El protagonista indiscutible de la jornada ha sido Putin, quien se ha despachado hablando sobre la situación en el frente y en la retaguardia rusa, mientras afirma que espera la visita de los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner una vez que Washington esté menos ocupado con la situación en Irán. El ruso, que intenta proyectar una imagen de control sobre una guerra que no va ni mucho menos como desearía, ha intentado minimizar los problemas, obviando que desde la cumbre de Anchorage, que ambos bandos dan por muerta, se ha alcanzado un nuevo equilibrio estratégico más favorable a Ucrania. Eso sí, ha vuelto a asegurar que su país se encuentra bajo una presión “sin precedentes” por parte de las élites occidentales, en la que es su justificación habitual y una herramienta muy útil de cara a las próximas elecciones. Más allá de esto, Kuwait ha ratificado el acuerdo de cooperación militar firmado con Kiev en marzo de 2026, ambos países han continuado con los ataques a larga distancia y con los combates en un frente prácticamente estancado y en el que incluso las pequeñas unidades necesitan centenares de drones por semana para sostener los combates.
La última jornada nos ha dejado una nueva constatación de que, como dicen los ucranianos, «el espíritu de Anchorage» está «muerto». Así lo explicó hace unas horas el ministro de Exteriores ucraniano, Sybiha, y así lo ha confirmado el presidente ruso, Vladímir Putin, poco después, asegurando que se llegaron a algunos acuerdos que podrían haber puesto fin a la guerra, pero que no se firmó nada.
Es, en el fondo, una situación esperada, pues Anchorage y lo allí hablado hacían referencia a un conflicto muy diferente al actual; una guerra en la que Rusia se mantenía a la ofensiva, con avances muy lentos pero sostenidos, una manifiesta superioridad humana y un contexto favorable dada la poca disposición de la administración Trump a ayudar a Kiev.
Las cosas, casi un año después, son muy diferentes. A pesar del sonoro enfrentamiento entre Trump, Vance y Zelenski en la Casa Blanca y de los múltiples dardos que se han cruzado en este tiempo, la relación se ha ido recomponiendo y los estadounidenses han sabido moverse para lograr algunos de sus objetivos, sin dejar de ayudar a Ucrania. Es decir, que han logrado en última instancia trasladar el peso económico de la guerra a los demás aliados de Kiev, especialmente los europeos, a través de iniciativas como PURL.
Por el camino, han seguido suministrando a Ucrania aquella ayuda que ni este país puede producir por sí mismo, ni tampoco otros aliados pueden proporcionar, lo que ha sido relevante de cara a dar un vuelco a la situación sobre el frente. Por supuesto, dentro de esta ayuda debe incluirse una buena cantidad de datos de inteligencia, necesarios para atacar algunos objetivos en el interior de Rusia, entre muchas otras cosas. También, aunque ya no se suele hablar de ello y pese a los anuncios de recortes de tropas en Europa, una disuasión extendida que es, en última instancia, la que frena a Rusia a la hora de acometer una escalada vertical que muchos reclaman.
Así las cosas, a punto de iniciar el mes de julio de 2026 y tras más de cuatro años de guerra, lo que nos encontramos es un nuevo equilibrio militar y diplomático muy diferente al de hace un año. Todo lo cual se resume en que los incentivos ucranianos para aceptar una cesión «gratuita» del Donbás son prácticamente nulos, mientras que el Kremlin tampoco puede cerrar un conflicto como este en estas circunstancias, ya que supondría una derrota estratégica mayor y, por supuesto, un cierre en falso. Mucho menos, teniendo en cuenta que se avecinan elecciones a la Duma (de ahí que Putin, que ha concedido recientemente una entrevista al propagandista Pavel Zarubin, minimice los problemas internos y trate de ofrecer una imagen de la situación en el frente bastante distorsionada que puede ser cierta en términos de distancias, pero que no representa ni por asomo la realidad en cuanto a posibles costes).
Quizá la mejor explicación de la situación real de Putin nos la ofrezca Marie Jégo, cuando habla de la soledad del «Homo Sovieticus» (en referencia al concepto acuñado en su día por Aleksandr Zinóviev), explicando cómo «Entre la negación de la realidad, el deseo de venganza y una comunicación cuidadosamente orquestada, el presidente ruso intenta presentarse como el amo del juego. Pero tras más de cuatro años de guerra en Ucrania, estas viejas artimañas heredadas del pasado soviético están demostrando su ineficacia, y el líder del Kremlin está perdiendo credibilidad».
