Guerra de Ucrania – Día 1404

Durante la última jornada han tenido lugar tanto una llamada telefónica entre Trump y Putin, como el esperado encuentro entre el norteamericano y Zelenski, en la que habría sido una reunión productiva que habría permitido avanzar en documentos clave, como el de las garantías de seguridad estadounidenses a Ucrania. Sobre este tema, según han declarado, habrá garantías de seguridad sólidas, en las que los países europeos estarán “muy involucrados”, si bien no se han ofrecido más detalles, a la espera de próximas reuniones, como las que implicarán en enero nuevamente a Trump y, también, a los líderes europeos. Más allá de esto, mientras los combates continúan, con investigaciones en el seno de las AFU a propósito de lo ocurrido en Gualiaipolé, también ha sido noticia el acuerdo de alto el fuego temporal en torno a la central nuclear de Zaporiyia, que permitirá reparar las infraestructuras que permiten el suministro eléctrico a la planta y, también, la situación de la alerta temprana rusa; un tema sobre el que se habla poco, pero que es muy relevante por la ansiedad que genera en Moscú en relación con los Estados Unidos y por lo que podría suponer en cuanto a errores de cálculo y escaladas inadvertidas.

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A la espera de lo que ocurra en enero, cuando se reúnan los líderes europeos con Zelenski y Trump, el encuentro entre ucranianos y estadounidenses habría sido muy productivo, como se explicará en la segunda parte del informe, al avanzarse en lo relativo a las garantías de seguridad por parte estadounidense. No es, sin embargo, la única noticia de un día que ha dejado otras muy interesantes no tanto para la guerra de Ucrania per se, como para el macroconflicto del cual esta no es más que una parte.

Hablamos, una vez más de estabilidad estratégica, en este caso desde el punto de vista técnico, ya que un artículo de Pavel Podvig recientemente publicado habla sobre cómo las capacidades rusas de alerta temprana basadas en el espacio se encontrarían bajo mínimos. La noticia es importante, pues cualquier degradación significativa de la alerta temprana rusa, tanto en su componente espacial como en su infraestructura terrestre, incrementa en la práctica la incertidumbre en el tramo temporal más crítico de una crisis nuclear: aquel en el que se debe identificar el tipo de amenaza y, por tanto, la respuesta.

La función principal de estos sistemas, para quien no lo sepa, va más allá de la mera detección de lanzamientos contrarios, pues deben ser capaces de proporcionar confirmación cruzada y permitir una evaluación gradual de la situación. Es por ello por lo que, cuando la red pierde redundancia y cobertura, el mando político (estas decisiones se toman al más alto nivel) dispone de menos tiempo y de menos fuentes independientes para discriminar entre un ataque real, una anomalía técnica o una señal ambigua (recordemos casos muy conocidos, como el del incidente del equinoccio de otoño). Así las cosas, y ciñéndonos a la teoría de la disuasión, qué el entramado ruso esté hecho unos zorros eleva significativamente el riesgo de errores de percepción y, por tanto, de escalada involuntaria.

Para los lectores que deseen una explicación más técnica (sobre la que no podemos extendernos demasiado, aunque hay artículos magníficos en abierto), cabría hablar de dos elementos separados. Por un lado, los satélites de infrarrojos aportan una detección temprana del lanzamiento y ayudan a caracterizar la firma del vector o vectores empleados antes de que los radares terrestres, limitados por la línea de visión y la geometría, puedan observar la trayectoria y calcular el punto y momento del posible o posibles impactos. Por otro, los satélites contribuyen a la resiliencia del sistema de alerta temprana al ofrecer una vía alternativa de detección en caso de degradación o saturación del componente terrestre, que recordemos que en su momento ya fue atacado por Ucrania en más de una ocasión. Así las cosas, si ese respaldo se debilita, la arquitectura de mando y control (en este caso rusa) se volvería mucho más dependiente de un número menor de nodos críticos, lo que aumenta la vulnerabilidad a daños físicos, interferencias y operaciones de engaño.

