La jornada dominical ha transcurrido sin apenas novedades en el plano internacional, máxime tras las distintas conversaciones entre EE. UU. y Rusia, y Ucrania, y en vísperas de la reunión de Zelenski con los líderes de Reino Unido, Francia y Alemania en Londres. Se sigue hablando, por supuesto, de la presentación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de los Estados Unidos, que supone un cambio importante. Todo ello mientras Zelenski ha seguido coordinándose con distintos líderes europeos, para lo que ha conversado con la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni. Zelenski, además, ha vuelto “a reconocer que aún queda trabajo por hacer conjuntamente para garantizar que Rusia se comprometa genuinamente a poner fin a la guerra”, reiterando de paso que en Europa se están preparando esfuerzos conjuntos para que la diplomacia funcione. Mientras todo eso ocurre, eso sí, la guerra no ha cesado, con nuevos ataques rusos contra el interior de Ucrania, así como combates en dirección a Limán, Siversk, Dobropillia o Gualiaipolé, entre otros.
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A lo largo del fin de semana nos han preguntado por la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos y lo que esta significa en relación con la guerra de Ucrania. Es una pregunta pertinente, si bien ya hemos publicado un largo análisis del nuevo documento, por lo que emplazamos a los lectores a leerlo, ya que supone un giro no de 180 grados, pero sí al menos de 90 o 120 en lo que a la política exterior norteamericana se refiere. Y no vale decir que es un giro hacia el realismo, pues por definición el realismo es agnóstico, mientras que la nueva NSS está plagada, desde la primera línea, de agenda ideológica a pesar de intentar revestir cada nueva propuesta de referencias al supuesto interés nacional.
En cuanto a lo que aquí nos ocupa, la nueva NSS deja claro que Estados Unidos está girando (y no será porque no lo hubiesen advertido desde antes de las pasadas elecciones) hacia una lógica más cruda de intereses y reparto de cargas en Europa. Un giro que tendrá, nos guste o no, consecuencias directas para Ucrania y para el futuro estratégico de la Unión Europea. La idea de fondo es simple, aunque incómoda para muchos en el Viejo Continente: Washington no quiere una guerra larga que siga drenando atención, munición, presupuesto y capital político en el teatro europeo si esa prolongación no se traduce en beneficios estratégicos claros, algo cada vez menos evidente. Desde esa perspectiva, el conflicto ucraniano deja de ser el gran eje moral de la seguridad euroatlántica para convertirse en un expediente que conviene cerrar con rapidez; de ahí las concesiones que Washington parece dispuesto a hacer y que escandalizan a tantos en la UE y los Estados Miembros.
Esto no significa necesariamente abandono de los aliados europeos (ni de Ucrania), pero sí una recalibración importante; en un entorno internacional donde la competición entre grandes potencias vuelve a tener rasgos imperiales (alguna vez hemos hecho referencia a esta cuestión, como al hablar de Groenlandia o Venezuela) y donde la prioridad estadounidense se desplaza hacia escenarios de mayor valor estratégico percibido, la continuidad de una guerra de desgaste en Europa empieza a verse como un lujo que no están dispuestos a permitirse; no con la amenaza que China supone para la seguridad global y para la economía, en un contexto además deflacionario en el que sus productos están inundando el mundo, comenzando por los coches eléctricos y la UE (sin que terminemos de despertar, aunque alguna referencia reciente ha hecho Macron al tema).
La consecuencia más probable, en este escenario, es que siga produciéndose una presión creciente por parte de EEUU sobre sus aliados para encarrilar un cese de hostilidades (aceptando un resultado subóptimo) y un marco negociado de salida a la guerra. Es decir, que nadie en Washington parece pretender nada parecido a una paz “ideal”, sino un arreglo funcional que estabilice el frente y reduzca el riesgo de escalada, aun al precio de ulteriores problemas en la Zona Gris, inestabilidades derivadas de las ambigüedades territoriales y de las fórmulas de seguridad imperfectas y la posibilidad de una nueva guerra en pocos años si los europeos no hacen (se ha hablado de 2027 como tope para que asuman el testigo de los EEUU) inversiones suficientes que garanticen la disuasión.