En cualquier caso, no es una situación demasiado diferente de la de Zelenski, pues retomar la iniciativa en el frente o volver a gozar el apoyo de unos aliados volubles y con notables problemas internos, no es tampoco una garantía de que la guerra termine bien para Ucrania. No porque no se pueda obtener un buen resultado sobre el papel, o garantías de seguridad, sino porque cuanto más se alargue mayor será el sufrimiento humano y económico, mayores los costes de reconstrucción y mayor todavía la cerrazón futura de una Rusia que sigue viendo todo esto como una confrontación con Occidente por su propia supervivencia.
En resumen, salvo sorpresa (no del todo descartable, pues las negociaciones seguirían en marcha y posiblemente avanzando en algunos puntos que exceden este conflicto como la cuestión estratégica), todo indica que tenemos guerra para rato. Rusia, como bien explican desde la inteligencia polaca, tiene la capacidad de prolongar la guerra durante años, aunque sea asumiendo costes desorbitados. Para ello, seguramente tendría que asumir una nueva movilización parcial, algo sobre lo que hemos hablado recientemente y que tiene cada vez más visos de ocurrir. En Ucrania, mientras tanto, seguirán intentando que el conflicto se cobre las menos vidas posibles confiando en la tecnología y llevando la guerra al interior de Rusia para desacreditar al Kremlin. Así pues, hay dos opciones básicas: 1) La guerra se libra hasta el fin, entendido ahora mismo como la toma de Sloviansk y Kramatorsk por parte rusa; 2) algún suceso no lineal cambia por completo el guion, siendo el más peligroso una situación en la que la estabilidad del régimen ruso se ponga en cuestión, ya que esto podría obligar a un Putin desesperado a ceder ante los halcones y acometer una escalada vertical.

Explicado todo lo anterior, a lo largo de las últimas horas, Rusia ha continuado castigando objetivos dentro de Ucrania, con particular énfasis en la región de Járkov y en Zaporiyia. En el primer casoí se han registrado al menos un civil muerto y siete heridos en la comunidad territorial de Zmiiiv, al sur-sureste de la capital regional. Además, un dron provocó un incendio en un edificio residencial en el distrito de Kholodnohirsky.
En el segundo caso, dos personas perdieron la vida y dieciséis más sufrieron heridas, tras un ataque ruso con drones que ha dejado numerosos daños materiales, incluyendo la destrucción de varias construcciones residenciales, como se puede ver en las imágenes compartidas por el gobernador regional, Ivan Fedorov.
Las bombas planeadoras, al igual que la artillería de campaña y los drones FPV también han causado daños en las últimas horas. Así, por ejemplo, una persona resultó herida tras el impacto de una FAB rusa en Druzhkivka, en la región de Donetsk. Del mismo modo en la aldea de Shevchenkivske, en la región de Zaporiyia, dos mujeres de 94 y 68 años y un hombre también de 68 años sufrieron heridas después de que su localidad fuese atacada con una bomba planeadora.
Del lado ucraniano apenas hay reportes en esta ocasión de ataques contra Rusia o los territorios ocupados por esta. O más bien no hay, todavía, noticias sobre sus efectos, pues entre los días 28 y 29 se habría producido otro gran lanzamiento ucraniano de drones contra diversos puntos del noroeste de Rusia y contra las regiones ocupadas.
Sí hay indicios, dicho esto, del éxito de algunos de estos ataques por ejemplo en Simferopol, en la península de Crimea, que seguirían a los de la jornada previa. También contra Kerch, localidad junto al estrecho del mismo nombre, en la que se habría producido al menos una fuerte explosión. Se habla, de hecho, de diferentes ataques ucranianos contra subestaciones eléctricas en Crimea, en un intento por seguir ampliando los cortes en el suministro que hemos ido viendo durante las últimas semanas con cada vez mayor frecuencia. Además, se ha constatado la destrucción de un nuevo viaducto en Crimea, en concreto el utilizado por la M17 que comunica el este de la península. Los restos, además, han caído sobre las vías férreas, lo que bloqueará por unas horas al menos el tráfico ferroviario en la región.
Por último, se ha hablado de un supuesto ataque ucraniano contra una base aérea rusa sin identificar que podría haber dejado dos Su-30 y/o Mig-29 rusos dañados, aunque por el momento no hay muchos más datos ni confirmación visual.
