La jornada 1414ª de guerra en Ucrania ha estado protagonizada por Trump, quien ha dado verde a un proyecto destinado a sancionar a aquellos países que compran petróleo ruso, citando a India, Brasil o China. Además, también ha amenazado a la propia industria de defensa estadounidense con medidas draconianas destinadas a aumentar la capacidad de producción. Por otra parte, la jornada nos ha dejado la exigencia por parte de Zelenski a sus socios, nuevamente, de garantías de seguridad sólidas, mientras espera reunirse pronto con Trump. Además, el enviado ruso Dmitriev ha estado de visita en París, reuniéndose con funcionarios de Estados Unidos, finalmente operativos estadounidenses han asaltado el petroleo ruso «Bella 1» y, como cada día, han seguido produciéndose combates e intercambios a larga distancia, con Rusia castigando la infraestructura energética y eléctrica de su enemigo, provocando de paso apagones en varias localizaciones.
El mundo sigue girando hacia la creación de zonas de influencia y la ruptura del orden internacional post-Segunda Guerra Mundial. En este marco, en el que lo que más preocupa a los norteamericanos es la competencia estratégica con China, la administración Trump estaría decidida a romper en muchos sentidos con la ortodoxia económica tradicional del Partido Republicano para imponer una serie de medidas que podríamos calificar de draconianas, dirigidas específicamente al complejo militar-industrial estadounidense. El objetivo central de estas políticas, si logran salir adelante, pasaría por forzar una reindustrialización acelerada y un incremento sustancial en la capacidad de producción de armamento, que se considera actualmente insuficiente para mantener una disuasión creíble frente al rápido rearme de Pekín.
La medida más contundente y controvertida sería la prohibición directa a las grandes empresas de defensa (los «prime contractors» como Lockheed Martin, Boeing, RTX, etc.) de repartir dividendos entre sus accionistas y de realizar recompras de acciones propias, algo que venían haciendo regularmente aprovechando la subida en el valor de la cotización a la que hemos asistido en los últimos años. El argumento de la Casa Blanca es que estas prácticas financieras han drenado el capital de las compañías, desviando miles de millones de dólares hacia los bolsillos de los inversores en lugar de reinvertirlos en infraestructura productiva, investigación y desarrollo o en la ampliación de las líneas de montaje. Según esta visión, la industria de defensa se había «financiarizado» en exceso, priorizando la rentabilidad a corto plazo sobre la seguridad nacional a largo plazo y obteniendo beneficios tras operar en los mercados financieros, en lugar de dedicarse al que sería el «core» de su negocio: la venta de armas, sistemas de armas, plataformas y soluciones y productos de todo tipo relacionados con la defensa.
Para asegurar el cumplimiento de estas directrices, se ha planteado condicionar la adjudicación de nuevos contratos gubernamentales a la demostración fehaciente de que los beneficios se están reinvirtiendo en «plantas y equipamiento», lo que es un poderoso argumento para forzar a los consejos de dirección a cambiar un rumbo que, todo sea dicho, no beneficiaba en nada a los intereses estadounidenses. Y es que, como hemos venido diciendo, pues ya Hegseth había advertido sobre la necesidad de incrementar la capacidad de producción y la agilidad de los programas o los mecanismos de adquisición (algo sobre lo que la UE debería aprender mucho), los ritmos anteriores a la Guerra de Ucrania son totalmente inadecuados para un futuro en el que la masa -y concretamente la «masa inteligente»- será un elemento fundamental.
Para ello, es necesario multiplicar como decimos la producción –algo en lo que ya estaban-, pero también enterrar los largos y caros programas como el F-35 (del que el FCAS no deja de ser el reverso europeo no por el aparato o aparatos en sí, sino por el concepto y complejidad del propio programa) en favor de soluciones incrementales y modulares que permitan poner el acento en lo importante: el paso del paradigma plataforma-céntrico al de la guerra mosaico y el «sistema de sistemas».
Adicionalmente, el presidente norteamericano ha puesto también el foco en las remuneraciones de los ejecutivos, pues considera que los paquetes salariales exorbitantes de los directivos no están justificados dado el historial reciente de retrasos en las entregas y sobrecostes en programas clave. Así pues, podrían imponerse topes salariales estrictos a la cúpula directiva de estas corporaciones hasta que se resuelvan los cuellos de botella en la producción, siempre que entendamos por «estricta» una remuneración de hasta 5 millones de dólares al año (si bien muchos de estos directivos, entre fondos de pensiones y paquetes de acciones pueden llegar a ingresar decenas de millones en un único ejercicio).
