Guerra de Ucrania – Día 687

A pesar de que la guerra de Ucrania ha quedado completamente eclipsada por los ataques británicos y estadounidenses a los hutíes de Yemen, en respuesta a sus recientes acciones en el Mar Rojo, ha sido una jornada plagada de noticias. Desde el paquete de ayuda en cuatro años por valor de 1.200 millones de euros aprobado por Estonia, a la preparación de la cumbre de asesores de seguridad en Davos (Suiza) del próximo domingo o las nuevas informaciones respecto a la ley de reclutamiento ucraniano. Además de esto, y si bien en los últimos días no se han publicado cifras, desde Ucrania admiten tener problemas a la hora de neutralizar los ataques rusos con misiles S-300, solicitando armas de mayor alcance para acabar directamente con los lanzadores.

Como viene ocurriendo desde un tiempo a esta parte, el interés que despierta la guerra de Ucrania, ha decaído notablemente, a pesar de seguir siendo con mucho el conflicto más relevante en curso para la seguridad europea y global. Con todo, no deja de producir noticias relevantes y de plantear cuestiones de interés, no solo para los dos países directamente afectados, sino para sus aliados y muchos otros que de una forma u otra sufren sus consecuencias.

En algunos casos, la falta de interés es simple hartazgo. O bien se deriva de la necesidad de atender a escenarios más inmediatos, teniendo como tenemos todos un «ancho de banda» limitado» en un momento en el que se suceden las noticias relevantes sean entre Israel y Hamás, a consecuencia de los ataques navales hutíes y la respuesta a estos, relativas a la situación de inseguridad en Ecuador, las elecciones en Taiwán, etc. En otros, como ocurre entre los extremistas estadounidenses, obedece a causas más oscuras. Sea como fuere, es un hecho.

Por supuesto, la guerra de Ucrania continúa su curso. No independiente de lo que ocurre en el resto del mundo, pero sí hasta cierto punto al margen, en tanto a pesar de las palabras del ministro de defensa italiano, a las que hicimos referencia ayer, la voluntad de lucha de los dos bandos sigue siendo fuerte y nada parece indicar que puedan producirse negociaciones a corto plazo. Como en toda guerra, mientras los implicados se mantengan en la creencia de que las armas pueden llevarles a una mejor posición negociadora, difícilmente cesarán las hostilidades.

Más tarde, una vez la guerra concluya, aunque sea de forma temporal, con un armisticio precario o de la forma que sea, ya llegará el tiempo de analizar si, como Ludendorff mientras se embarcaba en la operación «Miguel» (o «Michael», como se quiera) en la primavera de 1918, los responsables de dirigir Rusia y Ucrania están acertando o fallando, habiendo sido lo más juicioso buscar las negociaciones antes de agotar unos últimos y preciosos recursos. De hecho, como ocurre a propósito de «Miguel» o mucho más recientemente de cuestiones como la decisión ucraniana de aguantar en Bakhmut, con su alto consumo de municiones y vidas, es posible que no llegue a producirse nunca un acuerdo completo entre los analistas al principio y los historiadores después. Importa poco, pues la guerra sigue.

Una de las noticias más interesantes de la última jornada, tiene que ver una vez más con el reclutamiento en Ucrania y la gestión de las reservas humanas. En relación con esto, los diputados ucranianos ha pospuesto el examen del controvertido proyecto de ley sobre la movilización militar, mientras las Fuerzas armadas se enfrentan al problema de reponer sus filas tras casi dos años de guerra con Rusia. Según ha declarado David Arakhamia, quien preside el grupo parlamentario del partido del presidente Zelenski: “Entendemos la solicitud del mando militar y estamos dispuestos a responder. Pero (…) algunas disposiciones violan directamente los derechos humanos, otras no están formuladas de manera óptima”.

En respuesta a lo anterior el ministro de Defensa, Rustem Umerov, ha anunciado que su equipo «ya ha preparado una nueva versión del proyecto de ley, teniendo en cuenta todas las propuestas». Sea como fuere, los ucranianos, para mantenerse en la lucha con garantías, deberán adoptar cambios que permitan expandir el servicio militar obligatorio. Incluso aunque decidan mantenerse en defensiva durante todo el año, intentando reconstituir unidades y a la espera de que se clarifique el panorama internacional, las necesidades humanas seguirán siendo altas.

