Al fin se ha producido la esperada cumbre entre Trump, Putin y las delegaciones que los acompañaban. Criticado desde la UE, el Reino Unido o Ucrania, el encuentro no ha servido para llegar a un acuerdo sobre Ucrania, en un momento en el que Putin sigue teniendo incentivos para mantener la presión militar, y los Estados Unidos están centrados en solucionar problemas estratégicos que exceden la cuestión ucraniana, país que para su desgracia es por distintas razones y en la práctica un actor secundario de su propio drama. Por el momento, dicho esto, es pronto para hacer una evaluación firme del resultado de la cumbre, en la que se han tratado temas relacionados con la estabilidad estratégica y las relaciones comerciales y de vecindad entre las dos potencias. Mientras tanto, continúan los combates y los ataques rusos contra el interior de una Ucrania que, en las últimas horas, ha conseguido contener la brecha provocada por los DRGs rusos en dirección a Dobropillia.
Sin ti, este sitio no podría seguir funcionando. Ayúdanos mediante una pequeña donación a través del siguiente enlace:
https://www.buymeacoffee.com/guerradeucrania
La cumbre entre los Estados Unidos y Rusia en Alaska ha finalizado, tal y como cabía esperar, sin acuerdo a propósito de Ucrania. Según los protagonistas, particularmente según Trump, ha permitido avanzar en los temas sobre la mesa, permitiendo llegar a acuerdos en otros aspectos, si bien no se ha filtrado nada específico sobre ellos. Desde Ucrania, las editoriales de los diarios, al igual que las de algunos políticos y diplomáticos de Estados Miembros de la UE como Lituania o Alemania, dejaban translucir la indignación por el hecho de que Trump haya sacado a Putin del aislamiento internacional, aunque también hay que decir que en ningún caso han planteado una alternativa válida que, con los medios disponibles y los que están dispuestos a poner sobre la mesa, tenga ciertos visos de prosperar. Dicho de otra forma, los europeos no quieren ver que existe una importante diferencia entre sus fines y los modos y medios, en tanto estos últimos dependen en su mayor parte de los EEUU, país que por mucho que levanten la voz o expresen frustración no va a cambiar su agenda ni a renunciar a sus intereses para satisfacer a sus aliados. Menos, todavía, cuando la cumbre debía tratar temas que para Washington posiblemente estén un orden de magnitud por encima de la propia guerra de Ucrania.
Este encuentro, el primero entre ambos líderes desde la reelección de Trump en 2024 y la primera visita de Putin a suelo estadounidense desde 2015, tenía como objetivo principal declarado el explorar soluciones para poner fin a la guerra en Ucrania, sí. Sin embargo, esa es una cuestión que, por relevante que sea, ocupa un lugar secundario en la agenda entre ambas potencias. No hay que olvidar que la guerra de Ucrania, un conflicto proxy para los EEUU y fundamental para Rusia en relación con su seguridad, es una consecuencia, en última instancia, de la incapacidad por parte de ambos de gestionar el equilibrio de poderes resultado del final de la Guerra Fría y del declive ruso.
Es por ello por lo que los temas a tratar fundamentales estaban relacionados con la estabilidad estratégica (de la que Ucrania es una parte, pero no el todo) y la cuestión nuclear, tras el abandono en los últimos años de tratados clave, en un contexto en el que Rusia tiene cada vez más difícil mantener la paridad con los EEUU. También, por supuesto, temas comerciales o referentes a la política de ambas potencias sobre regiones concretas, como el Ártico. Por el momento no ha trascendido absolutamente nada sobre ninguno de estos temas, aunque el hecho de que Trump haya calificado la reunión de «extremadamente productiva» podría apuntar a que se ha avanzado al menos en algunas de estas áreas, lo que sería una buena noticia. Sin embargo, también hay razones para pensar que no todo ha sido positivo, ya que parte de las delegaciones no ha llegado a reunirse y el encuentro ha durado, en total, la mitad de lo inicialmente previsto.