Para Ucrania, todas estas tendencias proyectan un horizonte de incertidumbre estratégica muy acusado, no sólo en términos de seguridad, sino también económicos, demográficos, etc. El país, no en vano, ha ido pasando de de ser el símbolo central de la resistencia del orden occidental frente a los regímenes revisionistas (no solo Rusia) a convertirse en una prioridad relativa, condicionada por el cálculo de costes. Se enfrenta, dicho esto, a garantías parciales, acuerdos bilaterales de apoyo poco firmes, o modelos de disuasión construidos con más músculo europeo que paraguas estadounidense, teniendo en cuenta la sarcopenia que afecta a las Fuerzas Armadas de unos Estados que, aunque van tomando conciencia de la gravedad de la situación, no saben muy bien cómo orientar sus esfuerzos.
Precisamente, lo que nos dice la nueva Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de los Estados Unidos es que, para la Unión Europea, el mensaje es aún más exigente que para la propia Ucrania. No basta de hecho con aumentar el gasto en defensa; se exige un cambio de mentalidad, si lo que se pretende es que las potencias medias que componen la UE sobrevivan (no así la UE en su conjunto, que no parece estar en la agenda de la Administración Trump). La seguridad del continente ya no puede descansar en la inercia estratégica de las últimas décadas, con lo que corresponde a los europeos decidir si quieren seguir siendo (y esto sólo puede ser en conjunto) un actor geopolítico de primera línea o aceptar un rol más periférico en un sistema dominado por potencias que actúan con base en una lógica de fuerza.
Así las cosas, nos enfrentamos a una transición brusca: un aumento significativo y sostenido del gasto militar que tensionará presupuestos y prioridades sociales, pero también un aterrizaje mental, pasando de una visión bastante naíf de la política internacional a otra mucho más descarnada. Y dentro de este tránsito, deberemos encontrar desde ya la forma de reconstruir capacidades industriales de defensa (producción de munición, sistemas de defensa aérea, drones, capacidades de guerra electrónica, y resiliencia logística) sin solapamientos y sin el tipo de luchas internas tan comunes hasta ahora, algo nada fácil pues la UE sigue siendo un conjunto de Estados mal avenidos con culturas estratégicas distintas y disputas ideológicas que pueden intensificarse si la polarización se convierte en un factor de política transatlántica, como parece que será al menos en los próximos años.
La paradoja de todo esto es que si lo que los EEUU persiguen ocurre, es que un eventual cierre negociado del conflicto podría aliviar a corto plazo la presión económica y social en Europa, pero al mismo tiempo acelerar el fin de una era en la que la dependencia estratégica de Washington resultaba cómoda. Al fin y al cabo, la paz rápida que busca Trump no sería necesariamente una paz estable, sino el prólogo de una reorganización del equilibrio de poder en el este de Europa y, por extensión, de la arquitectura de seguridad continental y de la relación entre ambos lados del océano.
Por tanto, lo que la NSS implica es una Europa obligada a madurar estratégicamente y una Ucrania en una posición mucho más débil de lo que podría haber llegado a estar de haberse cerrado el conflicto en años previos, cuando el apoyo a su proyecto era todavía firme y la estabilidad interna, la disposición a ser reclutada de la población o los recursos disponibles, mucho mayores. Y si bien los Estados Unidos no desaparecerán del tablero europeo (cuestión de geopolítica pura y dura, incluso aunque el choque ideológico pueda llegar a ser brutal y muchos Estados europeos víctimas propicias para cambios internos a causa de este), pero su papel será mucho más selectivo, más transaccional y menos impulsado por la idea de sostener indefinidamente un orden liberal global que dan por muerto.
Por lo demás, pasando ya a las realidades sobre el terreno, después de los duros ataques de las dos últimas jornadas, la Fuerza Aérea Rusa y su Ejército han seguido castigando el interior de Ucrania, si bien a un ritmo menor. Así, se han reportado explosiones en Okhtyrka, en la región de Sumy, al igual que en la capital de esta óblast ucraniana. Del mismo modo, por tercer día consecutivo ha resultada atacada Chernígov, donde ha vuelto a ser objetivo de las armas rusas la infraestructura energética. También Fastiv, en la región de Kiev, atacada igualmente los días previos.