Esta situación, ya de por sí peligrosa, se vuelve crítica cuando hablamos de un conflicto abierto, pues cualquier actor que vea amenazada su capacidad de detección podría llegar a interpretar los ataques a sensores como parte de una campaña de cegamiento enemiga destinada a crear condiciones para un primer golpe posterior o para coerción nuclear. Incluso si el atacante persigue objetivos estrictamente tácticos o simbólicos, el receptor puede atribuir intenciones más graves. Esta asimetría entre intención y percepción es una fuente clásica de inestabilidad en crisis de la que ya hablamos al tocar el asunto de los ataques ucranianos a los radares de alerta temprana rusos. Y es que aquí es necesario un poco de empatía, situándose en el lugar del otro y tratando de entender cómo ve Rusia la situación en su conjunto, máxime cuando considera que la Ucrania de Zelenski no es más que un mero proxy occidental. O, lo que es lo mismo, que a pesar de las protestas públicas desde Washington tras los ataques ucranianos a los radares rusos, sería Washington quien estaría detrás de ellos, al proporcionar inteligencia de objetivos a Kiev, buscando mellar la red rusa.

Claro está, todo tiene consecuencias. Moscú ya ha anunciado una modernización de su triada nuclear dentro del próximo plan de armamentos. Además, como sabemos, en los últimos años ha presentado armas de tercer ataque destinadas a apuntalar la disuasión, así como armas estratégicas cinéticas (aunque con capacidad nuclear) como el Oreshnik, recientemente desplegado en Bielorrusia . Lo que es peor, ya que todo esto podría no ser suficiente, el desequilibrio estratégico (y recordemos que China debe meterse en la ecuación, lo mismo que Corea del Norte, mientras pasamos a una segunda era nuclear) podría forzar por parte rusa posturas más conservadoras y potencialmente más peligrosas.

Es así porque un sistema con peor capacidad de confirmación tiende a favorecer la rapidez en las decisiones (por si acaso) y la dependencia de reglas preestablecidas, en detrimento de la deliberación y las decisiones ajustadas a la amenaza real (buen momento para ver «Una casa llena de dinamita» o leer el libro en el que se basa la película). También puede aumentar la propensión a elevar el nivel de alerta de fuerzas estratégicas durante episodios ambiguos, lo que incrementa el riesgo de incidentes, accidentes y escaladas no deseadas por mera interacción (por ejemplo, en ejercicios). Además, todo esto va más allá de la relación bilateral entre grandes potencias (EEUU Vs Rusia en este caso), sino que introduce incertidumbre adicional en terceros (Corea del Norte, China), que pueden ajustar sus propias posturas al percibir un mayor riesgo de error o de reacción desproporcionada (que una crisis les pueda «salpicar»).

La situación de debilidad de la alerta temprana rusa, en otro orden de cosas, tiene también su efecto sobre las negociaciones de paz a propósito de la guerra de Ucrania en las que interactúan Estados Unidos y Rusia, ya que introduce incentivos para incluir, explícita o implícitamente, medidas de reducción de riesgos estratégicos. Rusia tendría razones para demandar limitaciones verificables sobre hipotéticos ataques en profundidad contra infraestructura sensible, o compromisos de no atacar determinados activos de detección y comunicaciones en el futuro. Estados Unidos, por su parte, podría considerar que mecanismos de transparencia, notificación de incidentes y canales de gestión de crisis son un complemento necesario de cualquier alto el fuego, porque reducen la probabilidad de interpretaciones erróneas cuando la arquitectura de alerta es frágil. Pero es que la cosa va incluso más allá, al afectar directamente al equilibrio de poder entre Washington y Moscú y la capacidad de presión del primero a la hora de lograr una «paz justa» para Ucrania (de ahí el sobrevuelo de los B-2 en Anchorage).

Eso sí, el efecto también puede ser el contrario al deseado, que hablamos de un juego ambiguo. De esta forma, si Moscú percibe que su vulnerabilidad aumenta más de la cuenta, podría endurecer su posición negociadora para compensar lo que interpreta como una pérdida de seguridad, o utilizar esa vulnerabilidad como argumento para exigir garantías más amplias… o justificar la continuación de la guerra. De esta forma, aunque la situación de la alerta temprana rusa no determina por sí sola el rumbo de la guerra o la paz, sí eleva el nivel de incertidumbre y obligará a levantar algún tipo de “barrera estratégica» que permita distinguir entre la competencia convencional y la escalada nuclear.

