Guerra de Ucrania – Día 1604

Ucrania vive una grave crisis política provocada por la decisión de cesar Mykhaylo Fedorov como ministro de Defensa. La medida ha provocado protestas espontáneas en varias ciudades ucranianas, así como divisiones dentro del partido gobernante y posicionamientos claros por parte de personajes relevantes en distintas áreas. Por el momento, Zelenski se ha visto forzado a recular, al ver cómo su candidato a nuevo ministro era rechazado por la Rada Suprema, pasando a proponer como interino a Yevhenii Khmara, jefe interino del Servicio de Seguridad de Ucrania y antiguo responsable de la unidad Alfa. Más allá de esto, Keir Starmer y el ministro de Exteriores turco han visitado Kiev para hablar sobre relaciones bilaterales, ayuda militar o comercial. Desde Rusia, por su parte, han acusado a Ucrania de la muerte del ingeniero jefe de la central nuclear de Zaporiyia al tiempo que descartan reanudar a corto plazo las conversaciones de paz. También ha sido noticia la publicación del Noveno Informe de la ODIHR de la OSCE que documenta las violaciones del derecho internacional humanitario por parte de la Federación de Rusia. Por último, durante la jornada Odesa ha sido atacada con misiles balísticos y de crucero, mientras que Ucrania ha continuado con su campaña contra los intereses navales rusos en el Mar de Azov. Sobre el frente, cambios prácticamente nulos.

La salida de Mykhailo Fedorov del Ministerio de Defensa ucraniano, con el paso de las horas, ha dejado de ser una simple remodelación gubernamental para convertirse en una seria crisis política y de mando. El 15 de julio, como sabemos, en el contexto de la sustitución de la primera ministra Yulia Svyrydenko y la formación de un nuevo gabinete, Fedorov confirmó que no continuaría al frente de Defensa después de solo seis meses desde su llegada. La decisión sorprendió a muchos, pues el joven ministro era percibido como uno de los responsables de acelerar la adquisición de drones, digitalizar los procesos de gestión y adquisición, combatir irregularidades en las compras y aplicar un nuevo tipo de gestión basada en datos.

Desde entonces, hemos vivido algunas de las horas más agitadas de los últimos años en Ucrania, al menos en términos políticos. Medios como Financial Times han descrito la situación como la entrada del Gobierno de Zelenski en una fase de agitación, mientras que otros han subrayado cómo el cese habría hecho público un enfrentamiento hasta entonces contenido entre el ministro y el comandante en jefe, Oleksandr Syrskyi, con Zelenski de por medio.

Lo cierto es que la reacción social ha sido inmediata y excepcional para un país sometido a la ley marcial y a una guerra de desgaste, en el que hemos visto protestas por la corrupción o el reclutamiento, pero rara vez por temas puramente políticos. Así las cosas, desde la salida de Fedorov se han organizado concentraciones en Kiev, Leópolis, Járkov, Odesa, Dnipró, Poltava, Ternópil y otras ciudades ucranianas. Más de un millar de personas se reunieron en la capital con carteles de cartón que reclamaban la restitución de Fedorov, cuestionaban la destitución y exigían la salida de Syrskyi de las AFU. Es más, las protestas retomaron deliberadamente el lenguaje y la estética de las movilizaciones de 2025 en defensa de la independencia de los organismos anticorrupción NABU y SAPO. Es decir, que no fueron protestas contra la guerra, sino movilizaciones favorable al esfuerzo bélico y críticas con la corrupción, la opacidad y las inercias políticas ucranianas y soviéticas dentro de las FAS. Los testimonios recogidos por distintos medios muestran, de hecho, la presencia de veteranos y militares en activo, que veían el cese de Federov como una amenaza para unas reformas apenas iniciadas y que se consideran necesarias.

