Guerra de Ucrania – Día 1420

Los ataques rusos masivos han seguido causando estragos en las infraestructuras críticas ucranianas, que se enfrentan al que probablemente sea el invierno más duro desde el inicio de la guerra. Eso sí, Zelenski ha declarado que el frío «no ayudará» a Rusia a ganar la guerra, al tiempo que ha tratado de intensificar las conversaciones con los socios para recibir más ayuda y que siga presionándose al Kremlin. Más allá de esto, se ha reunido con dos senadores estadounidenses para abordar el proyecto de sanciones contra Rusia, así como con los líderes de Finlandia y Países Bajos. Desde Rusia, por su parte, siguen manteniendo su narrativa habitual, calificando los últimos ataques contra Ucrania como medidas de «represalia» consecuencia de los ataques de este país contra objetivos civiles en Rusia. En las últimas horas, en relación con esto, Ucrania ha atacado cuatro petroleros vinculados a la «Flota Fantasma» rusa cerca de Novorossiysk. Por último, también ha sido noticia hoy que la nominación de Shmyhal como viceprimer ministro y ministro de Energía no ha salido adelante.

Prosigue la campaña rusa de ataques estratégicos contra las infraestructuras ucranianas. Ideada en primer lugar por el depuesto general Surovikin, desde su implementación por primera vez en el invierno de 2022-2023 las tácticas rusas han mejorado notablemente, como sabemos. Además, los aumentos en la recepción y producción de drones Shahed y de misiles, han permitido incrementar notablemente las cifras de lanzamientos desde entonces.

Lo anterior se traduce en la práctica en que Rusia puede ahora emplear combinaciones más acertadas de drones y misiles, así como aprovechar avenidas de aproximación diferentes y capaces de sorprender a las defensas aéreas ucranianas, cantidades susceptibles de saturarlas. Además, por pura adaptación, ahora dispone también tanto de mejor información sobre posibles blancos, como de un objetivo general más definido, con lo que está logrando poner a Ucrania en una situación muy difícil, mientras el agotamiento de los defensores, que se mide en problemas de interceptación más de misiles que de drones, se hace patente para algunos.

En las últimas semanas han sido varias las regiones del país que han sufrido cortes de electricidad, pero también en los servicios de calefacción o agua corriente, en algunos casos de forma duradera. A día de hoy, el 70 por ciento de Kiev sigue sin electricidad, mientras se registran temperaturas que en algunos casos llegan a descender por debajo de -10º. Otros 45.000 abonados de Krivói Rog están en la misma situación. Odesa, como hemos ido relatando en los informes de las semanas previas, ha estado días y días o bien sin electricidad, o con cortes recurrentes, lo mismo que Dnipró o Zaporiyia.

Ahora bien, pese a todo este sufrimiento civil (recordemos que 2025 ha sido, desde 2022, además el año más mortífero para los civiles ucranianos) y problemas derivados, como los relacionados con la imposibilidad de producir material bélico o abastecer a las tropas de la forma esperada por cómo los cortes afectan a la industria, los ferrocarriles y otros servicios, la sociedad ucraniana no da demasiadas muestras de defección. No se han registrado, como es de esperar en estas situaciones, ni protestas masivas, ni saqueos, ni ningún otro síntoma de que la ruptura entre ciudadanía y Gobierno sea clara, ni siquiera a pesar de los recurrentes escándalos de corrupción (el último habría afectado al partido de la ex-primera Ministra, Julia Timoshenko).

Sólo a muy alto nivel, es decir, desde el Gobierno y algunos partidos de la oposición, comienza a hablarse de elecciones e incluso de un posterior referéndum y eso exclusivamente en relación con unas hipotéticas negociaciones de paz que deberían correr a cargo de un Ejecutivo con la máxima legitimidad posible (Zelenski parece mantener el apoyo popular, pero como hemos explicado en numerosas ocasiones, por diversas razones no ha convocado elecciones durante la guerra) y posteriormente ser avaladas por el pueblo en una consulta ad hoc.

Tampoco la situación en el campo de batalla, terrible pero controlable para unas AFu que sólo han dado ligeros signos de desfallecimiento parece que vaya a convertirse, de un día para otro, en un elemento que obligue a los decisores ucranianos a poner fin a la guerra. No en un contexto en el que no aprecian, por parte de Rusia, ninguna voluntad de alto el fuego.

