Guerra de Ucrania – Día 616

El alto mando ucraniano acaba de admitir algo que es de todos sabido desde meses atrás: la guerra ha mutado hacia un enfrentamiento de posiciones marcado por el desgaste. Enfrentamiento en el que el apoyo recibido será más importante si cabe que la capacidad de innovar o la habilidad estratégica, operacional y táctica de los comandantes, de ahí que el Alto Representante de la UE haya vuelto a recordar que Ucrania sigue siendo, pese a la situación en Oriente Medio, el principal centro de atención de los esfuerzos comunitarios. Al mismo tiempo, se ha sabido que ya hay al menos un político ucraniano con cierta relevancia que aspira a disputar a Zelenski la presidencia en unas elecciones todavía por convocar: Oleksí Arestóvich.

Después de meses en los que los datos sobre ganancias y pérdidas territoriales por una y otra parte se han venido manteniendo prácticamente planos, con cifras totalmente irrelevantes, de no ser por el algo número de vidas que llevan aparejadas, así como por la destrucción material, el máximo responsable de las AFU, Valerii Zaluzhnyi, ha admitido que estamos entrando en una nueva fase de la guerra. Una etapa de combates estáticos y de desgaste en la que, según el militar ucraniano, Rusia podía reconstruir su ejército y en la que la innovación será fundamental.

Se oficializa pues algo de todos sabido: que en las actuales circunstancias las operaciones de ruptura y en profundidad son imposibles para una y otra parte, a pesar de la ayuda occidental mediante el envío de material relativamente moderno y de los enormes esfuerzos y sacrificios realizados en los últimos meses. Frente a ello, Zaluzhnyi propone una serie de recetas, incluyendo (aunque no solo): 1) ganar superioridad aérea (de ahí el énfasis en los F-16); ganar la habilidad de traspasar en profundidad los campos de minas rusos; aumentar la eficacia del fuego de contrabatería; ser capaces de crear y entrenar las reservas necesarias; y desarrollar capacidades de guerra electrónica (EW). Además, pone el acento en las innovaciones técnicas en varios aspectos, que espera que surjan de la propia Ucrania, lo que nos habla sobre la confianza del militar ucraniano en sus socios.

Como es sabido, la inventiva ucraniana, a la hora de modificar misiles antibuque para lanzar ataques a tierra, de construir drones marinos de distinto tipo, de utilizar drones comerciales letalizados (cuidado con lo visto en Oriente Medio y con el ritmo de difusión de ciertas tecnologías y la incapacidad incluso de los países más avanzados para responder a amenazas como los drones de bajo coste o las armas contracarro baratas) o en otros tantos aspectos, es parte importante de los elementos que han hecho posible que este país siga luchando a pesar de la superioridad material rusa. Algo que ilustran perfectamente las cifras de pérdidas sufridas por Rusia (como curiosidad, según el conteo del Ministerio de Defensa ucraniano, el Ejército ruso, al que habría que sumar a las milicias y las PMC como Wagner, habrían sufrido ya más de 300.000 bajas, aunque son cifras a tomar con cierto escepticismo, como sabemos).

Ahora bien, aunque Ucrania pueda innovar -y lo seguirá haciendo- hay que tener en cuenta que estamos en un escenario particular, en el que no caben las comparaciones exactas con otras guerras de este tipo como la Primera Guerra Mundial, a la que suele hacerse referencia. Es decir, que difícilmente van a aparecer sistemas como entonces los carros de combate, que den un vuelco a las operaciones (y, de hecho, sería estúpido pensar que los «tanks» británicos ganaron la Gran Guerra). En Ucrania, a diferencia de entonces, hablamos de un enfrentamiento limitado, en el que hay fuertes incentivos para no provocar una escalada, lo que implica que no todas las innovaciones susceptibles de provocar un vuelco, puedan ser implementadas ni por una, ni por otra parte. Es decir, que incluso aunque Ucrania desarrollase la «Estrella de la muerte», por emplear un término que, al llevarlo al ridículo, se entienda, o bien sus aliados no apoyarían su empleo, tratando de vetarlo, o bien Ucrania no podía ampararse en la disuasión que estos (fundamentalmente los EEUU) son capaces de generar contra Rusia, si llegara a usarse.