Como consecuencia de los ataques, además, se ha producido un apagón en la ciudad de Kramatorsk, cercana al frente. Por último, se ha hablado del empleo de municiones de racimo contra Zaporiyia, si bien no hemos encontrado todavía más datos. En total, habrían sido tres los muertos y nueve los civiles heridos por los ataques rusos durante la pasada noche, sin que a la hora de redacción de este informe el Estado Mayor ucraniano haya publicado datos oficiales sobre el número de vectores empleado por Rusia.
No hay reportes, en las últimas horas, de nuevos ataques ucranianos sobre el interior de Rusia.
En cuanto a los combates y los movimientos, apenas hay novedades desde ayer (lógico, teniendo en cuenta que el informe precedente salió un poco más tarde de lo habitual), mientras siguen arreciando las críticas contra la gestión de las AFU desde dentro de la propia Ucrania.
Así las cosas, nos encontramos con que en dirección a Limán, el Ejército ruso sigue consolidando su control sobre las zonas boscosas al sureste de la ciudad.
En dirección a Siversk, al sur del sector, después de los últimos avances en la zona de Orikhovo-Vasylivka, la Fuerza Aérea ucraniana ha destruido una pequeña presa cerca de la localidad de Pryvillya, en la E40, buscando un efecto retardante. No olvidemos, de paso, que los avances rusos en esta zona tienen también un efecto sobre el vecino sector de Konstyantynivka, ciudad que podría quedar amenazada también desde el norte si las tropas rusas logran superar el canal de agua dulce en la zona. A propósito de Konstyantynivka, son varias las fuentes que hablan de un mayor control ruso sobre Ivanopillya, al sur de la ciudad.
En cualquier caso, no hay que perder de vista la situación de conjunto, ya que el objetivo ruso no es Siversk, ni tampoco la propia Konstyantynivka, sino que lo son Sloviansk y Kramatorsk, de ahí la importancia de lo que ocurra en torno al canal de agua dulce.
En dirección a Dobropillia, las tropas rusas habrían tomado la pequeña aldea de Dorozhne, al sur de Nova Shakhove.
En el caso de Myrhorad/Pokrovsk, a pesar de las reclamaciones de una y otra parte, ni hay un control absoluto por parte rusa de la segunda de estas ciudades, ni posibilidades de ayudar como se debería a la guarnición ucraniana en la primera. Entre ambas, eso sí, los rusos se habrían hecho según algunas fuentes con Rivne, a caballo de la T0504.
En dirección a Gualiaipolé, para terminar con esta parte del informe, se habla de infiltraciones por parte de DRGs rusos en la parte oriental de la ciudad. También de avances en Dobropillia, más al norte, después de los últimos contraataques ucranianos, recogidos en los informes precedentes.
Contexto internacional, diplomacia y sanciones
La jornada dominical ha transcurrido sin apenas novedades en el plano internacional, máxime tras las distintas conversaciones entre EE. UU. y Rusia, y Ucrania, y en vísperas de la reunión de Zelenski con los líderes de Reino Unido, Francia y Alemania en Londres.
No obstante, durante el día el mandatario ucraniano ha seguido coordinándose con los líderes europeos. En particular, Zelenski ha conversado con la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, mostrándole su agradecimiento por la “atención prestada a las gestiones diplomáticas”, pero también por el apoyo a la infraestructura energética ucraniana con los equipos que el país entregará en los próximos días. En su llamada han analizado los resultados de los compromisos de Ucrania con la parte estadounidense, así como “las perspectivas y los desafíos existentes”.
Sin embargo, Zelenski ha vuelto “a reconocer que aún queda trabajo por hacer conjuntamente para garantizar que Rusia se comprometa genuinamente a poner fin a la guerra”, y reitera que en Europa están preparando esfuerzos conjuntos para que la diplomacia funcione.