Aunque en la segunda parte del informe recogeremos con detalle todo lo ocurrido en torno a la Cumbre, incluyendo las declaraciones y demás, sí merece la pena hacer algunos comentarios iniciales, relacionados precisamente con el asunto de fondo de la misma, que no es como decimos, sino cuál será la relación entre Estados Unidos y Rusia en los próximos años. Recordemos, al respecto, que este es el tema que vienen tratando ambos países en las reuniones previas celebradas en Oriente Medio y que es una cuestión que lleva años sin resolverse, mientras continuaba cayéndose a pedazos la arquitectura de seguridad posterior a 1991, al tiempo que cambiaban además, en respuesta a los avances técnicos, las doctrinas, buscando Rusia a la desesperada contrapesar la superioridad norteamericana.
En primer lugar, cabe decir que la elección de Alaska como sede de la cumbre no fue casual (nada lo es). Alaska, adquirida por Estados Unidos a Rusia en 1867 por 7.2 millones de dólares, es un símbolo histórico de las relaciones entre ambos países y está geográficamente cerca de Rusia, separada solo por el estrecho de Bering. Además, con la salvedad de Hawai, que no tiene el mismo simbolismo, es el punto de Estados Unidos más lejano de Europa. Este contexto histórico, junto con la relevancia estratégica del Ártico en términos de recursos energéticos, rutas marítimas y cooperación climática, añadió una dimensión simbólica al encuentro que no debe ser menospreciada. Por otra parte, hay que recordar también, aunque muchos europeos lo hayan criticado, que Estados Unidos no es parte del Estatuto de Roma, lo que ha permitido a Putin viajar sin temor a ser arrestado por la orden de captura emitida por la Corte Penal Internacional (CPI) en 2023 por presuntos crímenes de guerra.
En segundo lugar, siguiendo con el tema simbólico, merece la pena dedicar unas líneas a la elección de la base de Elmendorf y la demostración de fuerza por parte estadounidense, siempre con la cuestión nuclear de fondo. Esta base, herencia de la Guerra Fría y con un papel clave frente a la antigua URSS, alberga una parte de la flota de F-22 Raptor (aparatos con unos años a sus espaldas, pero a años luz de cualquier aparato ruso, incluyendo el Su-57), ha sido testigo también, justo en el momento en el que Putin y Trump se encontraban, del sobrevuelo de cuatro cazabombarderos F-35 y un bombardero B-2, como los empleados para atacar el programa nuclear iraní. Todo, hay que decirlo, muy en la línea de Trump, quien intenta hacer de cada evento un espectáculo y proyectar una imagen de poderío que, en este caso y pese a todo lo que se suele decir sobre su afinidad con Putin (o incluso su sumisión a él) es un serio toque de atención que el equipo ruso no puede obviar.
En tercer lugar, y precisamente a propósito de la cuestión nuclear, Putin habría propuesto discutir la extensión del Tratado New START, que limita los arsenales nucleares estratégicos de ambos países y expira en febrero de 2026. Analistas como Sahil Shah y Dmitry Stefanovich han sugerido, a propósito de esto, que la cumbre ofrecía una oportunidad para avanzar en el control de armas nucleares, incluyendo compromisos para no reanudar pruebas nucleares y para limitar el despliegue de misiles de alcance intermedio. En cualquier caso, no se han anunciado por el momento acuerdos concretos en este ámbito.
Dicho todo esto, un apunte obligado, por más que desagradable: por mucho que la pérdida de vidas sea una tragedia y que el sufrimiento de los ucranianos sea algo con lo que se debe terminar lo antes posible, lo que no se puede, cuando hablamos de cuestiones profundamente estratégicas, es caer en el patético sentimentalismo de muchos políticos y comentaristas europeos. Estos, por lo general, no ven más allá de su idealismo y de la puerta de su casa (que, además, llevan tiempo sin barrer y no parecen recordar cómo), olvidando cuál es el orden de los factores y que hay asuntos -y créannos que entre tanta desgracia, es duro escribirlo- mucho más importantes que un puñado de kilómetros cuadrados o el aislamiento de un Putin (que sólo ha estado aislado de cara a la UE, algunos países más de Occidente -no todos- y durante un tiempo a los EEUU, pero no de cara al resto del mundo). En este sentido, aunque es pronto para decirlo, la cumbre de Alaska parece haber contribuido a afianzar unas relaciones que son más complicadas ahora que en tiempos de la Guerra Fría, por el diferente papel que juega Rusia, los recursos en su haber y el alineamiento con China.