Dicho esto, toca pasar a los ataques de larga distancia, sobre los que apenas hay información en las últimas horas, ya que el informe de ayer salió más tarde de lo normal. Las fuentes independientes hablan de una noche tranquila en la mayor parte de las regiones, sin vuelos de la aviación estratégica rusa, encargada como sabemos del lanzamiento de misiles; algo que corroborarían los informes oficiales, que hablan de apenas 25 Shahed lanzados, de los que las AFU habrían derribado o neutralizado, supuestamente, 21 de ellos.

Sí se han registrado, por supuesto, diversos lanzamientos de bombas planeadoras, por ejemplo contra Sumy.

En cuanto a los ucranianos, han mostrado recientemente un ataque con drones FP-2 contra una instalación de reparación de vehículos rusa en la región ocupada de Lugansk.

Por otra parte, cabe citar una noticia relevante: rusos y ucranianos han llegado a un acuerdo de alto el fuego temporal en la central nuclear de Zaporiyia, lo que debería permitir acometer con garantías las obras de reparación del suministro eléctrico, clave para la seguridad de la planta.

En cuanto a las novedades sobre el frente, mientras quien más y quien menos hace repaso de lo ocurrido durante 2025 y lo que podría llegar a ocurrir en el año entrante, y mientras en Polonia dan un paso más en cuanto a resiliencia de cara a una hipotética guerra en Europa, ya que podrían obligar a las constructoras a incluir refugios en todas las nuevas edificaciones, son también pocas, por las mismas razones explicadas en el caso anterior. Así, tenemos que:

En el caso de Kupiansk, la situación es estática, lo que nos habla sobre los límites de la operación ucraniana y, también, sobre la carencia de algunas armas, como las bombas planeadoras que, en los casos más potentes, han permitido a los rusos terminar rápidamente con algunas bolsas de resistencia ucranianas en edificios y puntos clave. En este caso, la persistencia rusa en la zona indicaría una incapacidad de las AFU para causar destrucción suficiente con los medios a su disposición.

En el sector de Siversk (y en el vecino de Limán) no hay cambios de importancia, aunque sí se han publicado algunos mensajes interesantes, como el que enlazamos aquí.

En Myrhorad/Pokrovsk, la caída de la primera de las ciudades es, pese a todo, un hecho, aunque sigue habiendo presencia ucraniana en las zonas más exteriores de la misma. En cualquier caso, lo relevante a partir de ahora será la capacidad de resistencia ucraniana en puntos como Rodinske, Hrysyne, etc, de forma que Rusia no pueda expandirse más allá en este sector, clave de cara a amenazar Sloviansk y Kramatorsk desde el suroeste.

Al sur del frente, han seguido los ataques rusos contra Novopavlivka, al norte del Vovcha. En cuanto a Gualiaipolé, aunque los ucranianos y las cuentas afines siguen negando su caída, amparándose en que mantienen presencia en determinadas áreas (lo cual no deja de ser verdad) lo cierto es que han comenzado las investigaciones a propósito de lo sucedido, ya que hay muchas dudas sobre la actuación de las dos brigadas implicadas en su defensa, el posible falseamiento de informes y diversas prácticas más. Por el momento, además, han sido relevados del mando ambos comandantes, al parecer, y todo mientras se especula con los próximos movimientos rusos, que podrían tener como foco Orijiv y toda la orilla sur del río Konka…

Contexto internacional, diplomacia y sanciones

A nivel internacional la jornada ha girado completamente, como es lógico, en torno a la reunión entre los presidentes Trump y Zelenski en Mar-a-Lago, así como por la llamada que el estadounidense ha mantenido con Putin y de la que únicamente se sabe que ha sido “muy productiva”. Más allá de esto y del acuerdo temporal de alto el fuego en torno a la central nuclear de Zaporiyia, la jornada ha sido parca en noticias en otros ámbitos.