Lo relevante, en cualquier caso, es que Estados Unidos se está preparando para un mundo nuevo, que no es únicamente consecuencia de los deseos de Trump, por más que él esté actuando de catalizador de muchas tendencias y que su particular personalidad haga del camino algo todavía más inestable e impredecible. Un mundo en el que para Washington, la seguridad nacional se antepone a la libertad de mercado corporativa y en el que se asume que el mercado, por sí solo, no ha sido capaz de generar la capacidad industrial necesaria para librar con garantías un conflicto de alta intensidad.
Por tanto, el Estado, que muchos creían caduco, vuelve a tomar las riendas y a intervenir de manera agresiva para corregir estos fallos de mercado desde una perspectiva de seguridad, alineando los incentivos corporativos con los intereses geopolíticos de Estados Unidos y ayudando a proveer un bien público, la seguridad, que parecía irrelevante a los ojos de muchos. El mensaje, además, es claro de cara al exterior: en un momento de rivalidad sistémica con una superpotencia manufacturera como China, la industria de defensa estadounidense debe volver a su función primordial de ser el «arsenal de la democracia», aunque para ello sea necesario suspender temporalmente las reglas del juego financiero habitual y la propia democracia sea puesta en cuestión en muchos sentidos.
La jornada 1414ª habría sido testigo, según el Estado Mayor ucraniano, del lanzamiento por parte rusa de hasta 96 vectores de largo alcance, incluyendo 95 drones Gerbera y Shahed y 1 misil balístico Iskander-M. De esta cifra, los ucranianos afirman haber derribado o neutralizado 82 de los drones atacantes y el misil balístico, gracias a su defensa antiaérea y equipos de guerra electrónica.
Entre otras localizaciones, se han reportado explosiones en Dnipró, ciudad fluvial a la que en las últimas horas (posteriores a la publicación del informe oficial ucraniano) se habrían dirigido hasta una veintena de drones Shahed, provocando un apagón. No ha sido en cualquier caso la única ciudad castigada de esta forma, ya que en Krivói Rog se ha vivido una situación similar, resultando además heridas al menos 8 personas, mientras que en Nikopol esta cifra habría ascendido hasta las 14. Por último, al menos un civil falleció y 5 más sufrieron heridas tras un ataque ruso con drones contra las instalaciones portuarias ucranianas de Odesa.
A los daños anteriores hay que sumar, una jornada más, los causados por las bombas planeadoras y los drones tácticos. En el primer caso, han vuelto a ser empleadas con profusión, lo mismo que en el segundo. Además, según la línea de frente cambia, y el alcance de las FABs guiadas mejora, se van viendo afectadas nuevas áreas del este de Ucrania, lo que obliga a las autoridades a decretar nuevas evacuaciones, como ha ocurrido recientemente en el distrito de Synelnykove, en la región de Dnipró, en donde se ha iniciado la evacuación forzosa de las familias con menores en varias localidades. Además, la artillería también ha jugado su papel, atacando objetivos civiles por ejemplo en Jersón, en donde se ha constatado el empleo una vez más de municiones de cluster.
Del lado contrario, durante las últimas horas apenas se ha informado de explosiones en la localidad costera de Mariúpol, bajo ocupación rusa.
Más allá de lo anterior, el otro suceso reseñable del día ha sido la captura del petrolero ruso «Bella 1» por parte de Estados Unidos, en una acción que ha contado con el respaldo británico en forma de apoyo logístico y diplomático, y que ha permitido, pese al despliegue de buques y un submarino rusos, hacerse con una embarcación que estaba sancionada. Como curiosidad, los británicos habrían puesto en vuelo hasta 8 cazabombarderos Typhoon coincidiendo con la misión de abordaje, lo que hace a muchos pensar que el «Bella 1» podría ser algo más que un petrolero, si bien lo más probable es que fuese una medida disuasoria frente a posibles salidas de la aviación rusa, así como contra sus unidades navales en la zona.
De hecho, ni siquiera ha sido el único buque abordado en las últimas horas, pues en este caso en el Mar Caribe, el petrolero M/T «Sophia» ha sufrido un destino similar, tras descender operativos estadounidenses sobre su cubierta desde un helicóptero naval. Es más, el «Bella 1» y el «Sophia» se suman, en realidad, a una lista en la que también figuran, desde diciembre, el «Centuries» y el «Skipper».
Sobre el frente, mientras siguen trascendiendo vídeos con soldados rusos a caballo hostigados por los drones ucranianos, las novedades hoy son las siguientes:
En el sector de Sumy, las fuentes más cercanas a Ucrania confirman la toma por parte rusa de Andriívka y Oleksiívka, sobre las que habíamos hablado en informes anteriores.
