más los que podrían tener llegado el caso, doble uso. El principal operador, a mucha distancia del segundo, es Estados Unidos, que vive un momento de ebullición sin parangón gracias al despliegue de constelaciones de nano-satélites como, precisamente, la de Starlink. Es el primero en una carrera a la que en unos años República Popular de China y la Unión Europea.

En cualquier caso, los satélites, en relación con la guerra, tienen una serie de funciones que hemos resumido en alguna ocasión en las siguientes:

  • Reconocimiento: desde la identificación de objetivos hasta la detección de los efectos de las detonaciones nucleares subterráneas. En la actualidad la resolución, en el caso de los más avanzados, es inferior a los 20 centímetros, lo que permite realizar análisis de una precisión sin precedentes, igualando a la fotografía aérea en algunos casos.
  • Navegación y posicionamiento: Desde la ubicación del objetivo hasta el guiado de las armas. A pesar de que los sistemas principales son el estadounidense GPS, el chino Beidou, el ruso Glonass y el europeo Galileo, cada vez son más los países que buscan su alternativa aún a escala regional, como Japón con QZSS e India con NaviC.
  • Inteligencia de señales (SIGINT): con el objeto de detectar las emisiones enemigas, algo muy útil por ejemplo para prevenir operaciones militares, o bien cuando estas ya están en marcha para localizar objetivos, para labores de inteligencia, etcétera.
  • Comunicaciones: Quizá el aspecto más sensible, pues como explicamos a propósito de la Network Centric Warfare y de la Guerra Electrónica en Rusia, los ejércitos modernos pierden buena parte de su operatividad si estas no son posibles o se ven degradadas.
  • Alerta temprana: Los sensores infrarrojos de los satélites pueden detectar misiles mediante el rastro de sus emisiones térmicas o “plumas”.
  • Meteorología: Aunque a algunos les sorprenderá que se incluyan los satélites meteorológicos dentro de este epígrafe, sin previsiones fiables sería inconcebible planificar algunas operaciones militares.
  • Cartografía: Caso similar al anterior, sin datos cartográficos lo suficientemente exactos, la conducción de operaciones militares se complica. Además, en algunos casos como el fondo marino, esto tiene una importancia capital por ejemplo en la guerra submarina.

De todo lo anterior, lo que más preocupa ahora a los Estados Unidos, pues se sospecha que la República Popular de China estaría suministrando datos a Rusia, es todo lo que tiene que ver con la geointeligencia (GEOINT). Los datos recolectados por esta vía permiten, si se dispone de las herramientas adecuadas, localizar lugares concretos, comparar los cambios que se han producido entre dos fechas, determinar las rutas seguidas por el enemigo, detectar determinadas posiciones (como trincheras), la localización de equipos clave o la modelización del terreno entre muchas otras cosas.

Al inicio de la guerra, como sabemos, Rusia tenía notables problemas en todos estos aspectos, aun disponiendo de una nutrida red de satélites de observación y reconocimiento. Sin embargo, muchas de las mejoras a las que hemos asistido en el último año y medio, y que incluyen desde el perfeccionamiento en el uso de misiles y drones tipo Shahed contra objetivos en Ucrania, hasta el empleo de drones tipo Lancet o más recientemente el uso masivo de bombas planeadoras solo se explican si atendemos al componente espacial, pues únicamente con drones de reconocimiento no pueden ni localizar todos los objetivos posteriormente atacados, ni tampoco hacer una correcta evaluación de daños. De ahí que preocupe tanto el papel que China pueda estar jugando en todo ello, como suministrador de datos.

Dicho lo anterior, la guerra sigue. En las últimas horas y nuevamente con el lanzamiento de drones y misiles sobre Ucrania. Así las cosas, Rusia habría lanzado según Ucrania un misil Kh-31, un misil balístico Iskander M y 17 drones tipo Shahed-131/136 (Geran-1/2), de los que habrían sido derribados todos los drones, pero ninguno de los misiles. Se habrían registrado explosiones en Zaporiyia, Odesa y Kamianske. Además, cinco personas habrían fallecido por un bombardeo ruso en Kurakhove. Del lado ruso, han vuelto a hablar del empleo de cohetes RM-70 contra la región de Bélgorod, así como de un dron.

A colación de lo anterior, hay que decir que desde Ucrania han asegurado estar desarrollando, según su presidente Zelenski, un arma específica contra las bombas planeadoras, aunque no ha explicado en qué consiste, más allá de decir que se trata de un proyecto nacional. Sí ha aclarado que por el momento el único método eficaz contra estas consiste en mejorar la defensa antiaérea para ir contra los aviones rusos encargados de su lanzamiento, a la vez que ha vuelto a pedir a sus aliados que entreguen más sistemas antiaéreos y misiles para los que están en servicio.

Por otra parte, la viceministra de Industrias Estratégicas de Ucrania, Anna Gvozdyar, ha asegurado que el país será capaz de producir 2 millones de drones de distintos tipos a lo largo del presente año. De ser cierto, algo que es dudoso pues no depende solo de la voluntad o capacidad de fabricación, sino también de tener o no acceso a todos los componentes necesarios, estaríamos hablando de más de 165.000 drones al mes y de casi 5.500 drones diarios en manos de las Fuerzas Armadas ucranianas, lo que permitiría, aunque solo en parte, seguir supliendo las carencias en cuanto a artillería. El mensaje de Gvozdyar ha sido inmediatamente replicado por medios rusos, por cierto. Por otra parte, choca con lo declarado en diciembre por Zelenski, quien hablaba de un millón de drones y no dos.

