La última jornada nos ha dejado nuevas muestras de la división reinante entre los veintisiete Estados miembros de la Unión Europea a propósito de temas clave, como el adoptar una estrategia común, y también de la incapacidad, en términos intelectuales, de entender el tipo de conflicto en el que está la UE embarcada. Todo ello mientras drones obligan a cerrar durante horas el aeropuerto de Múnich y mientras Putin bromea en foros públicos con las acciones en la Zona Gris y la responsabilidad rusa. No han sido en cualquier caso los únicos puntos relevantes en una jornada en la que se ha producido un nuevo intercambio de prisioneros, ha tenido lugar la Cumbre de la Comunidad Política Europea en Dinamarca, en la cual Ucrania ha seguido buscando el apoyo de sus socios, y se han vuelto a registrar ataques a larga distancia sobre el territorio de uno y otro contendiente.
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La guerra de Ucrania nunca deja de sorprender. O, más bien, la estulticia de los líderes europeos, comenzando con un Macron que después de hablarnos de «paciencia estratégica» o «ambigüedad estratégica», habría dado una vuelta de tuerca más a su repertorio, solicitando a sus socios de la UE una mayor «imprevisibilidad estratégica» para enfrentarse a Rusia. Sería, según el francés, la forma de lograr que el Kremlin no sepa cómo va a ser la respuesta a las violaciones del espacio aéreo y a los sobrevuelos con drones, como si en el Kremlin les importase o no que estos sean derribados o que la UE se reserve el derecho a una escalada que tienen bastante claro que sólo va a tener lugar si los EEUU deciden tomar un papel más activo en la guerra, lo que podrían haber descontado ya.
Mientras tanto, siguiendo con los drones, según se ha publicado únicamente en el caso de Alemania podrían haber sido más de 530 los sobrevuelos durante el primer trimestre del año. Además, en las últimas horas han obligado a cerrar el aeropuerto de Múnich durante casi siete horas, con el consiguiente quebranto.
Macron, dicho esto, parece pensar que se puede jugar a este particular juego siempre de farol, mientras se muestra totalmente ajeno a la realidad de una Unión Europea que únicamente transmite al exterior una imagen de división interna a propósito de los temas relacionados con la defensa (algo de lo que es un buen ejemplo el fracasado FCAS, que llega tarde, no es la solución adecuada y pende además de un hilo). Lo mismo podría decirse a propósito de los enconados debates en torno al «muro de drones», que no es mucho más que una cabezonería del Comisario de Defensa y Espacio, Kubilius, empeñado en replicar en los países bálticos y el este de Europa las soluciones implementadas por una Ucrania que no puede luchar de otra forma, porque carece de medios para hacerlo.
Lo cierto, por desgracia para los europeos, es que las guerras rara vez se ganan mediante la imitación, sino que más bien la victoria es fruto de un análisis serio del tipo de guerra en el que estamos inmerso, de la voluntad de sacrificio y de una combinación de adaptación e innovación. Esto último implica ampliar el «espacio de batalla» al conquistar nuevos dominios, desarrollar nuevas armas, y también nuevas doctrinas y nuevas orgánicas que permitan sacar un mayor provecho de los avances técnicos. En este caso, lo adecuado pasa por abandonar las estrategias reactivas (que son una falta de estrategia en realidad) y las ambigüedades, que Rusia explota, buscando centrarse directamente en las debilidades rusas, que son muchas, desde la carencia de una Fuerza Aérea moderna, a la de una Marina de guerra, las deficiencias de su red IADS ya totalmente en entredicho, etc.