La protesta se trasladó rápidamente al interior del Estado. Pavlo Yelizarov, vicecomandante de la Fuerza Aérea y figura relevante en la guerra con drones, presentó su renuncia a su puesto. UNITED24 Media suspendió temporalmente sus publicaciones para sumarse a la protesta. Incluso DeepState se posicionó abiertamente, pidiendo la destitución de Syrskyi… En la Rada Suprema ucraniana, mientras tanto, varios diputados del propio partido presidencial transmitieron al corresponsal del Financial Times Christopher Miller que el ambiente era poco menos que «explosivo» y que no existían votos suficientes para nombrar ministro de Defensa a Ihor Klymenko, titular del Interior y candidato inicialmente promovido por el entorno presidencial. La presión impidió que la remodelación siguiera el plan inicial, de hecho, forzando al presidente ucraniano a improvisar.

El propio Zelenski reaccionó en dos tiempos. Primero justificó la remodelación por la necesidad de renovar el Gobierno y reconoció la ruptura entre Fedorov y Syrskyi. Afirmó que persistían problemas en el frente, las brigadas, el reclutamiento y la movilización forzosa, y repartió responsabilidades entre el Ministerio y el mando militar. Además, y al mismo tiempo, Zelenski defendió el derecho de los ciudadanos a manifestarse, señalando que Ucrania lucha precisamente por la libertad y la democracia, aunque apareció más bien como un líder cuestionado y dubitativo que como un firme defensor de la propia democracia. Por el camino, además, Zelenski destituyó al jefe de la Administración Militar de Kiev, Timur Tkachenko, sin especificar los motivos.

Más tarde, viendo que el nivel alcanzado por la resistencia parlamentaria y social comenzaba a ser preocupante, dejó de presentar a Klymenko como sucesor de Fedorov para anunciar que Yevhenii Khmara, jefe interino del Servicio de Seguridad de Ucrania y antiguo responsable de la unidad Alfa, asumiría provisionalmente la cartera de defensa; un candidato del que muchos dudan que sea el más adecuado para el puesto. En su comunicado oficial, Zelenski destacó la experiencia de Khmara en operaciones con un alto componente tecnológico y en ataques de largo alcance. Sin embargo, aunque era una concesión parcial ante las exigencias de los manifestantes, los militares y sus propios diputados, su perfil tiene muy poco que ver con el de Fedorov, que es el de un gestor.

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Fedorov, por su parte, convirtió su primera comparecencia tras el cese en una acusación directa contra la cúpula militar. Explicó que a su llegada al Ministerio había propuesto a Zelenski sustituir tanto a Syrskyi como al jefe del Estado Mayor, Andrii Hnatov. Cuando el presidente rechazó esa posibilidad, aceptó su autoridad como comandante supremo y se comprometió a aprender a trabajar con Syrskyi. Según su versión, la respuesta posterior fue una obstrucción sistemática de buena parte de las iniciativas ministeriales y, finalmente, un ultimátum del comandante en jefe para forzar su salida. Fedorov acusó a Syrskyi de atender más a supuestas campañas contra él que a buscar fórmulas asimétricas contra Rusia, y afirmó que había «dividido el país». Al mismo tiempo, reconoció expresamente los méritos del general en la defensa de Kiev en 2022 y en la operación de Járkov, como muestra este resumen de sus declaraciones. Eso sí, lejos de admitir que eso fuese garantía de nada, Fedorov vino a decir exactamente lo contrario: que la guerra había cambiado y que los métodos de 2022 podían ser insuficientes ante un campo de batalla protagonizado por drones, sensores y guerra electrónica.

El núcleo de la denuncia de Fedorov fueron los once problemas que afirmó haber identificado durante su primer mes en el Ministerio, muchos de los cuales han ido apareciendo una y otra vez en estos informes:

  • Primero, las Fuerzas Armadas seguirían combatiendo principalmente en el nivel táctico, sin una integración operacional suficiente.
  • Segundo, el sistema de cuerpos sería incompleto y extremadamente desigual.
  • Tercero, brigadas, batallones y cuerpos estarían fragmentados mediante transferencias constantes de unidades.
  • Cuarto, la responsabilidad se desplazaría siempre hacia abajo, sin rendición de cuentas en los escalones superiores.
  • Quinto, los suministros no se distribuirían regularmente a través de los cuerpos, sino mediante decisiones manuales condicionadas por relaciones de lealtad.
  • Sexto, existiría una rotación excesiva de comandantes.
  • Séptimo, los oficiales y unidades que obtienen resultados serían aislados, castigados o tratados como amenazas.
  • Octavo, la resistencia burocrática impediría completar proyectos sistémicos.
  • Noveno, el capital humano se desgastaría sin que los refuerzos y apoyos se asignasen según datos sobre rendimiento y pérdidas.
  • Décimo, las iniciativas quedarían atrapadas en un «fuego cruzado burocrático» entre el Ministerio y el Estado Mayor.
  • Undécimo, la estructura estaría atravesada por una cultura de falsedades, acusaciones interesadas y campañas internas.