Así, por poner un ejemplo más actual, aunque Ucrania aunque ha venido desarrollando formas de proceder novedosas no solo en lo físico, al aplicar algunos de los principios de la «guerra mosaico», sino también en lo virtual, mediante instituciones como el IT-Army of Ukraine, que utiliza «cibervoluntarios» para llevar a cabo ataques cibernéticos contra Rusia, no puede ni podrá emplear todas las posibilidades que esto ofrece. Al fin y al cabo, un ciberataque que lograse dejar fuera de juego servicios básicos, podría ser interpretado por Rusia como una escalada y tener una respuesta convencional e incluso nuclear, al igual que ocurriría en sentido contrario si fuese la OTAN la víctima.

Por otra parte, y en estos momentos, la masa parece ser más importante que la calidad individual de los sistemas, lo que juega en contra de una Ucrania con una economía muy debilitada y excesivamente dependiente no solo de sus aliados, sino incluso de suministradores como China (muy cercanos a Moscú), al menos en lo relativo a drones.

Así las cosas, y salvo que irrumpa en la guerra un auténtico «cisne negro» -en el sentido de que a diferencia por ejemplo del COVID-19 (un ejemplo de «rinoceronte gris») no es esperable su aparición a corto plazo- mucho más importantes que las innovaciones técnicas, serán los apoyos que Ucrania reciba y que ahora están tan en cuestión, en vista de la situación en los Estados Unidos y la difícil negociación que se avecina.

Todo a pesar de las palabras del Alto Representante de la UE, el español Josep Borrell. Este, hace escasas horas, ha advertido al Kremlin de que no debe hacerse ilusiones acerca de que la situación en Oriente Medio, en donde la operación terrestre israelí, los problemas políticos internos y la enorme crisis humanitaria están copando toda la atención (seguiremos publicando artículos al respecto), pueda «distraer» a los Veintisiete en cuando al apoyo ofrecido a Ucrania.

De hecho, la forma en la que la guerra de Ucrania está quedando en segundo plano (y los intentos de Zelenski por captar la atención ligando la guerra con otros escenarios y buscando imponer el relato de que Ucrania es en donde se decide lo que pueda ocurrir en ellos), o la admisión por parte de políticos como la primera ministra italiana, Meloni, admitiendo el «cansancio de guerra» (en un contexto de lo más particular, pues estaba siendo víctima de una broma telefónica), son bastante ilustrativas de la realidad de las cosas. Una realidad indeseable para los intereses ucranianos y seguramente de buena parte de sus aliados, pero que no conviene ninguna obviar, máxime si lo que se pretende es revertirla.

Tampoco lo que la política interna ucraniana podría depararnos, pues siguen pendientes unas elecciones con fecha todavía por confirmar y que podrían deparar sorpresas. De hecho, quizá estén incluso más disputadas de lo que se esperaba, dada la gran aceptación que tiene Zelenski entre el electorado. Al menos si se cumple lo anunciado en las últimas horas y el antiguo asesor presidencial, Oleksí Aréstovich, se presenta. Claro está, es difícil que pueda batir al ahora presidente, pero su candidatura añade (y ojo, que mantiene posiciones muy diferentes a las del actual Gobierno ucraniano en aspectos críticos) un extra de incertidumbre y unas elecciones disputadas obligarían a Zelenski a desviar esfuerzos de la diplomacia y el campo de batalla a la campaña.

Ocurra lo que ocurra a nivel político y estratégico, la guerra de Ucrania continúa librándose sobre el terreno, en donde después de la última oleada de drones y misiles rusos, reportada en el informe de ayer, las defensas antiaéreas ucranianas no han podido descansar. De hecho, es poco probable que de aquí en adelante tengan demasiados días de paz, de ahí que se estén esforzando no solo en recabar ayuda por parte de sus aliados, sino también mediante crowdfunding a través de plataformas como United24 e iniciativas como Safe Skies.