Del mismo modo, las desavenencias entre aliados, con: 1) unos Estados Unidos ya abiertamente centrados en objetivos que van mucho más allá de Ucrania y con la atención fija en muchos escenarios al mismo tiempo y; unos aliados europeos que corretean como pollos sin cabeza, entre declaraciones políticas altisonantes pero sin sustancia real y anuncios que demuestran más debilidad que posibles, ayudan poco a que Ucrania se sienta lo suficientemente protegida de cara al futuro como para hacer de inicio concesiones del tipo de las que Rusia espera obtener.

Así las cosas, aunque es previsible que las conversaciones se intensifiquen en los próximos meses, nada hace pensar por el momento que la guerra pueda detenerse antes del final de la primavera, por más que un alto el fuego sea deseable para ambas partes; también para una Rusia cuya economía sigue (ahora sí, a pesar del voluntarismo y determinación de Putin, que intenta convencer a sus empresarios de lo contrario) dando muestras de debilidad y que está viendo cómo uno de sus principales salvavidas (poder valerse de la «Dark Fleet») empieza a hacer aguas, literalmente, aunque lo cierto es que hasta el momento apenas el 20% de los petroleros empleados por Rusia han sido afectados de una u otra forma.

Explicado esto, la pasada jornada nos dejó, según los datos oficiales, el lanzamiento de 318 drones y misiles por parte rusa, incluyendo 18 misiles balísticos Iskander-M, 7 misiles de crucero Iskander-K y 293 drones de ataque. Del total, los ucranianos aseguran haber derribado 240 drones, 5 misiles de crucero y 2 misiles balísticos. Además, dado que los datos corresponden a la jornada del 12-13 de enero, desde entonces los lanzamientos rusos han continuado, siendo varios los puntos de Ucrania alcanzados. De esta forma, el último informe ucraniano habla de 3 misiles balísticos Iskander-M más, así como de 113 drones lanzados por Rusia, de los que habrían derribado supuestamente 1 y 89 unidades respectivamente.

Entre los puntos afectados está Odesa, donde entre otros se han registrado daños en viviendas y al consulado de Polonia. También en Dnipró (donde se ha grabado el impacto de un Iskander-M) y en Krivói Rog, Járkov o Chernígov se han reportado explosiones. Y, por supuesto, nuevamente en Kiev, en donde los ataques nocturnos han dejado numerosos desperfectos, así como cortes eléctricos (que se combaten con generadores móviles) que han afectado una vez más a los consumidores y al transporte urbano, especialmente en la parte oriental de la ciudad.

Además de lo anterior, como cada día las bombas planeadoras han sido empleadas por decenas, causando además dos muertos civiles en la región de Donetsk, mientras que la artillería también ha dejado daños materiales y personales, como por ejemplo dos heridos en Nikopol tras ser afectada una vivienda.

Del lado contrario, Ucrania se ha centrado en las últimas horas en atacar buques de transporte de crudo que transportan el petróleo ruso, alcanzando hasta cuatro embarcaciones distintas: el «Delta Harmony» (IMO: 9408463); el «Matilda» (IMO: 9407457); el «Freud» (IMO: 9804461) y el «Delta Supreme (IMO: 9804461), todos ellos en las inmediaciones de Novorossiysk.

Recordemos que los ataques contra petroleros no buscan (o buscaban) ser masivos, sino selectivos, con el objetivo fundamental de sembrar el temor entre los armadores y el opaco sistema de actores interpuestos que hace posible el funcionamiento de la «Dark Fleet» rusa (que es de todo menos rusa, teniendo que mirar a Grecia, Emiratos, etc.). De hecho, en esta redacción siempre sorprendió que Budanov no lanzase ataques directamente contra las personas detrás de este entramado, en la forma de asesinatos selectivos…

Además de esto, los ucranianos han vuelto a alcanzar la ciudad rusa de Rostov, en donde se cree que han alcanzado las instalaciones de un fabricante de pintura industrial denominado «Empils», provocando de paso un gran incendio dada la acumulación de productos volátiles. Además, allí se ha registrado también un posible lanzamiento fallido de un misil interceptor empleado por un sistema S-300/400 que habría afectado a un bloque de apartamentos.

Por último, han trascendido los daños causados por recientes ataques ucranianos a las instalaciones de exportación de LNG rusas de Taman, en la región de Krasnodar, que serían extensos y de difícil reparación, al menos a corto plazo, al haber sido destruido casi por completo el muelle de carga y posiblemente las bombas encargadas de empujar el gas a los buques.