El ex-ministro vinculó ese diagnóstico con la crisis de movilización que vive el país y que -aunque no se ha dado una explicación oficial a su salida- algunos han esgrimido para defender que Fedorov debe ser apartado del cargo. Su tesis, en cualquier caso, es que Ucrania no sufre únicamente una escasez cuantitativa de personal, sino una crisis de confianza entre el Estado, el Ejército y la sociedad, lo que no deja de ser cierto. Los reclutas no valorarían solo la remuneración o la duración de los contratos, sino el riesgo de quedar sometidos a mandos incompetentes, sin posibilidad clara de traslado, rotación o recurso alguno. Dicho en plata: un joven del oeste de Ucrania tiene muy pocos motivos para presentarse voluntario para defender una aldea perdida del Dombás en un contexto en el que posiblemente sea utilizado como carne de cañón, pase a formar parte de una unidad de «usar y tirar» o quede condenado a defender una franja de terreno durante meses sin una sola rotación. De ahí la afirmación de Fedorov de que el Estado está ofreciendo en ocasiones «mentiras, caos e irresponsabilidad» más que soluciones. Eso sí, como contraste, Fedorov citó casos de unidades que sí han sido capaces de atraer voluntarios mediante una doctrina clara, una selección exigente, mejores condiciones y mandos respetados. Y no es el único que lo ve así. Nosotros mismos hemos hablado sobre ello en muchas ocasiones y además, se han publicado escritos en instituciones como Carnegie Endowment sobre la necesidad de conectar movilización, diseño de fuerzas, entrenamiento, rotaciones y un propósito militar creíble. El problema, de hecho, lo exponía a las claras recientemente Olena Tregub al hablar de cómo el problema de personal que vive Ucrania es también, y sobre todo, un problema de contrato social.

Syrskyi (quien podría haberse reunido según algunos medios con Yermak, esa sombra perenne sobre la política ucraniana), por supuesto, respondió a las críticas, aunque no punto por punto sino de forma muy medida. Recordó sus viejos laureles y con ello su papel en la defensa de la capital y pidió concentrarse en la guerra, añadiendo con evidente ironía que, gracias a quienes defendieron Kiev, ahora podían celebrarse comparecencias, formularse opiniones y tomarse decisiones en la ciudad. Lo que Syrskyi defiende, como buen jefe de Estado Mayor, es la necesidad de preservar la unidad de mando, evitar que un ministro civil interfiera en decisiones operativas y de contener una disputa pública que Rusia puede explotar. El problema, como siempre, es si lo hace por los motivos adecuados o no, lo que queda a la interpretación del lector. Algo que aplica también a Fedorov, quien tampoco quedó exento de críticas durante su mandato pues sus promesas de reformar la movilización, facilitar rotaciones y transformar la estructura no produjeron todos los resultados anunciados, si bien apenas ha tenido seis meses para intentar sacar adelante sus proyectos.

El debate, pues, no enfrenta simplemente a un reformador eficaz con un general inmovilista, aunque hay mucho de eso. También contrapone dos concepciones de la autoridad durante una guerra que son viejas conocidas, aunque se presenten con formas nuevas en esta era de aceleración tecnológica, técnica y científica: una basada en velocidad, datos, competencia e innovación descentralizada, y otra que prioriza jerarquía, control y continuidad. Algo sobre lo que se ha escrito mucho en los últimos años, poniendo algunos de manifiesto el riesgo de que una cadena de mando rígida pueda reducir la capacidad de adaptación con la que Ucrania compensa su inferioridad material. Un tema que no es baladí, pues hay que entender que la innovación militar, doctrinal y orgánica, en estos tiempos de aceleración, discurre por caminos nuevos, como ha explicado el doctor Guillem Colom recientemente en nuestra web:

Así las cosas, y volviendo sobre la crisis política y militar de Ucrania, podemos concluir este análisis sobre la marcha diciendo que por el momento Zelenski ha contenido las aguas, pero no ha acabado con los problemas de fondo. La elección provisional de Khmara evita una ruptura completa con la agenda tecnológica de Fedorov, aunque la ratificación parlamentaria queda pendiente y Syrskyi conserva el mando. Fedorov rechazó continuar como asesor presidencial, según Christopher Miller, lo que alimentará inevitablemente las especulaciones sobre su futuro político. Además, parece estar respaldado por un bloque de lo más variopinto que reúne a militares reformistas, veteranos, especialistas en tecnología, organizaciones de la sociedad civil de distintos tipos y sectores urbanos proeuropeos.

El exministro de Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, advirtió por su parte de que el monopolio de poder favorece los errores y vuelve problemáticos a quienes se consideran intocables, dejando claro que Zelenski debería sacar de la ecuación a Sysrkyi. Y, además, también se pronunció un peso pesado como es Kyrylo Budanov, comandante de la inteligencia militar y jefe de la administración presidencial ucraniana, quien en un mensaje publicado en las redes sociales hizo un llamamiento el jueves a la preservación de la unidad nacional en un momento en que las tensiones están sacudiendo al Gobierno. Como buen miembro del colectivo de Inteligencia, eso sí, evitó posicionarse, no vaya a ser que vengan turbulencias y cambios.

A partir de aquí, de cara a las próximas horas deberemos prestar especial atención a las reuniones de Zelenski con los comandantes de brigada. Bohdan Krotevych, antiguo jefe de Estado Mayor de Azov y un conocido crítico de Syrskyi, les ha pedido que expliquen al presidente la realidad del Ejército y no guarden silencio. Lo que ocurra, en cualquier caso, dependerá de si Zelenski convierte esas consultas en cambios verificables, si Khmara puede conservar las reformas y si Syrskyi acepta modificar métodos y cuadros de mando o si todo sigue como hasta ahora, pesando más los equilibrios políticos internos ucranianos que la eficacia militar y en la gestión (dicho todo esto sin presuponer que Fedorov sea un santo ni nada parecido).

Lo que está claro es que el cese de este último ha hecho que lo que debería ser poco más que una medida administrativa haya sido interpretado como algo mucho más profundo: la existencia de un debate muy profundo y con bandos cada vez más perfilados que tienen ideas muy distintas sobre quién debe controlar la transformación militar (y política) de Ucrania y qué precio humano está dispuesto a pagar el país en caso de mantener intacta su actual estructura de mando. Una guerra de la que el propio Zelenski puede salir escaldado.

Toca ahora hablar de la parte militar del conflicto, comenzando con los ataques a larga distancia. En este sentido, ha sido una jornada tranquila, sin apenas datos de ataques o explosiones en una Ucrania más centrada, como hemos visto, en otros asuntos. Comenzamos, en cualquier caso, hablando sobre los datos de la jornada previa, que nos han dejado el uso por parte de Rusia de 146 drones de ataque de largo alcance, 8 misiles balísticos Iskander-M/S-400, 4 misiles de crucero Kh-22/32, un misil antirradiación KH-31P y 5 misiles de bajo costo Banderol según los datos oficiales ucranianos. Del total, aseguran haber derribado o neutralizado 129 drones y 3 misiles balísticos, dejando claro la tasa de intercepciones que la situación de las defensas aéreas ucranianas es crítica, al menos en lo que se refiere a las capacidades antimisil.