Una de las derivadas de esta necesidad de reclutar nuevos uniformados tiene que ver con la necesidad de hacerlo sin ensanchar las grietas dentro de la propia sociedad ucraniana. En el caso ruso es más sencillo, pues además de contar con una reserva humana más de tres veces mayor, lidian con el problema recurriendo a minorías y evitando la recluta en los grandes centros urbanos. En el de Ucrania, es harto complicado. Las recientes palabras de Zelenski, refiriéndose por una parte a los ucranianos en el extranjero que, según él «Si tienen edad suficiente para ser movilizados, deberían ayudar a Ucrania. Y deberían estar en Ucrania«, así lo muestran.

La brecha, de hecho, es doble. Pues si por una parte hay un número nada de desdeñable de ucranianos en edad de combatir fuera del país, por otra deben enfrentarse a otro problema tradicional: el enfrentamiento entre aquellos que portan armas y aquellos que sirven en retaguardia o desarrollan trabajos civiles y que, como también ha recordado Zelenski: “también defienden al Estado” pagando sus impuestos. Volviendo una vez más a la Primera Guerra Mundial, cabe recordar que muchos franceses, durante los motines de 1917, gritaban que sus compatriotas cobraban 25 francos en las fábricas sin jugarse la vida, mientras ellos estaban en el frente. O bien que los alemanes, después de la fallida operación «Miguel» se quejaban de que los obreros ganaban 10 marcos al día sin jugarse el pellejo…

Dicho lo anterior, y sobre el terreno, las novedades son francamente escasas. No tanto porque no se hayan producido, como porque la atención ha estado en las últimas horas, en otras latitudes. Ucrania lleva, desde el día 8, sin publicar un parte con el número de drones y misiles lanzados por Rusia. Sin embargo, los lanzamientos siguen produciéndose. De hecho, hay fuentes que hablan, la pasada noche, del uso de 4 misiles antiaéreos S-300 en función de ataque a tierra. Eso a sumar a los dos que horas antes impactaron contra un hotel en Járkov, dejando más de una decena de heridos.

Estos misiles, de los que Rusia dispone en grandes cantidades, pues durante décadas se dedicó a tratar de construir una densa red antiaérea, están siendo un importante quebradero de cabeza para Ucrania, que ha pedido a sus aliados, en boca de Yuri Ihnat, portavoz de la Fuerza Aérea, armas de mayor alcance con las que batir las baterías y sus lanzadores, en lugar de gastar unos antiaéreos de los que no se dispone en cantidad suficiente, en tratar de neutralizar cada lanzamiento ruso.

Más allá de esto, y en lo relativo a los combates, apenas hay cambios. Al norte se han producido nuevos ataques rusos, pero sin consecuencias, en dirección a Kupiansk desde distintos puntos.

La mayor parte de la actividad, en cualquier caso, continúa concentrándose al oeste de la ciudad de Donetsk. Allí, se han producido enfrentamiento tanto en Avdiívka, en donde Rusia continúa atacando al norte, hacia Stepove y en el área del Terrikon, como al sur, en Pervomaiske, además de en Mariínka y Novomykhailivka, un día más.

Contexto internacional, diplomacia y sanciones

En lo concerniente a la arena internacional, y mientras desde la Unión Europea continúan discutiendo acerca de si es o no posible producir un millón de disparos de 155mm en plazo, además de la posibilidad de dotarse de un fondo de 100.000 millones de euros para adquisiciones y de hacer nuevas concesiones a Hungría para que desbloquee la concesión de nueva ayuda financiera a Ucrania, la actualidad relativa a la guerra de Ucrania viene marcada por la próxima cumbre de asesores de seguridad de Davos (Suiza), que tendrá lugar el domingo y por la visita de Zelenski a Estonia y Letonia, después de visitar en las horas anteriores, Lituania.

En cuanto a lo primero, Ucrania y Suiza recibirán a unos 120 asesores de seguridad nacional el domingo en la ciudad turística suiza de Davos, según han asegurado desde el Departamento de Asuntos Exteriores de Suiza, en la que será la última de una serie de reuniones para conseguir apoyo al «Plan de paz» de Zelenski. La reunión, que tendrá lugar en el período previo al Foro Económico Mundial que comienza al día siguiente, será la cuarta de su tipo y la mayor hasta la fecha, después de que anteriormente se celebrasen reuniones anteriores en Copenhague, Jeddah y, más recientemente, en Malta, el pasado mes de octubre.

