La jornada 1395ª de guerra en Ucrania ha estado protagonizada, más que por lo ocurrido sobre la línea de frente, por la comparecencia anual de Putin ante los medios nacionales e internacionales, que ha coincidido además con la publicación de una serie de noticias relativas a las evaluaciones de la inteligencia estadounidense sobre las intenciones rusas, en las que concluyen que el Kremlin pretende no sólo anexionarse toda Ucrania, sino tomar antes o después otras partes de Europa que anteriormente habían pertenecido a la Unión Soviética. Más allá de esto, la jornada también nos ha dejado noticias como el anuncio desde Ucrania de una nueva ronda de conversaciones con Estados Unidos, al tiempo que el Secretario de Estado de dicho país declaraba, entre otros, que «no vemos que ninguna de las partes en conflicto capitule en un futuro próximo», así como que no cree que puedan «imponer un acuerdo». Además, se ha sabido que el enviado económico ruso va camino de Miami, para verse con sus contrapartes estadounidenses. Y, mientras tanto, nuevas acciones como los ataques rusos contra Odesa o los ucranianos contra Crimea o contra un petrolero ruso de la «Flota fantasma», esta vez en el Mediterráneo, en lo que sienta un precedente peligroso, una vez más.
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Vladímir Putin estaría buscando no sólo hacerse con el conjunto de Ucrania (cuyo derecho a existir como estado independiente no reconoce) sino también con buena parte de aquellos territorios que llegaron a formar parte de la Unión Soviética en el Este de Europa, que coinciden más o menos, todo sea dicho, con los del momento de mayor extensión del Imperio Ruso. Esta es la conclusión no de quienes escriben, sino de los servicios de inteligencia estadounidense, en una advertencia hecha a su propio Gobierno, que parece seguir haciendo oídos sordos ante dichas evaluaciones. Una evaluación que, dicho sea de paso, compartimos en buena medida por dos razones:
- Como hemos venido diciendo desde los primeros informes, para Rusia la guerra de Ucrania sigue siendo una guerra existencial, que va más allá de lo territorial y que consideran inseparable de la lucha por la supervivencia de su forma (se puede discutir mucho sobre lo que significa ese «su» y «para quién») de vida y;
- porque según la guerra ha comenzado a virar a favor del Kremlin y los aliados de Ucrania han ido mostrando más diferencias entre sí (especialmente desde la llegada de Trump al poder y con un punto álgido en la publicación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional), los incentivos de Putin para ir más allá se han acrecentado en lugar de disminuir, al percibir la soledad de una UE que sigue sin entender lo que supone competir y sobrevivir en un mundo de grandes poderes… dispuestos a utilizar todas y cada una las herramientas a su alcance para maximizar su posición en el tablero.
La comparecencia anual de Vladímir Putin, celebrada este 19 de diciembre de 2025 nos ha dejado, en relación con lo anterior, demasiados detalles que abundan en ese análisis. De hecho, queda claro que el Kremlin quiere que el debate público se centre menos en si habrá negociación y más en bajo qué condiciones se producirá, insistiendo en que cualquier salida a la guerra pasa por aceptar el marco ruso. En otras palabras, Putin ha vuelto a presentarse por enésima vez como “abierto” al diálogo, pero delimitando el terreno hasta convertirlo en un corredor más y más estrecho en el cual la cuestión territorial y la arquitectura de seguridad europea actúan como puertas de entrada obligatorias…
Como de costumbre, Putin ha insistido en que los rusos siempre han estado dispuestos a terminar el conflicto “por medios pacíficos”, mtizando, eso sí, que sigue sin ver una disposición real en Kiev, salvo “ciertas señales”, para entablar algún tipo de diálogo. Esa aparente mano tendida ha venido acompañada, como es habitual, de una condición: que cualquier paz se construya sobre los principios que dijo haber expuesto en junio de 2024 y, sobre todo, que se haga “eliminando las causas originales” de la crisis. Es decir, que en ningún caso busca parar la guerra, sino que únicamente quiere negociar sobre aquellas condiciones que Ucrania y sus aliados deberían aceptar para que Rusia considere que su seguridad queda garantizada.