A partir de ahí, la cuestión ucraniana se resolverá más temprano que tarde, aunque no debe olvidarse que los problemas que impiden un alto el fuego siguen presentes. Así, Putin continúa sin tener demasiados incentivos para reducir su nivel de ambición cuando atisba la posibilidad de alcanzar sus objetivos territoriales y políticos (reducidos frente a los iniciales tras las derrotas de 2022, no lo olvidemos) por la vía militar. Por otra parte, aunque temeroso de las nuevas sanciones estadounidenses, que Trump ha ido posponiendo, el ruso sabe también que estas son secundarias para los estadounidenses, siendo prioritario para ellos el solucionar los temas de los que hemos hablado en las líneas anteriores.
Es decir, que los EEUU difícilmente van a arriesgar la posibilidad de solucionar temas más relevantes (y resolver la cuestión rusa les permitiría concentrarse en China) por forzar una salida rápida a la crisis ucraniana. Todo lo cual mina las posibilidades de Kiev de lograr un acuerdo que no implique cesiones territoriales importantes o una renuncia explícita a la pertenencia a la OTAN y, al mismo tiempo y como consecuencia, de un resultado que tome la forma de una paz definitiva, como hemos venido explicando.
Después de esta larga introducción, pasamos ahora a repasar lo ocurrido en términos militares durante la jornada, comenzando por los ataques rusos contra el interior de Ucrania que implicaron el lanzamiento de hasta 86 misiles y drones, incluyendo un misil balístico Iskander, de los que las AFU aseguran haber derribado 61 de los drones.
Entre los puntos alcanzados, la región de Dnipró, en donde un civil habría fallecido precisamente como consecuencia del lanzamiento de un misil. También Dnipró y Pavlorad, en donde se han escuchado explosiones y levantado columnas de humo o Sumy, ciudad que ha visto cómo era alcanzado un mercado céntrico. El punto más castigado, pese a lo anterior, habría sido la región de Donetsk. Así, a pesar de su cercanía al frente, lo que permite alcanzar buena parte de la zona que no está en manos rusas con drones tácticos o con artillería, ha sido blanco de decenas de ataques con drones Shahed, afectando a puntos como Pokrovsk, Vovchansk, Dobropillia o Sloviansk, entre otros.
Del lado contrario, se ha reportado una importante explosión en la fábrica de explosivos «Elastik», situada en Ryazan, que podría haber dejado varios fallecidos y decenas de heridos, según algunas fuentes. Por el momento, se desconocen las causas, que podrían ser fortuitas.
Además, finalmente el buque de carga seca Olya-4, atacado ayer por Ucrania y que al parecer transportaría componentes para la fabricación de drones Shahed, ha quedado finalmente semi-hundido como resultado de esta acción, como muestran las imágenes procedentes del puerto de Olya, en Astracán.
No hay noticias, en cualquier caso, de lanzamientos ucranianos u objetivos alcanzados desde la pasada jornada.
En cuanto a los combates y los movimientos, hacemos hoy por cuestión de tiempo el resumen lo más escueto posible, aprovechando que tampoco hay demasiadas novedades.
Así, tenemos noticias de nuevos combates en el sector del Oskil, siendo la situación más grave la que se vive en torno a Kupiansk, en donde se habla de retirada ucraniana al oeste de dicho río. Además, las tropas rusas, en dirección a Borove, habrían completado la toma de la aldea de Zelenyi Hai (no confundir con la localidad del mismo nombre en el sector del Vovcha, también en liza), mientras los ucranianos buscan contraatacar en la cercana Lozova, que habrían recuperado. Más al sur también se han producido combates, con las tropas rusas y ucranianas enfrentándose en Ribkodub.
En dirección a Dobropillia, donde las tropas rusas habían conseguido en jornadas anteriores romper el frente, parece a tenor de los últimos datos que la crisis ha sido temporalmente contenida, desviándose progresivamente la infantería de este país como explicamos ayer, hacia el norte de Myhorad y Pokrovsk. Así, se han producido contraataques ucranianos contra el norte del saliente que habrían sido exitosos, según fuentes de este país. Hablando precisamente de Pokrovsk, los ucranianos aseguran además que los miembros de los DRGs rusos que habían conseguido alcanzar la ciudad han sido expulsados del suroeste de la misma, según un comunicado oficial.
