La jornada 1394ª de guerra en Ucrania nos ha dejado la aprobación, por parte del Consejo Europeo, de un préstamos de 90.000 millones de euros a Ucrania, con el que asegurar su sostenimiento militar y financiero durante los dos próximos ejercicios. Ahora bien, la noticia no debe hacernos olvidar que, al mismo tiempo, los Veintisiete han sido incapaces de llegar a un acuerdo sobre el empleo de activos rusos, cediendo a las amenazas rusas y debiendo improvisar un «Plan B» mientras Trump sigue metiendo presión a Kiev para que se «mueva rápidamente» y mientras desde Rusia siguen jugando con los plazos y las ambigüedades. No han sido, en cualquier caso, las únicas noticias de una jornada en la que desde Bielorrusia se ha anunciado el despliegue del primer Oreshnik, se han aprobado nuevas sanciones contra Rusia y se ha seguido combatiendo y realizando intercambios de salvas a larga distancia, en el que habría sido un nuevo día negro para los S-400 rusos, a tenor de lo publicado por Ucrania.
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Hoy comenzamos el informe con una noticia importante: el misil Oreshnik ha sido ya desplegado en Bielorrusia. Algo que se había anunciado tiempo atrás que sucedería, como hemos venido informando y que ahora, según Lukashenko, se habría convertido en realidad; un cambio que podría tener consecuencias relevantes para la estabilidad estratégica europea en tanto modifica la percepción de vulnerabilidad por parte de los Estados miembros de la UE, acorta los tiempos de decisión en caso de crisis y aumenta como sabemos la ambigüedad entre lo convencional y lo nuclear.
En el caso de los tiempos, un misil en Bielorrusia reduce distancias hacia numerosos objetivos en Europa y permite trayectorias distintas a las que serían necesarias desde el interior de Rusia. Como quiera que cuanto menos tiempo necesite el misil, menos margen habrá para confirmar el lanzamiento, consultar a aliados y calibrar la respuesta, más crece el incentivo a actuar con prisas y basándose en planes rígidos, lo que podría favorecer la toma de decisiones preventivas o las reacciones automáticas, elevando el riesgo de malentendidos. Además, al desplazar hacia el oeste el punto de partida, se incrementa la presión sobre la defensa aérea y antimisil de algunos de los países más cercanos, que deben cubrir más escenarios y asumir que el preaviso puede ser menor. Es pues, un incentivo más para seguir trabajando, en el marco de la UE y la OTAN en las iniciativas ABM en marcha…
En cuanto a la ambigüedad estratégica. Si el mero hecho de el Oreshnik, aunque utilizado como arma cinética en su único uso, pueda portar cargas convencionales o nucleares ,complica la lectura de señales. En una crisis, un lanzamiento convencional podría interpretarse como ataque nuclear o como su antesala, porque no hay forma de determinar la carga con el misil en vuelo. Esto degrada la estabilidad al elevar el riesgo de escalada incontrolada, pues para evitar quedarse atrás, las partes pueden responder a lo que creen que está ocurriendo, en lugar de a lo que efectivamente ocurre. Eso sí, dicha ambigüedad también puede ser explotada como herramienta de coerción, aumentando la presión psicológica sobre gobiernos europeos que desde el Este interpretan como débiles, con el argumento implícito de que una respuesta “equivocada” podría cruzar un umbral catastrófico.
La tercera consecuencia es político-militar y afecta a la gestión colectiva del riesgo en Europa. Bielorrusia pasa a ser (todavía más, pues el régimen de Lukashenko hace tiempo que ligó por completo su destino a servir a Rusia en este área) una plataforma avanzada para el Kremlin y, a la vez, un punto de fricción constante para el flanco oriental de la OTAN. La presencia de un sistema de este tipo cerca de las fronteras aliadas puede acrecentar los dilemas de seguridad y con ello las demandas de refuerzos defensivos, mayores defensas antimisil y más ejercicios. Esas medidas pueden ser razonables desde la disuasión, pero también alimentan la narrativa rusa de cerco y justifican nuevas contramedidas (recordemos las declaraciones de Belousov que compartimos en el informe de ayer. Y es que en términos de estabilidad estratégica, el problema no es solo el equilibrio material entre las partes, sino también la dinámica, pues cada paso tiende a producir el siguiente sin que sea siempre posible romper esta inercia.
Además, en el caso concreto del Oreshnik, aunque el número inicial sea pequeño, el impacto de su despliegue no depende exactamente de la cantidad. Un puñado de lanzadores móviles obliga a vigilar más territorio, a dispersar activos y a endurecer infraestructuras críticas por lo que pueda pasar, lo que acrecienta la espiral de la que hablábamos. Así, se necesitarán más sensores, horas-hombre e interceptores por un lado, y más movilidad, capacidad de saturación y engaño por el otro. Todo ello sin olvidar que, a medida que crecen los costes y la tensión, los gobiernos pueden sentirse presionados a demostrar firmeza, lo que vuelve más difícil la desescalada política incluso cuando existe interés en evitarla.