No decimos que la negación no sea necesaria, ni que las capacidades en cuanto a drónica rusas no deban ser combatidas, o que no haya que adquirir nuevas y mejores defensas C-UAS, antiaéreas y antimisil, pero la estrategia europea no puede ser siempre reactiva y paliativa, pues eso ofrece siempre a Rusia un margen para buscar nuevas formas de crear disensiones y jugar con el miedo, particularmente en las franjas más claras del espectro. Por ejemplo, como cuando sus satélites realizan maniobras hostiles en torno a satélites de países como Alemania, algo factible entre otras cosas porque los Veintisiete siguen divididos, anclados en un idealismo que la realidad ha echado por tierra, respecto a la posibilidad de armar los satélites europeos, aunque sólo sea para que puedan defenderse de este tipo de amenazas.
Por otra parte, si bien Putin miente (juega con la dificultad en la atribución) cuando niega estar detrás de algunas de las acciones en la Zona Gris que afectan a la Unión Europea, la «imprevisibilidad estratégica» no va a servir con una Rusia que hace años que tomó la medida de la UE.
No en los términos planteados por Macron, ni en un contexto en el que algunas de las plumas más respetadas de la intelectualidad moscovita hablan abiertamente sobre cómo estamos inmersos en una Tercera Guerra Mundial; una lucha existencial (llevamos desde los primeros días de guerra hablando sobre ello) que se va a llevar por delante buena parte del sistema internacional que conocemos y en la que Rusia tiene todos los incentivos para seguir poniendo carne en el asador o incluso escalando; máxime ante unos rivales cuyas acciones percibe como agresivas y que, al mismo tiempo, no demuestran tener una estrategia clara, ni capacidad de disuasión propia, ni tampoco voluntad o habilidad comunicadora para transmitirla.
Eso sí, la sobreabundancia terminológica y las declaraciones relativas a estar o no en guerra, a si es una guerra híbrida, a si es un nuevo tipo de guerra, a si es una guerra no declarada y mil cosas más, es la tónica. Una buena muestra de la incapacidad intelectual de unas élites europeas que carecen de las herramientas necesarias para entender el mundo en el que viven y hacia dónde va, mientras intentan
Mientras tanto, si algo demuestra la historia (ahí están, por ejemplo, las diversas crisis de la Guerra Fría), es que lo que realmente funciona en estas situaciones es todo menos la ambigüedad…
La última jornada de guerra, dicho todo esto, nos habría dejado el lanzamiento, por parte rusa, de hasta 86 drones según el Ministerio de Defensa de Ucrania. Un total del que aseguran, al mismo tiempo, haber derribado o neutralizado 53 aparatos. Cifras que no han servido, de ser ciertas, para impedir numerosas explosiones y daños, por ejemplo en Kiev. En total, durante el mes de septiembre y según los ucranianos, Rusia habría empleado casi 6.900 drones de la familia Shahed.
La región que alberga la capital ucraniana, atacada por varios drones, sufrió varias explosiones en el distrito de Bucha, al oeste de la misma, en una acción que dejó al menos un herido. Además de esto, ha trascendido un vídeo de un ataque con drones Shahed a la subestación eléctrica que abastece la central nuclear de Chernóbil, mientras Putin se preguntaba acerca de por qué no atacar centrales nucleares ucranianas como «respuesta espejo» a los ataques que este país estaría llevando a cabo contra la central nuclear de Zaporiyia, tomada por Rusia.
También se han registrado explosiones en Kremenchuk, en Mykolaiv o en la ciudad de Dnipró, alcanzada por drones, así como en Lubny, en la región de Poltava, que según algunas fuentes habría sido también blanco de los misiles rusos y en la ciudad costera de Odesa, en donde se han registrado importantes daños materiales en una estación ferroviaria. Y, por último, tanto las bombas planeadoras, como los drones tácticos y la artillería rusa han seguido castigando la zona más cercana a la difusa línea de frente, causando daños en distintos puntos de Ucrania.
Pasando ahora a Ucrania, este país ha seguido cargando contra el interior de Rusia, atacando en esta ocasión una planta química situada en la región de Perm, concretamente la empresa Uralkhim Azot.