En el sector de Siversk, continúan los combates y los intentos rusos por ir más allá de esta ciudad, que a pesar de haber caído semanas atrás, no ha permitido a Rusia avances importantes hacia las poblaciones que actúan como escudo de Sloviansk (Kalenky, Nikolaevka…), su objetivo último.
Más al sur, desde Bakhmut, las tropas rusas siguen progresando al norte de Chassiv Yar, con la vista puesta en en las tierras al oeste del canal de agua dulce, adentrándose en Novomarkove y también en Markove, más al sur, mientras buscan avanzar hacia Fedorivka.
Al sureste, en dirección a Dobropillia, la infantería rusa sigue atacando para tratar de hacerse con las posiciones de las AFU al norte de Shakove, entre esta población y Kucheriv Yar. Las AFU, por su parte, continúan lanzando contraataques más al sur, entre esta zona y el norte de Pokrovsk, buscando expulsar a los rusos de Rodinske, como sabemos un punto vital. Además, habrían hecho lo propio al oeste de Pokrovsk, en la zona de Udachne, intentando limitar el control ruso de la zona al norte de la vía férrea.
En el sector del Vovcha, hay cambios a favor de Rusia al sur de Novopavlivka, que continúan asediando.
Al sur del frente, siguen los intentos rusos al oeste de Gualiaipolé, en donde habrían intensificado recientemente sus asaltos, y logrado algunos progresos al sur, al tiempo que bombardean intensamente el pequeño asentamiento de Hualiaipilske, al oeste-suroeste de Gualiaipolé.
Cerramos hoy con el sector del Dniéper, toda vez que el Ejército ruso ha seguido lanzando ataques en Primorske, con sus DRGs infiltrándose incluso en zonas al norte de esta población, en dirección al río Konka y al cruce por la E105.
Contexto internacional, diplomacia y sanciones
La jornada internacional ha seguido marcada por las negociaciones de paz, así como por la resaca de la reunión de la Coalición de Voluntarios en París. Es más, tan solo un día después de la cumbre, Zelenski ha trasladado un mensaje incómodo a sus socios europeos al decir que no ha recibido respuesta “clara e inequívoca” sobre qué harían, en concreto, si Rusia vuelve a atacar tras un eventual alto el fuego, y reclama garantáis de seguridad sólidas y jurídicamente vinculantes. En paralelo, Zelenski llegó a sugerir que, si la presión sobre el agresor se sostiene, la guerra podría terminar durante la presidencia chipriota, es decir, en los primeros seis meses del año.
Durante el día y como estaba previsto también han continuado las conversaciones entre ucranianos y estadounidenses, cuyos equipos negociadores tenían previsto discutir los temas más sensibles relacionados con el fin de la guerra y, en particular, la cuestión territorial y la situación de la central nuclear de Zaporiyia.
En este caso, ha sido el negociador jefe ucraniano, Rustem Umerov, quien ha confirmado que efectivamente han mantenido la tercera ronda de consultas en dos días con los enviados especiales estadounidense Steve Witkoff y Jared Kushner (yerno de Trump), así como el embajador de EE. UU. en Francia, Charles Kushner (padre del anterior), y el asesor de la Casa Blanca, Josh Gruenbaum. En cuanto al contenido, según Umerov, han mantenido un “debate sustantivo” sobre los elementos clave del marco básico para el fin de la guerra, así como en posibles formatos para futuros contactos a nivel de líderes con Ucrania, los socios europeos y EE. UU.
Pero, además, antes de este encuentro y después de la reunión de la Coalición, la delegación ucraniana había mantenido consultas con los asesores de seguridad nacional de Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Polonia y Turquía, con la participación de EE. UU., la OTAN, la Comisión Europea y el Consejo Europeo para debatir los “parámetros específicos de las garantías de seguridad”, la disuasión de la agresión rusa y la lógica de los próximos pasos en el proceso de paz. Igualmente, Umerov insistía en que es importante que los enfoques “pasen cada vez más de las declaraciones políticas a las decisiones prácticas”.
Sobre las negociaciones, Zelenski ha afirmado que quiere tener una nueva reunión con el presidente Trump pronto para evaluar la propuesta ucraniana consistente en que las garantías de seguridad sean por un periodo de 15 años. Además, considera que “los estadounidenses están siendo productivos en este momento: estamos obteniendo buenos resultados” -algo que respaldaba Kyrylo Budanov, nuevo jefe de la oficina presidencial, al declarar que “no toda la información puede hacerse pública, pero ya se están logrando resultados”. Sin embargo, Zelenski precisaba que Washington necesita presionar a Rusia y que “tienen las herramientas y saben cómo usarlas”.