La cuestión ni siquiera termina aquí. El despliegue de misiles Oreshnik en Bielorrusia añade preguntas sobre mando y control que son clave, como quién decide esu empleo, con qué reglas, y cómo se evita que un episodio local se convierta en intercambio de ataques a gran escala con Rusia de por medio…
Por tanto, aunque era una noticia esperada desde hace meses, el despliegue del Oreshnik en Bielorrusia degrada en lugar de apuntalar la estabilidad estratégica europea, ya que incrementa la sensación de amenaza inmediata para muchos países, especialmente de Europa del Este, reduce los tiempos disponibles para gestionar cualquier posible crisis y amplifica la ambigüedad nuclear, que ya era mucha en vista de los varios sistemas con capacidad dual que se han ido desarrollando (y empleando en los últimos años, comenzando por algunos como el Kinzhal o el Iskander). En definitiva, la situación hoy es un poco más peligrosa que ayer, a la espera de ver si las negociaciones para poner fin a la guerra de Ucrania conducen, o no, a una nueva arquitectura de seguridad en Europa y a acuerdos que refuercen una estabilidad estratégica muy dañada.
Cambiando de tema, lo largo de la jornada las Fuerzas Armadas rusas habrían empleado un total de 82 drones de largo alcance contra Ucrania, según los datos oficiales publicados por el Ministerio de Defensa de este último país. Según los mismos, además, las defensas antiaéreas habrían sido capaces de destruir o desviar de su objetivo un total de 63 drones de la familia Shahed; una familia que no deja de crecer en cuanto a número de variantes.
Uno de los puntos de Ucrania más atacados ha vuelto a ser Odesa, región en la que ha sufrido un impacto el puente en la zona de Maiaky, así como diversas explosiones en la ciudad que da nombre a la óblast. También ha sido atacada la ciudad de Dnipró, nuevamente. Lo mismo en Zaporiyia, blanco una jornada más tanto de los drones rusos, como de las bombas guiadas lanzadas por los Su-34 de la Fuerza Aérea rusa desde la zona ocupada.
Del lado contrario, lo más significativo habría tenido lugar por una parte, en Bélgorod. En esta región rusa, fronteriza con Ucrania tenemos, por un lado, una gran explosión en la propia ciudad capital. Por otro, que los ucranianos han logrado alcanzar dos lanzadores de un sistema antiaéreo S-400 mientras transitaban por una carretera decenas de kilómetros en el interior de esta región.
Por otra parte, efectivos del grupo Alpha ucraniano habrían logrado destruir un caza MiG-31 ruso estacionado en la base aérea de Belbek, situada a su vez en la península de Crimea. En el anuncio se hace referencia, además, a daños en un sistema antiaéreo S-2 Pantsir, dos radares Nebo-SVU y un radar S-400, si bien no está del todo claro si son nuevos hitos o sí, por el contrario, se trata de un recuento de lo logrado en las semanas previas en Crimea, si bien los vídeos publicados son nuevos, eso sí.
Además, lo que ayer se creía que podría haber sido un buque petrolero alcanzado en Rostov (y hay varias fuentes que siguen apuntando en esta dirección), podría haberse visto complementado con un ataque a un camión cisterna que habría dejado dos bajas mortales según algunas fuentes. En cualquier caso, tanto Rostov como Orel han sufrido además cortes eléctricos en las últimas horas, hablándose de un ataque ucraniano a una planta de cogeneración en esta última región, que habría sido alcanzada por misiles de crucero.
En cuanto a las novedades sobre el frente, mientras vemos cómo la Fuerza Aérea ucraniana utiliza sus MiG-29 y bombas guiadas AASM francesas contra operadores de drones rusos (en lo que permite adelantar con más exactitud, cómo sería un conflicto entre Rusia y la OTAN), la última jornada nos ha dejado las siguientes:
Iniciamos el repaso hoy por Kupiansk, en donde continúan los combates y la «limpieza» ucraniana de las bolsas rusas, con especial énfasis en la que se ubica más al norte de la ciudad.
Seguimos por el sector de Siversk, en donde el Ejército ruso no sólo sigue con las tareas de consolidación de la zona al este del río Bakhmutovka, sino que, además, siguen registrándose movimientos de los DRGs en dirección a Riznykivka o Platonivka, entre otros.
Hacia Konstyantynivka, las pocas novedades que han trascendido afectarían a zonas de los alrededores, como Berestok, en donde los ucranianos continuarían manteniendo posiciones a pesar de los ataques rusos, que son recurrentes.