En cuanto a los combates y los movimientos, si bien las bajas siguen siendo altas como corresponde a una guerra de posiciones, los cambios de posición son muy escasos. Así, tenemos que en las últimas horas han vuelto a confirmarse ligeros avances rusos en la zona de Avdiívka, prosiguiendo sin cambios la de Bakhmut, a pesar de los recientes ataques en dirección a Chasiv Yar. De hecho, los únicos cambios durante la pasada jornada parecen haberse producido en la línea Berdychi-Semenivka-Pervomaiske, concretamente hacia la primera localidad, siendo prácticamente marginales, así como hacia Umanske.

Contexto internacional, diplomacia y sanciones

El apartado internacional, como corresponde a los fines de semana, llega parco en noticias de calado, como consecuencia de la reducción en la actualidad institucional.

Lo más relevante del día, ha sido la reunión mantenida entre el presidente ucraniano, Zelenski, y una delegación proveniente del Congreso estadounidense, compuesta por miembros tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata. Como no podía ser de otra forma, el tema estrella del orden del día ha sido el paquete de ayuda de 61.000 millones de dólares que continúa bloqueado en la Cámara Baja norteamericana y que, a pesar de que en fechas próximas debe discutirse de nuevo, tiene muy pocas posibilidades de prosperar ahora mismo. De ahí, entre otras cosas, que se estén transfiriendo más y más responsabilidades a la OTAN como forma de sortear los problemas políticos estadounidenses, como en el caso de la coordinación del grupo de Ramstein. Tras el encuentro, que se ha producido en la región de Chernígov, Zelenski ha declarado: «Estoy agradecido por la visita de la delegación bipartidista y bicameral a la región de Chernihiv, que es una poderosa señal de apoyo para todos los ucranianos. Es muy importante que en el pueblo de Yahidne hayan visto con sus propios ojos las terribles consecuencias de la guerra rusa de agresión».

El otro foco de atención del día estaba en Eslovaquia, en donde finalmente se ha impuesto en las elecciones presidenciales el candidato Peter Pellegrini, afín al gobierno populista de Robert Fico, quien es además cercano a Moscú. Así las cosas, las dos máximas figuras del Estado serán, a partir de ahora, contrarias a prestar apoyo a Kiev, algo que se esperaba. Está por ver, en cualquier caso, en qué forma se traduce esto por ejemplo en términos comunitarios, ya que Eslovaquia, como ocurre con Hungría, tiene el poder de bloquear muchas de las iniciativas de los Veintisiete, aunque siempre puede ampararse, como ha hecho Orban en algunos momentos, a la abstención constructiva.

Además de esto, se ha sabido que el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, visitará China los próximos días 8 y 9 de abril, en un viaje en el que sin duda se hablará, más allá de acerca de las relaciones económicas y políticas entre ambos estados, sobre la situación en Ucrania. De hecho, según el comunicado lanzado por el Ministerio de Exteriores ruso: «Está previsto un intercambio de puntos de vista en profundidad sobre una serie de cuestiones actuales y regionales, incluida la crisis ucraniana y la situación en la región de Asia y el Pacífico».

Siguiendo con Rusia, se ha hecho público que el actual gobierno, formado por el primer ministro y los distintos ministros, dimitirá al completo el mismo día en que vuelva a tomar el poder el «nuevo» presidente, Vladímir Putin, el próximo 7 de mayo. A partir de ahí, Putin volverá a nombrar tanto un primer ministro, como a los viceministros y ministros federales, como es habitual en estos casos, con la excepción de los ministros de Interior, Emergencias, Defensa, Asuntos Exteriores y Justicia, que constituyen excepciones ya que debe garantizarse el funcionamiento básico del Estado.

Cambiando de tercio, desde los Estados Unidos están formulando un nuevo paquete de intercambio para los estadounidenses en poder de Rusia, después de que este país rechazase la última oferta presentada. Así, según el principal negociador del país en esta materia, se estaría trabajando para liberar a Evan Gershkovich y al ex marine Paul Whelan, quienes obran en poder de Moscú.

Por último, aunque en otro orden de cosas, en los últimos días se han venido publicando diversas noticias y declaraciones que no hacen sino incidir en lo complicado de la situación para Ucrania. Desde la BBC, citando a Stoltenberg, al Washington Post hablando sobre las opciones de Zelenski, o la CNN tratando el paso hacia la defensiva estratégica de Ucrania, son muchos los medios y analistas que indicen –nosotros mismos lo hemos hecho– en cómo sin cambios sustanciales. Así, y a pesar de que Rusia seguirá teniendo un enorme número de bajas como ocurrió de cara a la toma de Avdiívka y como podría ocurrir en Chasiv Yar, las perspectivas continúan empeorando para Kiev en términos generales. Como dicen en la editorial de The New York Times de hace tan solo unas horas: «Sin artillería estadounidense, así como proyectiles y misiles antitanques y antiaéreos, Ucrania no puede contener a un ejército que tiene un suministro mucho mayor de hombres y municiones».


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