Al norte del frente, en la línea Kupiansk-Svatove-Kreminna, los ataques rusos más recientes han logrado ganar algo de terreno, lo que lleva a que las líneas sean similares a las de dos meses atrás, al menos en el sector más septentrional, cuando los ucranianos restablecieron la situación después de otra tanda de intentos por parte del Ejército ruso.

En el área de Bakhmut, las únicas informaciones hacen referencia a nuevos avances rusos en la zona boscosa junto a Berkhivka, al norte de la ciudad, así como a los combates, aunque sin cambio de posiciones, al sur, en Zelenopillia y Andriívka.

Lo más interesante, una jornada más, tiene lugar en el área de Avdiívka, en donde Rusia continúa acumulando bajas, pero también logrando sus objetivos, que no solo pasan por ganar algunos puntos sobre el mapa, sino también por infligir desgaste a Ucrania, de forma que las AFU queden cada vez más impedidas para avanzar en otros frentes. Así las cosas, aunque la artillería ucraniana es superior en precisión o alcance, Rusia está consiguiendo enjuagar esta ventaja mediante el uso de bombas planeadoras lanzadas por su Fuerza Aérea en gran cantidad, pero también igualando la apuesta en cuanto al uso de drones comerciales letalizados y, por supuesto, gracias al recurso de la carne de cañón.

Al sur de Ucrania, por último, además de en las ganancias rusas en Novomaiors’ke, la atención sigue concentrándose sobre las operaciones ucranianas en Jersón, al este del Dniéper, en donde mantienen sus posiciones.

Contexto internacional, diplomacia y sanciones

El mes de noviembre ha comenzado sin apenas actividad en el plano institucional y diplomático, pese a algunas llamadas relevantes como la mantenida entre los presidentes de Rusia y Bielorrusia, Vladímir Putin, y Alexander Lukashenko, o la continuación de los trabajos por parte de Ucrania con sus socios para implementar la Fórmula de Paz.

Comenzando por esta segunda cuestión, el presidente Zelenski además ha mantenido una reunión con el equipo que representó a Ucrania en la tercera reunión de asesores de seguridad nacional y política exterior sobre la implementación de la Fórmula de Paz en Malta. Además de hacer un repaso de los temas abordados, los resultados obtenidos y confirmar que al margen de la reunión principal se celebraron más de 20 encuentros bilaterales, Zelenski ha insistido en que “Es importante que a través de la discusión de los puntos de la Fórmula de Paz podamos atraer [Ucrania] la atención necesaria de los países del mundo para Ucrania, especialmente en las condiciones de escalada en Oriente Medio”. De este modo, Ucrania continúa trabajando en los próximos pasos para la implementación de la Fórmula en los tres niveles: la octava reunión a nivel de embajadores, la cuarta reunión de asesores y los preparativos de la Cumbre Mundial por la Paz a nivel de líderes.

Así, el jefe del gabinete de Zelenski y responsable de encabezar la delegación ucraniana en estas reuniones, ha mantenido una conversación telefónica de seguimiento con el asesor de seguridad nacional del primer ministro de India, Ajit Kumar Doval. Más allá de discutir sobre los resultados de la reunión sobre la base de la restauración de una paz justa y sostenible, Yermak ha agradecido al representante indio su implicación personal en las consultas desde el principio y le ha informado sobre la situación en el frente. Asimismo, las partes han acordado continuar un diálogo “sustantivo” en el marco de la presidencia de India del G20 este año y otros temas importantes a nivel internacional, aunque sin precisar.

Por otro lado, en su discurso diario Zelenski no ha dejado pasar el 30º aniversario de la entrada en vigor del Tratado de Maastricht y, con ello, el nacimiento de la Unión Europea dejando atrás a las Comunidades Europeas, para poner en valor a la organización internacional, así como el progreso de Ucrania para formar parte de ella. En particular, Zelenski ha insistido en que pese a las voces críticas “la Unión Europea ha demostrado una y otra vez que puede superar las crisis, defenderse, preservar su valioso liderazgo en el mundo y volverse más fuerte cuando los enemigos de Europa solo esperan debilidad”.