Sobre el terreno, mientras algunos medios especulan con posibles ataques ucranianos con drones y misiles a gran escala contra Rusia, así como con un ataque sobre Jersón o Zaporiyia e incluso sobre la península de Crimea, que tiene muy pocos visos de prosperar, relativamente pocas noticias. Eso sí, se siguen siguen intentando hacer estimaciones del número real de kilómetros cuadrados de territorio ucraniano tomado por Rusia en septiembre.
Comenzamos, aun así, por Vovchansk, en Járkov, pues aunque apenas hay cambios los combates siguen dándose y en las últimas horas un ataque aéreo ucraniano contra la zona industrial podría sugerir avances rusos en la zona.
En dirección a Limán, en donde algunos consideran que los ucranianos todavía resisten en Zarichne, tenemos nuevos ataques rusos sobre esta localidad y la más sureña Yampil, así como contra Dronivka. Además, pues cabe hablar de un único sector tras la toma rusa de los bosques al sur de Kreminna, se han reportado avances por parte del ejército de este país en la zona de la planta metalúrgica de Donetsk, al norte de Siversk.
En dirección a Konstyantynivka, hay fuentes que hablan sobre la supuesta toma de Kleban Byk por parte rusa. Por el momento, dado que no hay más testimonios y que no es la primera vez que se habla de ello, tomaremos la información con mucha precaución.
En dirección a Dobropillia, las discusiones siguen siendo enconadas en torno al destino del saliente ruso, con fuentes que hablan de tropas rusas aisladas y otras que niegan la mayor, e incluso se mofan de los análisis de algunas cuentas proucranianas, en lo que son ya semanas de confusión. En cualquier caso, los combates siguen en puntos importantes como Dorozhne, en la base del saliente, o Pankivka.
En Myrhorad/Pokrovsk lo más relevante sigue ocurriendo al sur, así como en la vía férrea, con ataques rusos en Leontovychi y Troianda, buscando alcanzar la autovía M30.
En dirección al Dniéper, tras los últimos avances rusos en Verbove o hacia Gualiaipolé, han seguido presionando hacia ambos puntos, así como hacia el río Yanchui. Además, al norte del sector, en el recodo del Vovcha, los rusos podrían haber ganado metros hacia Ivanivka, mientras que más al sur, lo habrían hecho entre Ternove y Vorone.
Cerramos hoy con el sector de Zaporiyia, pues las fuerzas rusas habrían ganado, después de varios días sin noticias, algunos metros adicionales al suroeste de Stepnohirsk.
Contexto internacional, diplomacia y sanciones
Una jornada más ha continuado la actividad institucional y diplomática al más alto nivel, pues tras la reunión informal de los líderes de la UE, ha tenido lugar la 7ª Cumbre de la Comunidad Política Europea (CPE) en Copenhague a la que han asistido líderes de todo el continente -con la clara excepción de Rusia y Bielorrusia-, así como de la Unión Europea y la OTAN. A esto hay que añadir que el presidente Putin ha estado especialmente activo hoy haciendo declaraciones sobre diferentes cuestiones relacionadas con Ucrania y sus aliados.
En esta ocasión, los temas principales de discusión han sido cómo fortalecer a Ucrania, la situación de seguridad en Europa y cómo hacer que el continente sea más fuerte y seguro en la situación geopolítica actual. Además, la sesión plenaria ha estado acompañada de mesas redondas sobre, entre otros, amenazas tradicionales e híbridas, seguridad económica, y migración.
Durante su participación en la cumbre, Zelenski advirtió a sus homólogos que Rusia busca un “escalada” y que su estrategia es “simple: dividir Europa”, de modo que insiste en que “debemos hacer exactamente lo contrario”. Además, subraya que Moscú puede violar el espacio aéreo “en cualquier lugar de Europa” lo que interpreta también como que “Rusia está preparada para intensificar esta guerra y que nunca se trató solo de Ucrania”. Este tema, así como el uso de los activos rusos congelados en beneficio de Ucrania, el apoyo militar de los socios a través de las contribuciones a la iniciativa PURL han sido algunas de las cuestiones sobre las que el líder ucraniano ha discutido al margen de la cumbre con sus homólogos.