Ahora bien, el hecho de que Ucrania se haya visto obligada a destinar múltiples unidades a este sector del frente, buscando taponar las brechas, implica también la posibilidad de que haya dejado al descubierto otros sectores, lo que seguramente otorgue a Rusia nuevas oportunidades de avanzar en los próximos días y semanas, en un momento en el que, por su forma irregular, el frente es mucho más extenso de lo que interesaría a unas AFU en inferioridad material y numérica.
Es, sin ir más lejos, lo que podría estar ocurriendo en el sector del Vovcha (o, como hemos visto, en Kupiansk), en donde las últimas horas nos han dejado nuevos progresos rusos en el recodo que forma este río al norte, pero también al oeste de Oleksíivka, en la orilla norte del río. Además, más al sur, en lo que sería el antiguo sector de Velika Novosilka (los lectores habituales saben que preferimos unificar ambos sectores desde hace tiempo), las tropas rusas también habrían progresado al norte de Temyrivka.
Contexto internacional, diplomacia y sanciones
Abrimos la sección internacional y diplomática con la cita más esperada de la jornada: la cumbre entre Trump y Putin en Anchorage, Alaska, bajo el lema “En busca de la paz”. Una cumbre histórica que ponía fin a los 10 años que el líder ruso llevaba sin pisar suelo estadounidense y que finalmente ha durado aproximadamente tres horas y ha concluido con una rueda de prensa conjunta. Sin embargo, no ha producido ningún resultado concreto que se haya hecho público ni, por supuesto, cerrado ningún acuerdo; algo que ya anticipábamos en informes anteriores.
Comencemos por el desarrollo de la cumbre, que comenzaba con la llegada del líder ruso, Vladímir Putin, a la base aérea Elmendorf-Richardson a las 10:54 hora local. Allí fue recibido por el presidente Trump donde tuvieron ocasión de mantener un “cara a cara” en “la bestia”, es decir, la limusina del líder estadounidense.
Apenas unos 15 minutos después, dieron lugar las conversaciones oficiales que duraron casi tres horas, y a las que le siguió una rueda de prensa conjunta. A continuación, el presidente Putin visitó el cementerio Fort Richardson, donde depositó flores en las tumbas de los pilotos soviéticos caídos en la Segunda Guerra Mundial, y conversó con el arzobispo de la Iglesia Ortodoxa Americana de la Diócesis de Alaska.
Entrando en el formato, lo que inicialmente se concibió como una reunión bilateral entre Trump y Putin, finalmente pasó a ser un 3-3. Del lado de Estados Unidos, participaron el secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional interino, Marco Rubio, y el enviado especial Steve Witkoff, mientras que del lado de Rusia tomaron parte el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y el asesor de política exterior, Yuri Ushakov. No obstante, la delegación rusa, como comentamos en nuestro informe anterior, también estaba integrada por el ministro de Defensa, Andrey Belousov, el ministro de Finanzas, Anton Siluanov, y el enviado presidencial para la cooperación económica y jefe de la delegación rusa en las conversaciones con Ucrania en Estambul, Kirill Dmitriev.
Finalizadas las conversaciones, Trump y Putin ofrecían la rueda de prensa conjunta previamente anunciada en la que ambos expresaron que la reunión había sido “muy productiva” y “constructiva”. Sin embargo, y pese al tono positivo de los líderes, la cumbre concluyó sin ningún acuerdo sobre un alto el fuego ni de paz.
De un lado, el presidente Trump resumió las conversaciones con un “Aún no hemos llegado ahí, pero hemos avanzado. No hay acuerdo hasta que haya acuerdo”, aclarando que han llegado a un acuerdo “en muchos puntos” sin dar más detalles. Sin embargo, subrayó que “quedan pocos, algunos no son muy importantes, pero uno de ellos es probablemente el más importante”. De este modo, el líder estadounidense confirmaba que llamará a la OTAN “dentro de un rato”, “a las personas que considere oportunas” -sin especificar-, “y, por supuesto al presidente Zelenski”, añadiendo que en última instancia la decisión es de este último.