En cuanto al posible cese de las hostilidades, el ministro de Exteriores de Suiza, Ignazio Cassis, ha dicho que la OSCE -que estará presidida por Berna en 2026- podría desempeñar un papel clave en la supervisión de un alto el fuego. Sobre este asunto aclaraba que “ya existen consideraciones concretas al respecto”, ya que “la Organización es capaz de desplegar varias decenas de personas en periodos muy breves. La OSCE podría observar el alto el fuego, supervisar la línea de alto el fuego, observar las elecciones, etc.”.
Por otro lado, Zelenski ha homenajeado a los representantes del gobierno autónomo local que apoyaron la resiliencia del país y a las Fuerzas de Defensa de Ucrania durante la guerra.
Del lado de Moscú, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, ha criticado a Kiev diciendo que el régimen se ha convertido en una brigada internacional de corrupción “para bombardear dinero a través de Ucrania” y califica irónicamente de “patriotas ucranianos” a aquellos altos funcionarios involucrados en el escándalo de corrupción del sector energético.
Por otro lado, se espera que el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, visite próximamente Moscú y Minsk para reunirse con funcionarios rusos y bielorrusos “como parte de las consultas en curso”.
Mientras tanto, desde Chequia el presidente Petr Pavel ha declarado a propósito de las violaciones del espacio aéreo de los países europeos que cree que llegará un momento en el que si esta situación continúa “tendremos que aplicar medidas más contundentes, incluyendo la posibilidad de derribar un avión o drones rusos”. Sobre esto, añadía de unn lado que las incursiones son deliberadas, bien planificadas y centradas en varios objetivos y, de otro, que “Rusia no permitiría repetidas violaciones de su espacio aéreo. Y nosotros tenemos que hacer lo mismo”.
En cuanto a otras cuestiones, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha revelado que sus equipos han descubierto que el arco de Chernóbil ha perdido sus “funciones primarias de seguridad primarias, incluida la capacidad de contención” tras los daños sufridos por los ataques en febrero. Al mismo tiempo el OIEA ha señalado que “no se produjeron daños permanentes en las estructuras de soporte ni en los sistemas de monitoreo”, aunque insisten en que una reestructuración rápida y completa, especialmente del techo, “sigue siendo esencial para evitar una mayor degradación y asegurar la seguridad nuclear a largo plazo”.
Además, durante esta semana Mónaco se ha unido a la Coalición para el Retorno de los Niños Ucranianos, siete menores han vuelto gracias a la iniciativa de la primera dama de EE. UU., Melania Trump.
Para concluir, esta semana ha sido relevante en todo lo que concierne a los menores ucranianos, ya que la Asamblea General de las Naciones Unidas votó la resolución acerca del retorno de los niños presentada por Ucrania. De hecho, hay un tema relacionado en el que no nos hemos detenido en informes anteriores (aunque ya habíamos compartido el tuit adjunto, pero sin ofrecer explicación alguna) y que es, como poco, interesante.
Resulta que, tras conocerse el resultado de la votación en la Asamblea General y los 12 países que votaron en contra, así como las 57 abstenciones, Suecia anunció un recorte de su ayuda internacional a cinco países para redirigirlos a ucrania, a saber: Zimbabue, Tanzania, Mozambique, Liberia y Bolivia. Países que como se ve en la votación, no habían votado a favor de la resolución y que hasta ahora eran perceptores de ayuda por parte del país nórdico, uno de los mayores donantes del planeta.
La cuestión no es baladí, pues la UE en su conjunto es el mayor donante de ayuda internacional del mundo, una aproximación que es vital para muchos países receptores, pero que también es cada vez más criticada desde la propia Bruselas, con muchas fuerzas pidiendo que se reevalúe el empleo que se da a los fondos, ya que rara vez se exige un retorno a cambio de estas donaciones, algo que otros actores si hacen. De esta forma, si el ejemplo cambia, a medio y largo plazo podría ser seguido tanto por otros países miembros como por la propia UE, en lo que sería un cambio mayor…

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