Antes de hablar con el líder ruso, el presidente Trump declaró que tanto Putin como Zelenski se toman en serio el fin de las hostilidades en Ucrania en las conversaciones que considera los “pasos finales” de su plan de paz. Además, subrayaba que habrá garantías de seguridad sólidas, así como que los países europeos están “muy involucrados”.

Tras la llamada entre Trump y Putin que duró una hora y quince minutos, el asesor presidencial ruso, Yuri Ushakov, declaraba que esta se ha desarrollado “en un ambiente cordial” y que los líderes “comparten la opinión” de que un alto el fuego temporal “solo prolongaría el conflicto y provocaría la reanudación de las hostilidades”. Del mismo modo, confirmó que Putin aceptó la propuesta de EE. UU. de continuar el trabajo para solucionar el conflicto en el marco de grupos de trabajo creados especialmente para ellos y cuyos parámetros se anunciarán a principios de año.

Por otro lado, Ushakov señalaba que Trump mencionó las perspectivas de cooperación económica entre Washington y Moscú si la guerra se resuelve, así como que  “para poner fin al conflicto, Kiev debe tomar una decisión valiente” y enfatizaba que “sería prudente tomar esta decisión con respecto al Donbás sin demora”.

Por último, el diplomático ruso confirmaba que Putin y Trump hablarán de nuevo tras la reunión de este último con el presidente Zelenski.

Pasando al encuentro entre Trump y Zelenski que, de entrada, ha estado cargado de menos tensión que en ocasiones anteriores y, prueba de ello es que, entre otros, la prensa fue recibida únicamente durante un minuto al inicio de la reunión.

En torno a medianoche, los presidentes ucraniano y estadounidense comparecían ante las cámaras. Empezando por Trump, este confirmaba que han abordado la mayoría de las cuestiones logrando “avances significativos”. Así, añadía que “nos estamos acercando mucho, quizás incluso mucho” a un acuerdo, así como que cree que “en unas semanas sabremos de una forma u otra” si las conversaciones han tenido éxito. Al mismo tiempo, admitía que las negociaciones han sido “muy difíciles”.

Asimismo, cuando la prensa preguntó sobre una posible visita a Ucrania, el líder estadounidense no la ha descartado. Es más, ha dicho que se ha ofrecido a ir a Kiev y hablar ante la Verkhovna Rada.

Por su parte, Zelenski afirmó que han tenido “una muy buena discusión” y mostraba nuevamente su agradecimiento a los estadounidenses por los esfuerzos de paz. En particular, el líder ucraniano habló de “grandes avances” precisando que el plan de paz de 20 puntos está “aprobado” al 90%, las garantías de seguridad están “aprobadas” en algunos casos y “casi aprobadas” en otros, y que el plan de prosperidad “se está ultimando”. Así, adelantaba que la próxima semana tendrá lugar otro encuentro entre las delegaciones ucraniana y estadounidense “para ultimar todos los asuntos tratados”.

Para concluir, Zelenski comentaba que el intercambio que han mantenido con los europeos ha sido “constructivo” y anunciaba una cumbre a nivel de líderes entre EE. UU., Ucrania y europeos en Washington en enero. En cuanto al intercambio, ha sido el presidente finlandés, Alexander Stubb, quien confirmaba que la llamada duró más de una hora y debatieron medidas concretas para poner fin a la guerra. Del mismo modo, confirmó que los participantes en la llamada habían sido los líderes de Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Noruega, la presidenta de la Comisión Europea y el secretario general de la OTAN. Tras la reunión, los presidentes Macron y Zelenski hablaron por teléfono y el galo aclaró que la reunión de la Coalición de Voluntarios a principios de enero en París servirá para “finalizar las contribuciones concretas de cada uno” para las garantías de seguridad.


Comentarios

Una respuesta a «Guerra de Ucrania – Día 1404»

  1. Avatar de Marcelino Rodríguez Maldonado
    Marcelino Rodríguez Maldonado

    Llevamos 4 años de reuniones «muy productivas» y «constructivas» (nótese la ironía).

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