Dicho esto, desde entonces Rusia habría lanzado 130 drones de ataque más, así como un misil KH-31P y 7 misiles Kh-59/69. Los ucranianos aseguran haber derribado o neutralizado 115 drones y 5 misiles Kh-59/69. Los ataques se han vuelto a cebar con Odesa, en donde los drones y misiles rusos han sido empleadas nuevamente contra las infraestructuras portuarias y relacionadas (Rusia ataca especialmente todo lo relacionado con las exportaciones ucranianas por vía marítima). Dichos ataques habrían dejado inicialmente un muerto y también media docena de heridos aunque posteriormente la cifra parece haber crecido a 2 y 8 respectivamente. Además, se han registrado también ataques contra Dnipró y contra Sumy o Pavlograd, así como contra la capital ucraniana, Kiev, en donde un misil balístico habría sido lanzado hacia las instalaciones de la empresa «Rapid», siendo en cualquier caso más los objetivos atacados.

En cuanto a las bombas planeadoras, la artillería de campaña o los drones FPV empleados contra civiles, tenemos noticia por ejemplo de un ataque contra Dnipropetrovsk que ha dejado dos muertos y tres heridos. En Zaporiyia, por su parte, un ataque aéreo con FAB ha causado la muerte de 3 civiles. En Sumy, ha sido un civil el que ha resultado herido, en este caso por acción de los drones FPV y también se han notificado ataques con bombas planeadoras.

Los ucranianos, por su parte, habrían atacado 11 nuevos buques rusos en el Mar de Azov, como parte de una guerra en la que Rusia también juega su papel al atacar el tráfico de granos ucranianos hacia los estrechos turcos, como hemos visto. De hecho, durante la jornada, el Ministerio de Defensa ruso reivindicó la autoría de un ataque con drones contra un buque mercante que navegaba por el Mar Negro rumbo al puerto ucraniano de Chornomorsk. Además, en relación con lo anterior, se ha producido también una fuerte explosión en la ciudad portuaria de Berdiansk, en la costa del Mar de Azov y otra en Kerch, junto al estrecho al que da nombre y que separa dicho mar del Mar Negro.

Por último, tenemos que el alcalde de Horlivka, localidad ocupada por Rusia en la región de Donetsk, ha denunciado que «un edificio civil ha sido completamente destruido» por un ataque ucraniano y que un civil habría fallecido en esta acción.

En cuanto a la situación sobre el frente, lo cierto es que la jornada ha llegado casi huérfana de noticias, pues la atención de todos, incluso de los analistas que habitualmente comentan los cambios sobre el terreno, ha estado centrada en la crisis política ucraniana. Eso sí, el día nos ha dejado una declaración muy cuestionable, pero que aun así debemos recoger. Afirmación proveniente del director de la CIA, John Radcliffe, quien ha asegurado que «la esperanza de vida promedio de un recluta ruso en este momento, al llegar al campo de batalla en Ucrania, se estima en entre 20 y 30 minutos».

Entre las escasas novedades, encontramos una referencia a avances rusos en las zonas forestales al oeste del lago de Travyanske, situado al sur de la localidad de Strilecha, en la región de Járkov.

Más al sur, por su parte, se ha hablado de una infiltración rusa en la zona de Vasiutynske, entre los sectores de Siversk y Konstyantynivka, en dirección a Kramatorsk. Algunas cuentas rusas decían que, con esto, la ciudad quedaba ya apenas a 6 kilómetros del frente, algo bastante dudoso en realidad, pues estas acciones no implican control, como sabemos.

Durante el día, además, se ha hablado también sobre la importancia que Dobropillia tiene para la defensa ucraniana, al representar el «vientre blando de la retaguardia del cinturón defensivo de Kramatorsk», así como sobre las tácticas que Rusia está utilizando para tratar de llegar a ella.

Más allá de lo anterior, apenas tenemos noticias sobre nuevos ataques rusos al norte de Myrhorad/Pokrovsk, quizá con mínimas ganancias en la zona de Dorozhnie, aunque en general sin cambios.

Contexto internacional, diplomacia y sanciones

Comenzamos este apartado siguiendo con la crisis política ucraniana, aunque dejando a un lado la parte que sería más puramente militar, para hablar en términos más amplios. En este sentido, tenemos que a través de un mensaje en vídeo publicado en su canal oficial de Telegram , el presidente ucraniano justificó la reciente elección de Serhiy Koretsky, director de la empresa energética estatal Naftogaz hasta ahora, como primer ministro. Según Zelenski, «Su fortaleza reside precisamente en su experiencia en empresas energéticas estatales «, a lo que añadió que «a pesar de todos los ataques rusos, Ucrania recibió suministro de gas» el invierno pasado. El argumento principal del presidente ucraniano, en cualquier caso, es que «Es fundamental prepararse a fondo para el próximo invierno» y que «sea cual sea el escenario, Ucrania debe estar plenamente preparada para defender la vida, proteger a su pueblo y garantizar la supervivencia durante el invierno. Esta es nuestra principal misión compartida, como ucranianos, para el nuevo gobierno».