Pasamos ahora al análisis de la parte de la guerra que se libra sobre el terreno, con la noticia del posible cese del general Sukhrab Akhmedov (AKA el «carnicero de Vuhledar») después de que sucesivos ataques mecanizados y blindados en dirección a Dobropillia terminasen en desastre, como hemos ido recogiendo en distintos informes. Una noticia por confirmar, que sería un cambio importante aunque no del todo lógico, aunque sólo sea porque al enviarle a la zona junto a la infantería naval, se sabía de antemano cuál iba a ser su proceder…

Las novedades, en cualquier caso, son las siguientes:

En el sector del Oskil, además de los combates en Kupiansk y sus alrededores, en las últimas horas se ha hablado de nuevos ataques rusos más al sur, en dirección a Bohuskavka desde la más septentrional Zahryzove así como desde el este, consiguiendo la infantería rusa hacerse con algunos campos de cultivo entre esta última localidad y la vecina Lozova.

En dirección a Limán, la situación es la misma de los días previos, con ataques rusos constantes especialmente en el flanco norte de la ciudad, hacia Sviatohirsk, Yarova o Dobrysheve. Una situación que se repite al sur, desde los bosques del Donetsk y que es extensible al vecino sector de Sirversk, en donde las tropas rusas podrían haber logrado pequeños avances al oeste de Sviato Pokrovske.

En Konstyantynivka, por su parte, mientras los ucranianos tratan de contener a los rusos atacando al este y sureste de la ciudad, las tornas se están invirtiendo en los últimos días, como hemos venido contando, al suroeste, en donde las defensas ucranianas en torno a Yablunivka estarían cediendo.

Hacia Dobropillia, a la espera de la confirmación del cese del general ruso, se discute respecto al grado de avance logrado por sus subordinados en los últimos meses.

Al sur del frente, en dirección a Pokrovske, siguen produciéndose incursiones de DRGs rusos hacia Bratske, Herasymivka o Radisne, entre otros, todos ellos más allá del Haichur. En el caso de Gualiaipolé, por su parte, las últimas noticias hablan de asaltos rusos sobre Varvarivka, si bien la situación en la zona es particularmente confusa, pues no parece haber presencia ucraniana allí, a pesar de que las AFU aseguran haber repelido el ataque ruso.

Contexto internacional, diplomacia y sanciones

A nivel internacional la jornada volvió a quedar marcada por la combinación de dos elementos que ya se retroalimentan: la presión militar rusa sobre infraestructuras críticas en pleno invierno y el pulso político por sostener (y ampliar) la asistencia occidental a Ucrania. La nueva oleada de ataques aéreos, centrada de nuevo en el sistema energético, elevó el coste social inmediato como se ha explicado en la sección anterior y, a la vez, reabrió el debate en las capitales europeas sobre las sanciones.

Antes de entrar en estas cuestiones, hay que destacar que Zelenski ha vuelto a tocar el tema de Irán. En particular, lo ha hecho afirmando que desde Ucrania apoyan la posición sobre Irán: “un régimen que ha durado tantos años y ha causado tantas muertes no merece existir. Se necesitan cambios”. Así, lo ligaba con la guerra en Ucrania diciendo que “También se necesitan cambios en Europa: el derramamiento de sangre que Rusia inició y es el único que todavía prolonga debe llegar a su fin”. A esto debemos añadir que según Bloomberg Irán ha entregado misiles a Rusia por importe de 2.700 millones de dólares, en una cooperación que comenzó a finales de 2021.

Desde Kyiv, Zelenski insistió en su discurso diario en que el objetivo ruso sigue siendo el mismo -“energía” en pleno invierno- y vinculó la resistencia interna con la necesidad de acelerar entregas y decisiones aliadas, señalando que “Rusia debe entender que el frío no le ayudará a ganar la guerra”. Así, señalaba que el día no había sido fácil con otro ataque ruso con 18 misiles balísticos, además de misiles de crucero y drones de ataque.

En paralelo, Moscú mantuvo su patrón habitual, pues su Ministerio de Defensa afirmó responder a los “ataques terroristas de Ucrania contra objetivos civiles en territorio ruso”. Es decir, sigue justificando los ataques masivos como sus medidas “de represalia”. Además, el Ministerio de Exteriores continúa defendiendo que el Reino Unido y la UE “están bloqueando deliberada y sistemáticamente” los esfuerzos de paz, añadiendo que “incluso la posibilidad de paz es vista por las élites gobernantes de estos países y la burocracia como una amenaza para su menguante dominio global”.