Además, ha añadido que confía en que Ucrania hará que “nuestra Europa sea más fuerte que nunca” y que están trabajando para eliminar cualquier obstáculo que impida su adhesión a la UE.

A colación, una cuestión sobre la que el presidente de la Verkhovna Rada (Parlamento ucraniano), Ruslan Stefanchuk, ha discutido con la embajadora de la UE en Ucrania, Katarina Mathernova, expresando que esperan un informe positivo de la Comisión Europea sobre el progreso realizado desde que se emitieron las siete recomendaciones al otorgarles el estatus de estado candidato a la adhesión.

Volviendo sobre el discurso, Zelenski tampoco ha dudado en expresar su confianza en que independientemente de cómo se desarrollen los acontecimientos en el mundo y, en particular, entre los socios en Estados Unidos y otros lugares, “prevalecerá la unidad” y no la división.

En esta línea, y ante los últimos ataques por parte de Rusia, Alto Representante y vicepresidente de la Comisión Europea, Josep Borrell, ha subrayado que “Moscú no debería hacerse ilusiones: otras crisis no desviarán nuestra atención de Ucrania”, reiterando que el apoyo de la UE continua mientras sea necesario.

Este mismo mensaje ha sido el que una delegación de la Comisión de Desarrollo Regional del Parlamento Europeo durante su visita a Ucrania ha trasladado a sus autoridades. Más concretamente, durante las discusiones sobre la situación de seguridad en el país y las consecuencias de los ataques diarios de Rusia contra zonas civiles, el presidente de la Comisión, Younous Omarjee, ha hecho hincapié en que han ido a Ucrania para apoyar la provisión de 50.000 millones de euros para el Fondo de Ayuda a Ucrania, sus regiones y ciudades, pero también para la implementación de reformas necesarias para la futura adhesión de a la UE.

Sobre la adhesión también ha girado la agenda del ministro de Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, en su visita a Berlín para participar en la conferencia de ministros de Exteriores de los Estados miembros de la UE y de los candidatos. En particular, durante la conferencia se presentará la visión de Ucrania como futuro miembro y el fortalecimiento de su papel en el ámbito internacional. Durante esta visita, se espera que Kuleba se reúna con representantes del gobierno alemán y los círculos políticos, y representantes de la industria de defensa, pero también con otros ministros de Exteriores.

Pasando a Rusia, el presidente Vladímir Putin ha conversado con su homólogo bielorruso, Alexander Lukashenko, en vísperas de la próxima cumbre de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva que se celebrará en Minsk el próximo 23 de noviembre. De un lado, han discutido los preparativos de la Cumbre en la que se darán cita los líderes de Rusia, Bielorrusia, Armenia, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán, y de otro, “examinaron temas de actualidad relacionados con el fomento de la interacción bilateral y el avance de la integración del Estado de la Unión”, pero sin ofrecer más detalles como suele ser lo habitual.

Por su parte, Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores ruso, ha expresado durante una conferencia dedicada a los “compatriotas rusos que viven en el extranjero” que cada vez un número mayor de personas en todo el mundo no solo simpatiza con Rusia, sino que la ven como defensora de las tradiciones duraderas y de los valores sólidos. En este sentido, ha hecho hincapié en que los países occidentales están erosionando los valores tradicionales, así como reescribiendo las normas básicas de la moralidad lanzando el siguiente mensaje: “Están fomentando agresivamente la permisividad total, la tolerancia llevada al absurdo y diversos patrones de comportamiento destructivos. Está adoptando prohibiciones sobre los símbolos religiosos”. Así, critica a la UE sosteniendo que esta “finge no ver acciones blasfemas con respecto a las reliquias musulmanas y la destrucción de la ortodoxia”.

Para el presidente de Francia Emmanuel Macron, y para concluir, Europa necesita construir un patrón estable de relaciones entre los miembros y no miembros de la UE, incluida Rusia, dado que geográficamente forma parte del continente. Así lo ha expresado en una conferencia durante su visita a Kazajstán, subrayando además que “la arquitectura de defensa europea no puede construirse sobre la base de escaladas y conflictos”.


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