A colación de la presión sobre Rusia, el senador republicano Lindsey Graham ha confirmado que Trump ha dado luz verde al proyecto de ley bipartidista de sanciones contra países que hacen negocios con Rusia comprando su petróleo y citaba especialmente a China, India y Brasil como posibles objetivos de la legislación. Por tanto, Trump permitirá que avance en el Congreso y el texto podría ser sometido a votación la semana que viene.
Por otro lado, hay que destacar que se ha tenido noticia de que el enviado ruso, Kirill Dmitriev, -quien recordemos ha viajado en varias ocasiones hasta EE. UU. para negociar-, estaba en París. El Elíseo ha negado que Dmitriev haya visitado el palacio presidencia, aunque al parecer sí fue recibido en la embajada de EE. UU. No obstante, y por el momento, no hay más detalles.
En el caso de los socios, de un lado, el presidente francés Macron estaría planeando hablar con Putin “lo antes posible” y, de otro, el primer ministro británico Starmer anticipa una votación parlamentaria sobre el envío de tropas británicas a Ucrania.
Dejando a un lado las negociaciones, el presidente Zelenski se ha desplazado hasta Chipre para asistir al acto de inauguración de la presidencia de Chipre del Consejo de la Unión Europea. En su discurso, el mandatario ucraniano enmarcó la presidencia chipriota como una ventana para decisiones “fuertes” que refuercen a Ucrania y a Europa, y para mantener a Ucrania entre las prioridades del semestre. En esta línea, Kiev cuenta con dos prioridades: 1) que se produzca un avance real en la adhesión de Ucrania a la UE, abriéndose los clústeres de negociación; y 2) mantener la presión sobre Rusia.
A propósito de las sanciones Zelenski insistía en que el final de la guerra de agresión llega cuando se “agota” la fuente del conflicto, pidiendo así actualizar sanciones, perseguir la flota fantasma, e insistiendo en que “cada dólar que Rusia pierde es un dólar que no alimenta al agresor”.
Además, durante su estancia en Nicosia, Zelenski se reunió con Nikos Christodoulides, presidente del país. Precisamente durante su encuentro discutieron sobre las prioridades ucranianas, prestando especial atención a las sanciones y a las propuestas para el 20º paquete de sanciones de la UE, así como la situación diplomática, el apoyo de defensa, el fortalecimiento de la defensa aérea, el suministro de drones y la participación de Chipre en la iniciativa PURL y el instrumento SAFE, el apoyo humanitario
No obstante, Zelenski volvió a verse con Christodoulides junto al presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para discutir sobre las mismas cuestiones, aunque con especial atención al apoyo de defensa por parte de los Estados miembros de la UE y la cooperación en el marco de SAFE. En cuanto a la ayuda financiera europea, desde la presidencia ucraniana se insiste en que la asignación de 90.000 millones de euros para 2026-2027 debe aterrizar en un mecanismo “práctico” para “garantizar que estos fondos realmente beneficien a nuestro país”.
Por otro lado, Zelenski también se ha reunido con Maia Sandu, la presidenta de Moldavia, con quien impulsará en paralelo la apertura simultánea de los primeros clústeres de negociación para la adhesión. Además, discutieron sobre el desarrollo de su cooperación comercial, económica, agroindustrial bilateral, la asociación en materia de seguridad y la implementación de proyectos conjuntos de infraestructura y fronteras, pero también sobre el fortalecimiento de su cooperación trilateral con Rumanía.
El ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, también aprovechó la ocasión para reunirse con su homólogo chipriota, Konstantinos Kombos, e informarle sobre el apoyo a Ucrania, los esfuerzos de paz, la presión sobre Rusia y las garantías de seguridad. Además, se ha visto con su homóloga emiratí, Lana Nusseibeh, para discutir sobre sus relaciones bilaterales y cómo Emiratos puede ayudar a la infraestructura energética ucraniana, pero también con su contraparte de Baréin, Abdullatif bin Rashid Al Zayani. En este caso, Sybiha ha reafirmado la disposición de Ucrania de cooperar con su país en el marco de su elección para formar parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de su presidencia del Consejo de Cooperación del Golfo.
Para concluir, Zelenski también se ha visto con Su Beatitud Georgios, arzobispo de Nueva Justiniana y de todo Chipre, Primado de la Iglesia de Chipre, a quien ha agradecido el reconocimiento de la autocefalia de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania. Zelenski también le ha informado sobre los esfuerzos de paz y destacó la importancia del apoyo moral y humanitario de la Iglesia de Chipre, en particular en lo relacionado con la restauración de lugares religiosos y el retorno de los menores ucranianos deportados y/o trasladados ilegalmente por parte de Rusia.

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