Una de las reuniones más destacadas al margen de la cumbre ha sido precisamente la de Zelenski con los líderes de Francia, Alemania y Polonia, con quienes además de la iniciativa PURL y las violaciones del espacio aéreo de la OTAN y la necesidad de ofrecer una respuesta eficaz, ha abordado las garantías de seguridad para Ucrania.
A propósito de los drones, el líder galo, Emmanuel Macron, comentaba en la apertura de la cumbre que “Los drones, que violarían nuestros territorios, representan un riesgo importante. Pueden ser destruidos, y punto”.
Asimimso, Zelenski ha tenido la ocasión de reunirse conjuntamente con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, como anfitriona de la reunión. En esta reunión, sin embargo, los temas protagonistas han sido otros tales como la apertura de los clústeres de negociación de adhesión de Ucrania a la UE, la adopción del 19º paquete de sanciones, la disposición de Ucrania para participar en la iniciativa Drone Wall y los usos de los activos rusos congelados y los nuevos mecanismos financieros para apoyar a Ucrania.
Por su parte, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, hizo hincapié en los peligros acuciantes que representan Rusia, China, Corea del Norte e Irán destacando sus esfuerzos por “socavarnos y desmantelar el orden establecido”, y también pidió un mayor apoyo a Ucrania acompañado de un incremento de la producción de defensa para contrarrestar los riesgos de escalada y disuadir la agresión.
Volviendo sobre las declaraciones de Zelenski, este instó a segur presionando a Rusia, así como a apoyar el llamamiento del presidente Trump para dejar de comprar petróleo ruso en Europa subrayando que “Es una falta de visión ir en contra de Estados Unidos y los húngaros necesitan entender eso con claridad”.
Al respecto, hay que señalar que el ministro de Exteriores y Comercio de Hungría, Péter Szijjarto, ha anunciado que han firmado un contrato de diez años con el grupo francés Engie para el suministro anual de 400 millones de metros cúbicos de GNL entre 2028 y 2038. No obstante, esto supone únicamente un 4,5% de la demanda anual del país que, como bien hemos informado desde el inicio de la guerra, se niega a abandonar los hidrocarburos rusos. Pese a esto, el país ha dado una señal de estar tratando de diversificar su suministro, aunque sus habituales bloqueos en relación con las decisiones de apoyo a Ucrania, incluida la adhesión, y de sanciones persisten.
En el caso de Rusia y desde el foro del Club Valdái, el presidente Putin también ha hecho varias declaraciones durante la jornada que merecen ser destacadas. En primer lugar, Putin ha afirmado estar observando la “militarización de Europa” ya que los estados europeos están incrementando su inversión en defensa, y advierte que “la respuesta a las amenazas será, como mínimo, muy convincente”. Sobre esto precisaba que se estaba refiriendo a la respuesta y que ellos nunca han “lanzado una confrontación militar”. Asimismo, Putin ha acusado una vez más a Europa de liderar una “escalada permanente” del conflicto e impedir su resolución, así como a “quienes se consideraban victoriosos” al final de la Guerra Fría de haber querido imponer concepciones unilaterales y subjetivas de la seguridad de todos; lo que considera no solo la verdadera causa del conflicto ucraniano, sino también “de muchos otros conflictos graves” de principios del siglo XXI. De este modo, y para sorpresa de nadie, Putin ha vuelto a defender un mundo multipolar frente a Occidente.