En cuanto a la actividad sobre el frente, las noticias llegan una vez más con cuentagotas. Se ha hablado, eso sí, sobre la supuesta baja supervivencia de los soldados rusos enviados al frente, algo sobre lo que conviene hacer algunos matices, ya que es muy desigual en función de la unidad de destino como bien apunta Rob Lee.
Del mismo modo, se ha hablado sobre el uso de drones FPV en combate, aportando cifras que pueden parecer asombrosas, pero que se han convertido en normales en esta guerra y que son sólo un anticipo de lo que podría depararnos el futuro si algunas previsiones se cumplen. Así, como ejemplo, tenemos que «puede tomar 150 FPV o más para detener un asalto mecanizado de tamaño pelotón a compañía» y que una brigada ucraniana «necesita entre 1.000 y 1.500 drones por semana en operaciones de combate sostenidas».
Por último, se ha hablado también sobre el número de efectivos que rusos y ucranianos mantienen en el frente, así como sobre las posibles bajas y, en definitiva, sobre si las cifras aportadas recientemente por Syrskyi eran o no fiables.
Pasando ya a los combates y los movimientos, durante la jornada dominical apenas se han reportado nuevos ataques rusos en torno al Oskil, contra las localidades de Kurylivka y Petropavlivka.
En Myrhorad/Pokrovsk, por su parte, ha vuelto a hablarse de los ataques rusos al noroeste y oeste de Rodinske, si bien no hay cambios respecto a lo que ya habíamos explicado la jornada previa.
Desde el sector de Konstyantinivka siguen llegando pruebas de los duros combates que allí se libran y que se extienden como hemos venido explicando no sólo al casco urbano de esta ciudad, sino a las localidades vecinas, como Illynivka.
En dirección a Pokrovske, las tropas rusas han izado su bandera en Pysantsi, zona relativamente alejada de la línea de contacto hacia el interior de las líneas ucranianas, si bien sería una más de las incursiones en profundidad que Rusia lleva a cabo constantemente, pero que no implican control del terreno per se.
En dirección a Orijiv, ha podido verse una bandera rusa en la localidad de Novoselivka, aunque sería como en el caso anterior una parte más de la habitual «guerra de banderas», más que una acción en firme.
Contexto internacional, diplomacia y sanciones
Comenzamos el repaso de la actualidad internacional en Moscú, en donde el presidente Putin afirmó que espera la visita de los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner una vez que Washington esté menos ocupado con la situación en Irán. El líder ruso declaraba durante el día que Rusia está “preparada para continuar las negociaciones” y para “discutir los detalles”, en referencia a la posible reanudación de los contactos con la Administración estadounidense. Así, el líder ruso vincula dicha posibilidad al cierre de la “fase caliente” del expediente iraní y a una menor carga de trabajo por parte de Washington.
Por otro lado, Putin afirmó, en relación con la cumbre celebrada en Anchorage con Donald Trump el año anterior, que “nadie firmó nada”, aunque sí se discutieron “ciertas posibilidades” para poner fin a la guerra en Ucrania. Además, señaló que la parte estadounidense había pedido compromisos incluidos en las propuestas planteadas por Washington.
En paralelo, destacan las últimas declaraciones del expresidente de EE. UU. Joe Biden, quien ha acusado al presidente Trump de “destruir la OTAN” y de “elegir a Putin por encima de los aliados estadounidenses” durante una gala de recaudación del Partido Demócrata. Biden, además, afirmó que Trump ha menoscabado la posición de EE. UU. en el mundo “más que ningún otro presidente de la historia”.
Por su parte, el ministro ucraniano de Exteriores, Andrii Sybiha, declaró que el denominado “espíritu de Anchorage” estaba muerto, después de que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmara que no se había alcanzado ningún acuerdo formal en aquella reunión. En este sentido, Sybiha insistió en que cualquier plan de paz que excluya a Ucrania está condenado al fracaso y emplazó a Moscú a sentarse a negociar seriamente o asumir que su situación seguirá deteriorándose.