Dicho esto, Serhi Koretsky ha presentado a la Rada Suprema ucraniana la lista de ministros propuestos para formar su gobierno, algo que no ha anunciado el nuevo primer ministro sino Ruslan Stefanchuk. Entre los nombramientos clave se encuentran el del ex primer ministro Denys Shmyhal, propuesto para el cargo de primer viceprimer ministro y ministro de Energía; Vsevolod Tchentsov como viceprimer ministro encargado de la integración europea y euroatlántica; Ivan Vyhivskyi en el Ministerio del Interior; Serhii Marchenko en Finanzas; Viktor Liachko en Salud; Vitali Kim en Asuntos de Veteranos; y Oksana Ferchuk en Transformación Digital. Dicho lo cual, hay todavía mucha tela que cortar como se dice vulgarmente, pues deben buscar puestos a la hasta ahora embajadora en Estados Unidos, al propio Fedorov, a la primera ministra saliente, etc. Y es que la política ucraniana es en muchos sentidos circular…

Pasando ahora sí a la actividad diplomática, durante la jornada Zelenski ha entregado la Orden de la Libertad al primer ministro británico saliente, Keir Starmer, quien ha estado de visita en Kiev. Según ha declarado el ucraniano «Gran Bretaña siempre ha apoyado a Ucrania, y continúa haciéndolo, y le otorgamos una enorme importancia». Starmer recibió el galardón por su «apoyo a la soberanía estatal y la integridad territorial de Ucrania», según el decreto presidencial leído durante la rueda de prensa. Starmer, por supuesto, aseguró que a su marcha el apoyo británico a Ucrania continuará. En el marco de su visita, además, Keir Starmer ha anunciado una ayuda de 300 millones de euros para la entrega conjunta con Suecia de 16 cazabombarderos Saab Gripen a Ucrania. Es más, ambos cifraron la ayuda militar británica hasta desde el inicio de la invasión a gran escala rusa, en casi 8.000 millones de libras esterlinas (9.414 millones de euros), siendo la ayuda total de más de 11.000 millones (12.945 millones de euros).

Además de esto, también ha sido noticia Turquía, ya que a Kiev ha llegado el ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan, quien ha sido recibido entre otros por Zelenski y por su homólogo local, Andrii Sybiha. Según declaró este último «Durante nuestras conversaciones hoy, discutimos la situación actual en el frente, los esfuerzos de paz y toda la gama de temas de cooperación bilateral. La sólida asociación estratégica entre Ucrania y Turquía es crucial para la paz y la seguridad en la región del Mar Negro. Hablamos sobre el creciente impulso en el comercio tras la ratificación de nuestro Acuerdo de Libre Comercio, la cooperación en defensa y los proyectos energéticos regionales. También discutimos una serie de cuestiones internacionales y regionales, la situación en Oriente Medio y el desarrollo de nuestro nuevo formato Ucrania-Turquía-Siria».

Del mismo modo, ha sido noticia el Noveno Informe de la ODIHR de la OSCE que documenta las violaciones del derecho internacional humanitario por parte de la Federación de Rusia. El mismo ha merecido un comentario por parte del Ministerio de Exteriores de Ucrania, desde donde han publicado un comunicado en el que resumen los principales hallazgos del informe y en el que aseguran que «Respaldamos las conclusiones de la ODIHR de que la magnitud y la naturaleza de los ataques rusos contra infraestructuras críticas indican una intención de perturbar el funcionamiento del sistema energético nacional, en lugar de atacar objetivos militares específicos. En este sentido, hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que intensifique la presión sobre la Federación de Rusia a fin de obligarla a poner fin a la guerra y establecer una paz justa y duradera en Ucrania, basada en la Carta de las Naciones Unidas y el Acta Final de Helsinki. Asimismo, consideramos esencial coordinar nuevas medidas conjuntas para establecer un sistema eficaz que permita exigir responsabilidades al Estado agresor».