De otro, el presidente Putin destacó que había notado el deseo de su homólogo estadounidense “de contribuir a la resolución del conflicto ucraniano, su deseo de comprender su esencia y captar sus orígenes”. Sobre esto añadía que “Para que la solución ucraniana sea sostenible y duradera, deben eliminarse todas las causas profundas de la crisis”. Así, mostraba su esperanza de que el “entendimiento” logrado con Trump pueda allanar el camino “hacia la paz en Ucrania”, pero sin dar más detalles.
Igualmente, el líder ruso -que realizó declaraciones durante unos nueve minutos en comparación con los escasos tres de Trump-, confirmó por enésima vez que Rusia considera el deseo de Ucrania de unirse a la OTAN y, en general, la expansión de la Alianza hacia sus fronteras como una amenaza existencial. Sobre esto añadía que “Deben abordarse las legítimas preocupaciones de Rusia y restablecerse un equilibrio justo en el ámbito de la seguridad en Europa y en el mundo en general”.
Sin embargo, Putin también dedicó unas palabras directamente a Ucrania y Europa en general declarando que esperan que Kiev y las capitales europeas consideren constructivamente el acuerdo que han alcanzado juntos y “no intenten obstruir el proceso” mediante la utilización de “acuerdos secretos para provocar y torpedear el progreso incipiente”.
Por supuesto, el líder ruso también tocó otros temas en la rueda de prensa, como el de la cooperación bilateral, pues considera que la cumbre de Anchorage “serán el punto de partida no solo para resolver la cuestión ucraniana, sino también para ayudarnos a restablecer las relaciones comerciales y pragmáticas entre Estados Unidos y Rusia”. En este sentido, destacó áreas en las que “pueden ofrecerse mutuamente mucho” como comercio, tecnología digital, alta tecnología y exploración espacial”. En este punto el presidente Trump sí comentó que esperan hacer negocios con la comunidad empresarial rusa.
Por último, se despidieron con la intención de volver a verse “probablemente muy pronto” según Trump. Por su parte, Putin invitó al líder estadounidense a reunirse “la próxima vez en Moscú”, algo a lo que Trump respondió “Oh, qué interesante. Voy a recibir algunas críticas, pero podría pasar. Muchas gracias, Vladímir”.
Una vez realizadas las declaraciones de ambos líderes, ninguno de ellos respondió a preguntas de la prensa, lo que ha contado con las críticas de los medios. No obstante, según Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, “los presidentes decidieron no responder preguntas porque hicieron declaraciones exhaustivas” y subrayó que la reunión fue “realmente muy positiva”.
De este modo, por el momento, ningún tipo de información, resultado y/o plan para los próximos días se ha filtrado tras la cumbre. De este modo, y preservando los posibles resultados de las conversaciones que tendrán lugar con Ucrania y los líderes europeos, impera un silencio absoluto en redes sociales por parte de líderes y funcionarios de alto nivel.
Sin embargo, tras la rueda de prensa quedaban preguntas en el aire, ya que ninguno de ellos ha hecho referencia a la posible cumbre trilateral incluyendo al presidente Zelenski y/o en un formato más ampliado incluyendo a algún líder europeo. El presidente Trump tampoco dio respuesta a otra gran cuestión que rodeaba la cumbre: la imposición de sanciones adicionales a Rusia cumpliendo con sus últimas advertencias.
Si para el primer asunto tendremos que esperar probablemente hasta que se produzca la discusión entre EE. UU., Ucrania y los líderes europeos sobre los resultados de la cumbre, para el segundo sí tenemos respuesta.
Tras la cumbre, en una entrevista para Fox News, Trump señaló que “por cómo sucedieron las cosas hoy, no creo que tenga que pensar en eso ahora”, dejando por tanto de lado sus amenazas a Rusia con “consecuencias muy graves” si no aceptaba poner fin a la guerra.
Además, dejó claro que la responsabilidad para concluir un acuerdo recae ahora en el presidente Zelenski: “Ahora realmente depende del presidente Zelenski que esto suceda. Y yo diría que los países europeos también tienen que involucrarse un poco, pero depende de Zelenski”.