Putin, dicho esto, volvió a insistir también en que la iniciativa sigue del lado ruso, un elemento clave para entender por qué Moscú no tiene incentivos evidentes para firmar un alto el fuego a secas ya que, considera que: 1) el tiempo juega a favor del Kremlin; 2) que cualquier concesión sería innecesaria y, por tanto, políticamente costosa, ya que podrá lograrse de una forma u otra en el campo de batalla. En esa línea, reiteró su rechazo a ceder en lo territorial y sostuvo que Ucrania no estaría preparada para abordar ese punto, que en la práctica es el núcleo del desacuerdo en estos momentos. O, dicho de otra forma: que seguirá habiendo guerra hasta que Rusia se asegure (suponiendo que no siga ampliando sus ambiciones) el Donbás y el pasillo terrestre, además de Crimea. El resultado sería una Ucrania débil que, sin garantías suficientes (pues Putin nunca aceptará determinadas garantías) se convertiría en una presa más fácil en un hipotético futuro.
En cuanto a Estados Unidos, Putin buscó proyectar una imagen de pragmatismo al elogiar los esfuerzos de Donald Trump y al afirmar que, en la pasada reunión en Anchorage (Alaska), habrían trabajado en una serie de propuestas, aceptando además Rusia algunos «compromisos» que no serían fáciles de asumir y que tampoco ha llegado a especificar. Por supuesto, al mismo tiempo volvió a colocar la pelota en el tejado tanto de Kiev como de sus aliados europeos, a los que señala como freno, mientras intenta mantener abierta la vía de interlocución con Washington, que es donde percibe que puede obtener más rendimiento político. (Por cierto, que poco se habla de la posibilidad de que por h o por b, a pesar de las diferencias entre Europa y EEUU, la actitud del Kremlin y su disposición a ganar tiempo (Marco Rubio reconocía hace unas horas que no ven «una rendición en el corto plazo de ninguna de las partes») con las negociaciones y tensar la cuerda, terminen por provocar una sobre reacción de Washington o un choque posterior de consecuencias difíciles de adelantar, máxime si unimos lo ocurrido en Europa con el escenario de Indo-Pacífico).
A la vez, Putin ha intentado ir en contra de las evaluaciones de la inteligencia estadounidense, queriendo (como antes de la invasión de Ucrania) también restar credibilidad a las advertencias que algunos servicios y políticos europeos hacen sobre los supuestos planes de invasión rusos, que califica de «disparates”, asegurando que no habrá “nuevas operaciones militares especiales” si Occidente “respeta” los intereses rusos y no “engaña” a Moscú, especialmente con la expansión de la OTAN. Es decir, que mantiene una calculada ambigüedad ya niega la intención ofensiva (para desacreditar la narrativa europea) al tiempo que justifica la guerra en Ucrania como una confrontación con Occidente a través de los ucranianos.
No ha sido lo único que ha dicho un Putin que se declaró dispuesto a considerar medidas para garantizar la seguridad de unas futuras elecciones en Ucrania (poco después de dejar claro que no negociará con los «cerditos» europeos y que desea la caída de varios gobiernos para que lleguen al poder líderes más afines a su causa) incluso absteniéndose de ataques en profundidad el día de la votación. Claro está, a pesar de las buenas palabras, el ruso insiste en cuestionar la legitimidad del poder ucraniano mientras dure la ley marcial, y busca también reabrir el frente político interno en Kiev; algo muy conveniente de cara a cualquier negociación, ya que situaría a Zelenski en una posición de debilidad que se ha venido acrecentando según su círculo íntimo iba viéndose salpicado por diversos escándalos.