En relación con lo segundo, Zelenski y del ministro de Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba han viajado de Vilnius a Tallin y a Riga, en una visita diplomática, que ha arrojado importantes anuncios y ha permitido a Zelenski entrevistarse entre otros con la primera ministra de Estonia, Kaja Kallas y más tarde con la de Letonia, Evika Silina. Durante las reuniones se han tratado todos los temas habituales, desde la colaboración en materia de defensa a la integración europea y euroatlántica de Ucrania, el suministro de nuevo material militar, etc.

Como resultado de la actividad diplomática -aunque hay que entender que estos anuncios sirven para oficializar decisiones tomadas mucho antes- Estonia ha dado a conocer un plan de ayuda militar a Ucrania valorado en algo más de 1.200 millones de euros a repartir en cuatro ejercicios. En él se incluyen desde municiones a helicópteros o armas contracarro. Ayuda que se suma a la que proporcionará Letonia, en este caso para la reconstrucción, y por valor de 500 millones de euros en tres años.

Además de Zelenski, también ha estado activo Kuleba, quien se ha visto entre otros con su homólogo estonio, Margus Tsahkna, con quien ha acordado reforzar los lazos entre ambos países, en particular en temas como la producción de drones. También han hablado sobre el plan europeo para suministrar munición para la artillería ucraniana, así como de la utilización de los fondos rusos congelados.

Coincidiendo con la visita de Zelenski a Letonia, tenemos también que el Parlamento letón (Saeima) ha aprobado la nacionalización de la “Casa de Moscú” o «Casa de cultura ferroviaria» de Riga, que anteriormente albergaba el centro cultural ruso, al considerar que este establecimiento había sido una herramienta de “propaganda” utilizada por Moscú para ejercer su influencia. En una reunión celebrada poco antes de Navidad, la Saeima respaldó la urgencia de un proyecto de ley para que dicho centro pasara a ser propiedad del país, algo que ahora se ha hecho efectivo.

El tema de la ayuda militar a Ucrania ha sido en las últimas horas, nuevamente, motivo de polémica, en relación con el seguimiento que se hace de la misma. Así las cosas, si bien desde los Estados Unidos han mejorado los mecanismos que aseguran la trazabilidad del material, equipos y fondos suministrados, según datos oficiales solo han logrado garantizar el destino de algo más de mil millones de dólares en ayuda del total suministrado. Como no podía ser de otra forma, los principales medios del país se han hecho eco del dato, reclamando en muchos casos mecanismos más precisos que permitan monitorizar con garantías la ayuda suministrada.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que no se habla de 1.005 millones en relación con los más de 52.000 millones suministrados hasta el momento, sino en relación con los 1.699 millones enviados en forma de armamento durante un periodo concreto. Según el portavoz del Pentágono, Pat Ryder, que ha hablado sobre el tema, «No hay pruebas creíbles de desvío ilícito de armas convencionales avanzadas proporcionadas por Estados Unidos a Ucrania», lo que no obsta para que terminen exigiéndose responsabilidades y para que el asunto pueda ser utilizado por Rusia en su favor.

Precisamente, en relación con este tipo de acciones, en las últimas horas se ha producido otro hecho curioso: Después de que la agencia rusa TASS publicase una «información» bastante tergiversada relativa a la finalización de la ayuda estadounidense a Ucrania, otros medios que tradicionalmente han actuado de altavoces de la propaganda rusa han replicado esta idea, como parte de la campaña de guerra informativa que este país está llevando a cabo y que busca desmotivar a los ucranianos y sus aliados.

Cambiando de tercio, y para finalizar, también ha sido noticia la firma en Estambul de un acuerdo, suscrito por Turquía, Rumanía y Bulgaria, mediante el que se establece un «grupo de acción» destinado al desminado de las aguas del mar Negro. Así que, si bien Turquía negó recientemente el paso de los buques de guerra de minas que el Reino Unido había donado a Ucrania para mantener abierto su pasillo marítimo, ahora parece que de la mano de dos de sus vecinos luchará por su cuenta contra la amenaza que las minas plantean al comercio naval.


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