En el caso de Ucrania, el único que ha hecho comentarios sobre la cumbre ha sido Mijailo Podolyak, asesor del presidente Zelenski señalando lo siguiente en una publicación en X mientras se desarrollaba la reunión:
“Ucrania evaluará los resultados de la reunión de Anchorage según tres criterios:
- Alto el fuego inmediato, incondicional y completo.
- Principios del futuro proceso de paz acordados con Ucrania y Europa, sin que Moscú tenga poder de veto. Esto incluye un auténtico formato de negociación trilateral.
- Una señal clara a todos los demás países que reciben recursos rusos: apoyar la guerra implica aislamiento y pérdida de acceso al mercado. Deben aplicarse sanciones.
No habrá comercio No habrá comercio de territorios ni estatus especial para las regiones ocupadas. Primero, la gente debe dejar de morir. Solo entonces podrá empezar la política. Es obvio que el presidente Trump quiere dejar Alaska como pacificador, no como una figura pasiva en el escenario ajeno, es decir, el de Rusia. Esto solo es posible si la primera condición, relativa al alto el fuego, se cumple literalmente en cuestión de horas. De lo contrario, se deben activar automáticamente fuertes mecanismos de presión.”
Por otro lado, antes de que acabase el día y concluyese la cumbre, el presidente Zelenski advertía que, debido a la diferencia horaria de 11 horas entre Kiev y Alaska, durante la próxima jornada empezarán pronto en Europa y que se están preparando para las próximas conversaciones. Podría esperarse que durante el fin de semana se intensificasen de nuevo los contactos y que tenga lugar la siguiente llamada entre Trump, Zelenski y los principales socios europeos, aunque en el momento de redacción de este informe no se ha concretado públicamente ningún calendario para las reuniones.
Más allá de esto, Zelenski ponía el acento en su discurso diario en que “Ucrania está dispuesta a trabajar de la manera más productiva posible para poner fin a la guerra”, así como que cuentan con una postura firme de Estados Unidos”. Insistía, además, en que Rusia debe poner fin a la guerra que la misma inició y que se necesita una reunión de líderes en la que participe como mínimo, Ucrania, Estados Unidos y Rusia.
Cambiando de tercio y pasando a la ayuda a Ucrania, el ministro de Defensa, Denys Shmyhal, se ha reunido con la embajadora de Canadá en el país, Natalka Cmoc, con quien ha discutido sobre la cooperación industrial de defensa, incluida la preparación de la contribución de Ottawa al nuevo mecanismo PURL para adquirir tecnología y armamento estadounidense. Además, Canadá está considerando apoyar la producción de drones ucranianos de largo alcance. Igualmente, y esto sí es interesante al ser la primera vez que se menciona, durante la reunión se presentó “Defense City”, un régimen jurídico especial para desarrollar el ecosistema de defensa de Ucrania, aunque, por el momento, no hay más detalles al respecto.
También hay noticias relativas a la ayuda energética, ya que Noruega ha decidido destinar 100 millones de dólares para la compra de gas natural importado. Unos fondos que serán empleados por el grupo Naftogaz de Ucrania con el objetivo de crear suficientes reservas de gas antes de que comience la próxima temporada de calefacción.
Por su parte, el ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, ha continuado llamando a sus homólogos, siendo hoy el turno del Reino Unido, Bélgica y Luxemburgo para discutir entre otros, sobre los esfuerzos diplomáticos para lograr la paz y la ayuda continua a Ucrania, la necesidad de que Rusia rinda cuentas y la mayor integración de Ucrania en la UE como “prioridad absoluta”. Hay que tener en cuenta que dentro de ayuda a Ucrania también se incluye el uso de los activos rusos congelados, un aspecto de gran importancia en su conversación con su homólogo belga, ya que unos 200.000 millones de activos estatales rusos inmovilizados están en poder de la institución financiera Euroclear.
Moviéndonos al plano humanitario y para concluir, durante el día Ucrania ha logrado el regreso de tres adolescentes más desde los territorios temporalmente ocupados a través de la iniciativa Bring Kids Back UA. Sobre esta cuestión, además, se ha pronunciado la primera dama, Olena Zelenska, subrayando una vez más que “el regreso de los niños secuestrados por Rusia debe ser una condición no negociable en cualquier conversación de paz”.

Deja una respuesta