Putin, una vez más, habló también sobre el empleo que la UE ha hecho y pretendería hacer (como vimos, se la envainaron con discreción) de los activos rusos congelados, calificando el asunto de “robo a plena luz del día” y advirtiendo de consecuencias para la confianza en el sistema financiero europeo, en un nuevo intento de disuadir a los Veintisiete de buscar nuevas y originales formas de emplearlos en favor de Ucrania.
Las Fuerzas Armadas ucranianas han denunciado el lanzamiento por parte rusa de 54 drones y misiles durante la última jornada, incluyendo tres misiles balísticos Iskander-M y 51 drones de las familias Shahed y Gerbera. Del total, el Estado Mayor ucraniano asegura haber derribado o neutralizado 31 de los drones y ningún misil.
En el caso de los misiles balísticos, se han registrado impactos en la región de Odesa, uno de ellos sobre el puente de Mayaki, que ha sido recogido en vídeo. Además, en Odesa, al menos siete personas fallecieron y una quincena más resultaron heridas como resultado de un ataque ruso a la infraestructura portuaria.
Además de esto, se han registrado también ataques contra Mykolaiv, que ha vuelto a sufrir distintas explosiones; contra Zaporiyia; y también contra decenas de puntos cercanos al frente, alcanzados en este caso por las bombas planeadoras rusas, lanzadas desde los Su-34 de su Fuerza Aérea.
Los ucranianos, por su parte, han lanzado un ataque con misiles contra Horlivka, en la parte ocupada de la región de Lugansk. Además, aunque este ataque habría tenido lugar ya durante la jornada del 20 de diciembre, han cargado también contra Melitopol, al sur del país y también bajo control ruso. Por otra parte, se ha sabido que además de los aparatos alcanzados en ataques recientes, los drones del SBU ucraniano han dañado dos Su-27 estacionados en el aeródromo de Belbek, en la península de Crimea.
No han sido los únicos objetivos de los ucranianos, que en las últimas jornadas están redoblando los ataques con acciones que, en algunos casos, apuntan a que están recibiendo ayuda extranjera en forma de inteligencia. Así las cosas, han atacado un buque de la Flota del Caspio cerca de la base de Kaspiysk, concretamente un patrullero del FSB correspondiente al Proyecto 22460, además de infraestructuras de la empresa Lukoil, en concreto una plataforma de extracción. Y, por último, han alcanzado un nuevo buque abanderado en un tercer país, en este caso un petrolero asociado a la flota fantasma que navegaba en el Mediterráneo, bautizado como «QENDIL» y que habría recibido daños críticos.
En cuanto a las novedades sobre el frente, las noticias más relevantes, mientras Rusia continúa redoblando la presión en dirección a puntos como Dobropillia o Hualiaipolé y se polemiza en torno a las partes de Ucrania que Rusia asegura haber tomado, son las siguientes:
En el caso de Kupiansk, mientras Putin insiste en el control ruso de esta urbe, a pesar de las numerosas pruebas en contra, la situación es similar a la de la jornada anterior, todavía con bolsas rusas en puntos del casco urbano, si bien algunas fuentes no hablan de bolsas, sino de continuidad entre los puntos bajo el control del Ejército ruso.
En dirección a Siversk (ciudad que las imágenes satelitales muestran prácticamente destruida) apenas hay novedades. Rusia habría terminado de consolidar su control sobre la ciudad, al tiempo que intenta hacerse con áreas más allá de los ríos Donets y Bakhmutovka y que ataca puentes sobre la T0514, sin que por el momento puedan confirmarse nuevos cambios territoriales.
En el caso de Myrhorad/Pokrovsk, siguen los combates en zonas céntricas de la primera y al norte de la segunda, en donde algunos mappers hablan de «ampliación de la zona gris», lo que suele preceder a la concesión de avances a Rusia, en este caso concreto.
Al sur del frente, hacia Gualiaipolé, mientras siguen empleándose con profusión las bombas planeadoras y la artillería de todo tipo, la situación en la ciudad se está degradando por momentos, con las tropas rusas tratando de encontrar puntos de paso y crear cabezas de puente al norte de la urbe y no sólo al sur. Además, al norte de Gualiaipolé, en dirección a Dobropillia, se ha hablado de un nuevo intento ruso de asalto fracasado.