En dirección a Dobropillia, se habla de avances ucranianos en Zatyshok, al sur del antiguo saliente ruso, en lo que sería un contraataque puntual para tratar de frenar los últimos progresos de su enemigo en la zona a la vez que meter presión sobre un dispositivo ruso que sigue pensado para hacerse con Shakove, por el momento sin conseguirlo.
En Myrhorad/Pokrovsk hay mappers que dan la primera de estas ciudades prácticamente por tomada por Rusia, al mismo tiempo que otorgan a este país algunos avances al noroeste de Pokrovsk, hacia la villa de Hryshyne. Para otros, basados en DeepStateUA, la situación sería muy diferente, si bien en los últimos días si han convertido buena parte del mapa no en zona rusa, pero sí en «zona gris».
Al sur del frente nos encontramos, en primer lugar y en la zona de Novopavlivka, al norte del río Vovcha, con nuevos contraataques ucranianos que pretenden frenar los intentos rusos por hacerse con esta localidad, que lleva ya meses en disputa. Los rusos, eso sí, se habrían hecho con Dachne. En segundo lugar, ya en dirección a Pokrovske, con pequeños avances rusos en la zona de Pischane. En dirección a Gualiaipolé, en tercer lugar, con que las tropas rusas, además de seguir con los ataques directos contra esta ciudad, continúan buscando puntos de paso sobre el río Haichui, en este caso a la altura de Dobropillia, algo que ya habían intentado en jornadas previas.
Al suroeste del frente, por último, tenemos nuevas incursiones de los DRGs rusos y, en función de la fuente que consultemos, también avances al noreste de Stepnohirsk, con la vista puesta en Lukyanivske, a cuyas puertas estarían.
Contexto internacional, diplomacia y sanciones
Lo más significativo a nivel internacional tiene que ver con la celebración del último Consejo Europeo del año durante la pasada jornada en Bruselas. Una cita muy esperada en la que los Veintisiete han demostrado una vez más su incapacidad para llegar a acuerdos y los límites del sistema de unanimidad. Dicho de otra forma, les ha sido imposible adoptar una posición común en relación con el tema más candente, el de los activos rusos congelados.
Ahora bien, sí han acordado, como se puede leer en las conclusiones: «conceder a Ucrania un préstamo de 90 000 millones EUR para los años 2026-2027 basado en préstamos de la UE contraídos en los mercados de capitales con el respaldo del margen de maniobra presupuestario de la UE. En virtud de la cooperación reforzada (artículo 20 del TUE) con respecto al instrumento basado en el artículo 212 del TFUE, toda movilización de recursos del presupuesto de la Unión como garantía de dicho préstamo no repercutirá en las obligaciones financieras de la República Checa, Hungría y Eslovaquia». Del mismo modo, han quedado en «volver a abordar esta cuestión en su próxima reunión», ya en 2026.
Por tanto, aunque las declaraciones de António Costa hayan sido en cierto modo de celebración, afirmando que «Nos comprometimos y cumplimos», la situación no es exactamente la esperada inicialmente, lo que se ha aprobado es la alternativa (un préstamo libre de intereses) a lo inicialmente deseado (que debía basarse en los activos rusos) y las divisiones siguen siendo evidentes. Tampoco tiene pues razón Merz al afirmar que la UE ha enviado una señal «clara» a Putin de que «esta guerra no merecerá la pena», pues la interpretación que hace el Kremlin de lo ocurrido es que las amenazas sobre distintos países europeos (Bélgica, Austria) y el uso que hace de aquellos más afines (Hungría) ha dado sus frutos.
Así las cosas, aunque los 90.000 millones comprometidos dan cierta muestra de voluntad y de capacidad de «saltarse» la posición de los más díscolos, además de asegurar que Ucrania dispondrá de financiación para los próximos dos años (aunque desde este país aseguran necesitar 60.000 millones de dólares -51.000 millones de euros- únicamente para 2026), no es una victoria. La UE continúa padeciendo los problemas asociados a las decisiones por unanimidad, lo que incapacita al bloque para ser un actor resolutivo en situaciones de crisis… e incluso cuando no hay crisis ninguna, como cuando se negocia un acuerdo con Mercosur.
La decisión, eso sí, y como no podía ser de otra forma, ha sido celebrada en Kiev, pronunciándose al respecto entre otros el ministro de Exteriores ucraniano, Sybiha, quien ha dicho que «Ucrania recibió una garantía de seguridad financiera. A pesar de las esperanzas de Rusia, el apoyo europeo a Ucrania no disminuirá. Los activos rusos permanecen inmovilizados. Europa se mantiene unida y fuerte». Lo mismo para Shmyhal, quien ha dicho que «Al fortalecer a Ucrania, Europa refuerza la disuasión, la estabilidad y su arquitectura de seguridad a largo plazo».