También en el plano diplomático, Putin afirmó que Rusia continuará con sus objetivos militares con independencia de las propuestas ucranianas. Según Reuters, el presidente ruso rechazó una propuesta ucraniana de alto el fuego recíproco sobre ataques de largo alcance, al considerar que buscaba aliviar la presión sobre las fuerzas ucranianas en el frente. En esta línea, Putin defiende que Moscú mantiene como objetivo la “liberación completa” del Donbás y de lo que denomina “Novorossiya”, en referencia a Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón.
Durante el día, Putin también participó en el congreso del partido Rusia Unida y declaró que Rusia vive un momento crucial, que se encuentra bajo una presión “sin precedentes” por parte de las élites occidentales y que Occidente no ha logrado infligirle una derrota estratégica ni vencerla en el campo de batalla. Asimismo, acusó al “régimen de Kiev” de recurrir a “actividades terroristas” y sostuvo que Occidente “prefiere cerrar los ojos” ante estos ataques mientras impone nuevas sanciones, que Moscú califica de ilegales.
Putin también aseguró ante Rusia Unida que las elecciones a la Duma previstas para septiembre se celebrarán en plazo y conforme a la ley. En este contexto, Dmitry Medvedev, presidente del partido y vicepresidente del Consejo de Seguridad, que el partido oficialista presentará entre sus principales candidatos al veterano de guerra Vladislav Golovin -sancionado por la UE- y al corresponsal militar Yevgueni Poddubny. Entre los candidatos también figuran el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, el alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, y la comisionada rusa para los Derechos del Niño, Maria Lvova-Belova. Putin reiteró que los veteranos de la guerra contra Ucrania deben incorporarse a la vida política y administrativa rusa.
Por otro lado y cambiando de tema, Putin reconoció la existencia de colas en gasolineras y dificultades de abastecimiento de combustible en varias regiones rusas, al tiempo que vinculó la situación a los ataques ucranianos contra instalaciones energéticas. De este modo, el presidente ruso afirmó que era necesario minimizar el impacto de lo que calificó como ataques terroristas contra instalaciones civiles e infraestructuras, garantizar el suministro al sector agrícola y estudiar incluso una prohibición completa de las exportaciones de diésel. De hecho, la región rusa de Irkutsk ha declarado la implementación de un “estado de alerta máxima” con el fin de evitar una crisis mayor ante la escasez de combustible.
Cambiando de tercio, Kuwait ha ratificado el acuerdo de cooperación militar firmado con Kiev en marzo de 2026 y ha entrado en vigor de manera inmediata. El acuerdo, -al igual que otros similares que ha firmado Ucrania con países de la región-, cubre la cooperación técnico-militar, incluyendo suministro y mantenimiento de armamento, investigación y desarrollo conjuntos, logística y formación. Sybiha afirmó que dicho acuerdo constituía una respuesta oportuna en el contexto de los ataques iraníes contra Kuwait y otros Estados del Golfo.
Mientras tanto, las autoridades ucranianas estaban conmemorando el 30º aniversario de la Constitución de Ucrania. En un acto celebrado en la Lavra de las Cuevas de Kiev con presencia de representantes del cuerpo diplomático, Zelenski destacaba que Rusia ha golpeado 740 lugares religiosos en Ucrania, incluyendo la propia Lavra y la catedral de la Dormición durante el ataque del 15 de junio. Además, el presidente ucraniano firmó un decreto para restaurar monumentos, colecciones museísticas y edificios de la Lavra de cara al milenario de su fundación, y presentó un proyecto de ley para crear el Panteón Nacional Ucraniano.
Adicionalmente y para concluir, Zelenski aprovechaba la ocasión para anunciar la creación de una nueva condecoración: la Orden de Europa, “que se convertirá en un símbolo de la eficacia de nuestra defensa conjunta de Europa”. Así, Zelenski subrayaba que “Ucrania se ha ganado plenamente el derecho a ostentar una orden con este nombre, gracias a su lucha incansable por la supervivencia de Europa. Y todos aquellos que han permanecido y siguen permaneciendo codo con codo con nosotros en esta lucha serán honrados con esta distinción”. En particular, la Orden “honrará a personas por sus destacados méritos personales en el apoyo al rumbo estratégico de Ucrania hacia la plena adhesión a la Unión Europea, por su importante contribución para ayudar a Ucrania a fortalecer su capacidad de resistencia en la defensa de su independencia y la seguridad de toda Europa, por fortalecer la cooperación internacional en aras de la democracia, la paz y la buena vecindad, y por fomentar relaciones amistosas e integrales entre las naciones”.

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