En cuanto a Prymorske y Stepnohirsk, en dirección a Zaporiyia, la situación permanece igual a la de días anteriores, con continuas acciones de los DRGs rusos encaminadas a introducirse tanto en la primera como más allá de la segunda, hacia Lukianivkse.
Contexto internacional, diplomacia y sanciones
A nivel internacional, y tras la celebración del Consejo Europeo en el que, si bien se ha adoptado un préstamo en favor de Ucrania por 90.000 millones de euros y no el de reparación basado en los activos rusos congelados, continúan las declaraciones de los líderes. No obstante, el foco ha estado centrado en las últimas declaraciones del presidente Putin que comentábamos en la sección anterior, así como en el anuncio relativo a una nueva ronda de conversaciones entre estadounidenses y ucranianos en Miami.
Ha sido Rustem Umerov, jefe de la delegación ucraniana y secretario del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa, quien ha anunciado que junto con el teniente general Andrii Hnatov, iniciarían otra ronda de consultas con EE. UU. Además, y como nota interesante, Umerov hacía hincapié en que “por invitación de la parte estadounidense, los socios europeos también participan en este formato”. No obstante, lo que se desconoce por el momento es cuál es ese “formato” y quiénes serán los que finalmente representen a los “socios europeos”.
Por otro lado, Umerov insistía en que Ucrania se compromete “a un proceso constructivo” y que están actuando de acuerdo con las prioridades definidas por Zelenski: “la seguridad de Ucrania debe garantizarse de forma fiable y a largo plazo”.
Desde Washington el secretario de Estado, Marco Rubio, declaraba: “No podemos obligar a Ucrania a llegar a un acuerdo. No podemos obligar a Rusia a llegar a un acuerdo. Tienen que querer hacerlo”. Sobre esto añadía que “solo una solución negociada nos da la posibilidad de poner fin a esta guerra”, así como que “no vemos que ninguna de las partes en conflicto capitule en un futuro próximo”.
Además, como veremos en el próximo informe en Miami se espera que coincidan tanto ucranianos como rusos, ya que el enviado económico ruso, Kirill Dmitriev, anunciaba que también ponía rumbo a EE. UU. acompañando el mensaje con los emojis de una paloma y una rama de olivo. Según Reuters, Dmitriev se reunirá con los enviados especiales Steve Witkoff y Jared Kushner. Ahora bien, esto no significa que necesariamente vaya a haber conversaciones entre Rusia y Ucrania, aunque habrá que esperar a ver si se trata de un nuevo intento de que ambas partes negocien por separado con el mediador, en este caso EE. UU., estando en estancias separadas.
Pasando a otras cuestiones, continúan las declaraciones en mitad de la “resaca” tras el Consejo Europeo con declaraciones como las del presidente francés, Emmanuel Macron, quien decía que la decisión para poner en marcha un préstamo de 90.000 millones de euros en apoyo de las necesidades financieras urgentes de Ucrania es un paso adelante para Kiev, pero también “una inversión en nuestra propia seguridad”.
En el caso de Ucrania, por un lado, la primera ministra Yuliia Svyrydenko daba las gracias, ya que el apoyo garantiza la previsibilidad de las finanzas públicas ucranianas al tiempo que insistía en que “la agresión rusa tiene un coste financiero”, así como en que “los activos rusos permanecen inmovilizados, y la tramitación de un préstamo de reparaciones continúa, de conformidad con el derecho internacional y de la UE”.
Por otro, el ministro de Exteriores, Andrii Sybiha, calificaba la decisión del Consejo Europeo de “oportuna y contundente” y subrayaba que “a pesar de las esperanzas de Rusia, el apoyo europeo a Ucrania no disminuirá” y que “los activos rusos permanecen inmovilizados”.