Y, por supuesto, también para Zelenski, quien ha declarado: «Agradezco a todos los líderes de la Unión Europea la decisión del Consejo Europeo de otorgar 90 000 millones de libras € en apoyo financiero a Ucrania en 2026-2027. Este apoyo significativo fortalece nuestra resiliencia. Es importante que los activos rusos permanezcan inmovilizados y que Ucrania haya recibido una garantía de seguridad financiera para los próximos años. Gracias por el resultado y por la unidad. Juntos, defendemos el futuro de nuestro continente». Eso sí, el ucraniano, a pesar de haberse reunido horas antes con el primer ministro belga, Bart De Wever, para hablar sobre el empleo de los activos rusos congelados, no ha logrado en última instancia que de su brazo a torcer. En cualquier caso, fue una más de las muchas reuniones mantenidas por Zelenski, quien se vio entre otros con Sánchez.
El del préstamo no ha sido el único «acuerdo» logrado en el Consejo, pues también se han aprobado nuevas sanciones contra 41 buques que forman parte de la «Flota Fantasma» rusa y que «contribuyen a los ingresos de Rusia procedentes de la energía». Según han explicado desde la institución: «La decisión de hoy, que eleva el número de buques en la lista hasta casi los 600, está estrechamente ligada a las recientes decisiones del Consejo de incluir a 9 facilitadores de la flota clandestina en la lista y de adoptar una Declaración de la UE y de sus Estados miembros sobre el pleno uso del marco del Derecho internacional del mar en relación con las amenazas de la flota clandestina y con la protección de infraestructuras submarinas críticas».
Volviendo sobre Sybiha, aunque en otro orden de cosas, ha acogido con satisfacción la esolución actualizada de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en los territorios de Ucrania ocupados por Rusia, incluidos Crimea y Sebastopol, que una vez más ha demostrado, todo sea dicho, la división a nivel internacional, con 79 votos a favor, 16 votos en contra y 72 abstenciones.
Y siguiendo con la diplomacia ucraniana, tenemos que durante la pasada jornada, en Beijing, el Primer Viceministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Sr. Sergiy Kyslytsya, celebró la siguiente ronda de consultas políticas con el Ministro Adjunto de Asuntos Exteriores de la República Popular China, Sr. Liu Bin. Las partes discutieron temas actuales de la agenda bilateral, delinearon planes para contactos de alto y máximo nivel, discutieron formas de mejorar la cooperación comercial y económica y exploraron una mayor colaboración en el marco de las organizaciones internacionales. Además, según se declaró desde el lado ucraniano «Hubo un profundo intercambio de opiniones sobre la situación actual relacionada con la continua agresión armada de Rusia contra Ucrania, así como sobre los esfuerzos internacionales para lograr una paz estable y duradera”.
Hablando de Rusia, Putin ha estado entregando medallas a distintos participantes en la «Operación Militar Especial», como siguen denominando a la guerra de Ucrania. Entre otros, ha entregado varias estrellas de oro, que son las que distinguen a quienes son reconocidos como Héroes de la Federación rusa. El ruso, por otra parte, está trabajando en preparar su comparecencia televisada, que tendrá lugar en unas horas como cada año por estas fechas, y en la que la prensa extranjera al parecer podrá hacer preguntas, una vez exponga su visión de lo logrado por Rusia en el último año en diversas materias.
Desde el Kremlin, además, el enviado especial para asuntos económicos, Kirill Dmitriev, ha celebrado lo que considera una victoria del «sentido común» (y en muchos sentidos lo es, no olvidemos tampoco el precedente que se crearía de tocarse los activos rusos).
Pasamos de Rusia a Estados Unidos, desde donde su presidente, Trump, ha continuado poniendo presión sobre Zelenski, al afirmar que espera que «Ucrania se mueva rápidamente», pues Putin cambiaría de opinión cada vez que se le presenta una nueva propuesta, en lo que no deja de ser una inversión de términos de lo más curiosa. En primer lugar, porque Putin sigue sin incentivos para firmar ningún acuerdo en vista tanto de la situación en el frente como de las divisiones entre aliados. En segundo lugar, porque los rusos ni siquiera habrían recibido todavía una propuesta formal.
De ahí saltamos a Francia, pues Macron ha declarado que «En las próximas semanas, tendremos que encontrar los medios y las vías para que los europeos, en la organización adecuada, puedan retomar un diálogo pleno con Rusia, con total transparencia». Una postura en cualquier caso que, con algunos vaivenes, ha sido la oficial de Francia desde el inicio de la guerra, si bien Rusia sigue sin considerar a la UE en su conjunto como un interlocutor válido y, lo más probable, es que se niegue a hablar con otros actores que no sean la propia Francia y, si acaso, Alemania, Italia o una Hungría que se ha mostrado dispuesta a acoger negociaciones en su territorio una vez más.

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