Asimismo, el líder ruso considera que el envío de misiles Tomahawk a Ucrania constituiría una nueva escalada entre Rusia y EE. UU., ya que considera imposible su uso sin la participación directa de militares estadounidenses. Así, comentaba que los Tomahawk son “un arma poderosa” y que “si bien ya no es moderno, sigue siendo poderoso y representa una amenaza”. No obstante, al igual que otros representantes del Kremlin, Putin sostiene que su “por supuesto, no cambiará en absoluto el equilibrio de poder en el campo de batalla” y subrayaba que los sistemas de defensa aérea rusos ya se habían adaptado a los misiles ATACMS. Adicionalmente, Putin señalaba que quizá la disposición de Washington de suministrar Tomahawk a Ucrania se deba a los problemas internos en el país y la necesidad de desviar la atención pública.
Siguiendo con EE. UU., Putin ha rechazado la calificación del presidente Trump de que Rusia es un tigre de papel afirmando que Rusia está “luchando eficazmente contra todo el bloque de la OTAN y se siente confiada”, así como que “las fuerzas ucranianas están recibiendo suficiente armamento: todo lo que necesitan, lo consiguen”.
A colación del calificativo estadounidense y como anécdota, la prensa preguntó a Putin qué opinaba sobre regalarle a Trump un tigre de origami y este respondió “No. Él y yo tenemos nuestra propia relación; sabemos qué regalarnos”.
Otro de los temas que ha tocado ha sido el de Zaporiyia. Como recogimos en informes anteriores, Ucrania acusa a Rusia de haber desconectado la central nuclear de la red eléctrica hace ya más de una semana, pues bien, el presidente Putin ahora acusa a Kiev de llevar a cabo ataques en los alrededores de la planta. Diferente es a la hora de escribir estas líneas la situación en la planta de Chernóbil, donde se ha vuelto a la normalidad tras la interrupción del suministro eléctrico el miércoles.
Por otro lado, el líder ruso ha calificado de “piratería” la inmovilización del petrolero “Boracay” por parte de Francia al considerar que lo han incautado “sin fundamento alguno” y que “aparentemente, lo buscaban en busca de carga militar, drones o algo similar. Pero no había nada de eso, y no podía haber nada”. Sin embargo, el capitán del petrolero de nacionalidad china será juzgado por “negativa a obedecer” por el tribunal de Brest el 23 de febrero de 2026.
A colación de este asunto, durante la Cumbre en Dinamarca, el presidente Macron ha anunciado una reunión de los jefes de Estado Mayor europeos de la Coalición de Voluntarios al tiempo que pedía un “paso adelante” en la “política de obstrucción” contra la flota fantasma rusa.
Cambiando de tema, durante el día un nuevo centro de entrenamiento conjunto para las tropas ucranianas y de la OTAN ha abierto sus puertas en Polonia con un apoyo especial de Noruega que ya ha enviado a 250 instructores. Según el viceministro de defensa ucraniano, Yevhen Moysiuk, en este centro podrán compartir su experiencia con sus socios, incluidos los avances en el uso y lucha contra drones.
Pasando a noticias positivas del plano humanitario, Kiev y Moscú han intercambiado 185 prisioneros de guerra de cada bando. En el caso de Ucrania, se cuentan miembros de las Fuerzas Armadas, la Guardia Nacional, el Servicio de Guardia de Fronteras y 20 civiles, llevando muchos de ellos bajo cautiverio desde 2022, después de Mariúpol, Azovstal e incluso Chernóbil. Ha sido la primera ministra Yuliia Svyrydenko quién también ha confirmado que desde el inicio de la invasión más de 7.000 ucranianos ha sido liberados.
Para concluir, el ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, ha anunciado que Ucrania ha roto oficialmente sus relaciones diplomáticas con Nicaragua después de que reconociesen la “soberanía” de Rusia sobre los territorios ocupados temporalmente en las óblasts de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia, Jersón y Crimea. Para Ucrania esta decisión supone un intento deliberado de socavar su soberanía e integridad territorial, además de una grave violación de la Constitución ucraniana, la Carta de las Naciones Unidas y las normas y principios fundamentales del derecho internacional. Añade, además, que este reconocimiento es nulo y no tiene valor legal, y no alterará jamás las fronteras de internacionalmente reconocidas de Ucrania.


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