En cuanto a Rusia, desde este país han prestado atención a la reciente muerte del ingeniero jefe de la central nuclear de Zaporiyia y al conductor del vehículo en el que se desplazaba, en una acción de la que acusan a Ucrania y que ha sido condenada por la OIEA recientemente.

Desde este país, sin embargo, niegan la mayor. Para ello, han publicado un extenso comunicado emitido desde el Ministerio de Asuntos Exteriores en el que «rechazan las acusaciones infundadas de la Federación Rusa sobre la supuesta implicación de Ucrania en la muerte de una persona tras un ataque con drones cerca de la central nuclear de Zaporiyia, actualmente bajo ocupación provisional», señalando que «hasta el momento no se ha presentado ninguna confirmación independiente de la versión rusa ni ninguna prueba de la implicación de Ucrania» . Además, los ucranianos culpan a Moscú de la escalada de tensiones en la región y de los ataques contra el personal de la central y afirman que «la causa principal de todas las amenazas a la central nuclear de Zaporizhzhia sigue siendo su ocupación ilegal, militarización y uso con fines militares por parte de la Federación Rusa». En cuanto al OIEA, Ucrania espera que el organismo internacional «respete los principios de objetividad, imparcialidad y rigor fáctico, y se abstenga de cualquier acción que pueda interpretarse como una legitimación de la administración rusa de la central nuclear de Zaporizhzhia».

Como es lógico, en Moscú también se ha hablado sobre el conflicto político interno en Ucrania, haciendo un repaso especialmente a las declaraciones de Fedorov y a las reacciones a las mismas.

Además, desde el Ministerio de Exteriores ruso han vuelto a criticar también el apoyo de Occidente a Ucrania, asegurando la portavoz, María Zajárova que las potencias occidentales se han vuelto inseparables del régimen de Kiev por razones políticas y económicas, y «por comprender su total vulnerabilidad en la actual situación geopolítica mundial». Es más, la veterana funcionaria ha declarado también que «lo que Europa Occidental, o, en términos sencillos, la Unión Europea y sus miembros más agresivos, están haciendo ahora es precisamente lo contrario de lo que podría describirse como búsqueda de vías para negociar y comunicarse».

Pese a ello, desde el Kremlin han afirmado que aunque ahora mismo no existen perspectivas inmediatas de cara a una reanudación de las conversaciones de paz (y la crisis en Oriente Medio no ayuda, al distraer la atención de Estados Unidos), siguen abiertos a esa posibilidad.

La última noticia de la jornada relativa a Rusia tiene que ver con la situación del opositor Boris Nadezhdin, quien habría sido etiquetado recientemente como «agente extranjero», prohibiéndosele abandonar el país. Una decisión que ha asegurado que apelará, pues la considera «ilegal».

Saltamos ahora a Hungría, país en el que el nuevo Gobierno ha abierto una investigación contra el anterior ministro de Exteriores, Peter Szijjarto, por sus vínculos con Rusia. Un Szijjarto que, además, ha pasado a trabajar para la automovilística BYD después de favorecer sus operaciones en el país durante su tiempo al frente de la cartera de Exteriores, algo que también será investigado.

Otra noticia relevante de la jornada, y con esto concluimos hoy, ha sido la entrega a Ucrania de los cuerpos de 501 militares caídos o que, al menos en su mayoría, pertenecerían a miembros de las AFU muertos en combate. Así las cosas, y sólo desde principios del presente año, Rusia ha entregado más de 4.000 cuerpos en seis intercambios, mientras que Ucrania ha transferido poco más de 100. Para 2025, Kiev había recibido más de 14.000 restos de soldados presuntamente fallecidos, mientras que Moscú había recibido menos de 400 por su parte. Si ampliamos el periodo hasta losúltimos dos años, Ucrania habría recibido 18.325 cuerpos mientras que Rusia sólo 588.


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