Durante el día, además, los contactos a alto nivel entre Ucrania y sus socios han continuado. De este modo, Zelenski ha hablado en primer lugar con el primer ministro de Países Bajos, Dick Schoof, para discutir el apoyo energético, la recuperación tras los ataques rusos y las necesidades de defensa aérea. Precisamente sobre la ayuda, Zelenski recalcaba que la iniciativa PURL necesita financiación y ha reconocido que “los avances en enero han sido insuficientes”.

En segundo lugar, el líder ucraniano conversó con el líder de Finlandia, Alexander Stubb, con quien la llamada se centró más en la situación diplomática, las opciones de negociación y, sobre todo, el contexto más amplio de la relación Europa-Estados Unidos.

En tercer lugar y en relación con EE. UU., mantuvo una llamada con los senadores estadounidenses Lindsey Graham y Richard Blumenthal centrada en dos cuestiones principales: la escalada de ataques rusos contra la infraestructura energética ucraniana, y el frente político en Washington. Según la Presidencia, Zelenski trasladó que Rusia está combinando ataques con “cientos de drones y decenas de misiles” en pleno episodio de frío, y subrayó que la prioridad inmediata pasa por la disponibilidad de misiles de defensa aérea.

Además, y como podía intuirse, Zelenski y los senadores abordaron el estado del proyecto de ley de sanciones impulsado desde el Senado, que Kiev considera potencialmente determinante para elevar el coste a Rusia y a quienes la sostienen. Igualmente, el presidente actualizó a los senadores sobre los contactos con los enviados del presidente Trump y que las partes están muy cerca de finalizar los documentos que han venido negociando.

En esta línea, Zelenski volvió a señalar que el trabajo con Washington apunta a implementar “en un futuro cercano” los formatos de firma y aprobación legal, tanto en el Congreso estadounidense como en el Parlamento ucraniano. Por tanto, parece que las conversaciones en particular sobre el documento bilateral de seguridad siguen encarriladas, aunque seguimos a la espera de que se confirme la posible reunión entre Zelenski y Trump en Davos la semana que viene.

Retomando el asunto de las sanciones, la ministra de Exteriores de Suecia, Maria Malmer Stenergard, ha planteado que el 20º paquete de sanciones de la UE debería incluir un veto total a que empresas europeas presten servicios a buques rusos: transporte, transbordos, seguros y reparaciones en puertos. La propuesta incorpora también sanciones sobre fertilizantes rusos y el cierre definitivo del grifo de exportación de bienes de lujo hacia Rusia; propuesta que Finlandia también apoya.

En cuanto al calendario, la Alta Representante, Kaja Kallas, declaraba en una rueda de prensa junto al ministro de defensa alemán “estamos avanzando en el 20º paquete de sanciones y pretendemos finalizarlo el próximo mes”. Por su parte, Euractiv ha informado que se espera que la UE presente el 20º paquete para el 24 de febrero. Un asunto que no deja de ser interesante pues en otoño escuchamos a los líderes de la UE afirmar que el paquete se presentaría “pronto” y, si finalmente se presenta el 24 de febrero, una vez más habrán optado por el simbolismo de hacer coincidir su presentación con el cuarto aniversario de la guerra en lugar de lanzar su presentación lo antes posible -teniendo en cuenta que solo se trata de la presentación y que posteriormente vienen las negociaciones.

Pasando a la política interna ucraniana, una de las principales noticias hoy ha sido el rechazo por parte de la Verkhovna Rada a la nominación del ex primer ministro y ministro de Defensa, Denys Shmyhal, como nuevo viceprimer ministro y ministro de Energía. En un voto que ha sorprendido al gobierno ucraniano, solo 210 miembros votaron a favor necesitándose 216 votos para que el nombramiento salga adelante. Por tanto, el puesto sigue vacante desde hace casi dos meses y Shmyhal deberá enfrentarse a una segunda votación durante la próxima jornada.

Para concluir, del lado de Rusia también hay que comentar que tras la incautación del “Bella-1” (“Marinera”), la compañía Roszarubezhneft ha afirmado que todos sus activos en Venezuela son propiedad del Estado ruso y que continuará cumpliendo sus compromisos en estrecha coordinación con sus socios internacionales y centrándose en “el desarrollo sostenible de proyectos conjuntos de producción de petróleo, infraestructura y una respuesta eficaz a los desafíos emergentes”.


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