A estas declaraciones se suman las del ministro de Finanzas, Sergii Marchenko, quien ante sus homólogos del G7 subrayaba que el Préstamo de Reparación “es una solución sistémica a largo plazo”, que “garantizará capacidades de defensa sostenibles y protegerá a Europa de futuros conflictos”, pero también que “los riesgos para Europa de una posible derrota de Ucrania superan con creces los riesgos de introducir el mecanismo de reparaciones”.
Pasando a otras cuestiones, el gobierno de Rusia ha autorizado al Ministerio de Defensa a denunciar acuerdos militares suscritos entre 1992 y 2002 con Alemania, Polonia, Noruega, Rumanía, Bulgaria, Dinamarca, Países Bajos, Croacia, Bélgica, Chequia y Reino Unido.
Mientras tanto, el presidente Zelenski acompañado del ministro de Exteriores, Andrii Sybiha, realizaban una visita a Polonia donde se ha reunido tanto con el primer ministro, Donald Tusk, el presidente Karol Nawrocki y la mariscala del Senado y el presidente del Sejm (la cámara baja del Parlamento). Durante su estancia en Varsovia, Zelenski declaraba que Ucrania puede ayudar a Polonia a desarrollar tecnología antidrones dado que “sabemos cómo defendernos de cualquier tipo de dron ruso existente que pueda utilizarse contra nuestros vecinos, contra Polonia u otras naciones”. Al respecto, el primer ministro polaco, Karol Nawrocki, señalaba que creía que Varsovia podría finalizar un intercambio de aviones de combate MiG-29 por tecnología antidrones.
Además, añadía que la visita del mandatario ucraniano era “una mala noticia para Moscú”, ya que demostraba la unidad entre Ucrania y Polonia en materia de seguridad. Zelenski por su parte ponía el acento en que la independencia de los dos países “son las bases que permiten a todas las naciones de nuestra parte de Europa vivir libremente…sin el dominio de Moscú”, de ahí que “es importante que cooperemos, que nos apoyemos mutuamente y que nos coordinemos en la defensa de Europa y de nuestros pueblos”.
El ministro de Exteriores ucraniano tras la reunión con su homólogo, Radoslaw Sikorski, comentaba que habían discutido sobre la decisión del Consejo Europeo, las recientes conversaciones de paz con Washington -destacando que el futuro de la arquitectura de seguridad europea debe contar con la participación de Polonia como parte integral-, sobre la situación en el campo de batalla, al carrera militar diaria y las necesidades de defensa más urgentes. Además, comentaron sobre el desarrollo de proyectos conjuntos en el marco de los préstamos SAFE, la adhesión de la UE a Ucrania y Sybiha desvelaba que han discutido sobre la Conferencia de Reconstrucción (URC) 2026 y que celebran la disposición e Polonia para acogerla en su territorio.
Siguiendo con la ayuda, Ucrania ha recibido más de 125 millones de dólares en financiación al Presupuesto Estatal en el marco de proyectos del Banco Mundial en los sectores de la educación y la salud.
Por otro lado, la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo de EE. UU. ha confirmado tras la segunda reunión de la Junta Directiva del Fondo de Inversión para la Reconstrucción entre EE. UU. y Ucrania que el Fondo está plenamente operativo y listo para iniciar sus primeras inversiones en 2026 contando con un capital inicial comprometido de 150 millones.
Hay que destacar también que en las últimas horas Ucrania también ha logrado un acuerdo para reestructurar 2.600 millones de dólares de deuda vinculada al crecimiento por el cual los tenedores del 99% de los llamados “warrants PIB” votaron a favor de canjearlos por nuevos bonos.
Para concluir, el gobierno ucraniano ha decidido asignar 400 millones de grivnas adicionales al apoyo de personas liberadas del cautiverio ruso y a sus familiares. De este modo, la primera ministra subrayaba que “el Estado debe garantizar la dignidad de quienes sobrevivieron a la privación ilegal de libertad y de sus familias que esperan el regreso de sus seres queridos”.

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